Combust
Cuarenta y Seis
Dylan
—¿Así que? ¿Fue tan embarazoso como pensabas que sería? Sería un gran regalo para Grant, pero no con este cuerpo redondo. —Emerson se ríe mientras se frota la barriga.
Frunzo los labios y pienso en la sesión de fotos de ayer. Los primeros indicios de mortificación. Luego la copa de vino que poco a poco me tranquilizó con cada sorbo. La charla del estilista y maquillador, y luego, cuando por fin estaba frente a la cámara, cuando solo éramos Marcy y yo, no estuvo tan mal como temía.
Pero eso no quiere decir que las imágenes sean algo que valga la pena mirar.
—Fue… fue algo que creo que todas las mujeres deberían hacer al menos una vez en su vida, una cosa de encarar a tus miedos, pero, debes saber que, te lo digo antes de ver cualquiera de las fotos.
—Estoy segura que resultarán maravillosamente. ¿Cómo pueden no serlo contigo como sujeto?
Ruedo mis ojos.
—Como dije, aún no he visto ninguna foto.
Petunia entra en la cocina y empuja su hocico contra mi pierna. Mis ojos pican con lágrimas, y los mantengo apuntando hacia ella mientras trato de controlar la emoción.
Emerson se acerca, pone su mano sobre la mía y la aprieta.
—¿Estás bien?
Asiento y trago el nudo en mi garganta y las emociones inesperadas me abruman.
—Estoy bien —miento. ¿Cómo estas personas, esta familia, se han vuelto tan importantes para mí cuando hace cuatro meses no las conocía en absoluto?
—¿Y qué? ¿Vas a irte así? ¿Empacar tus cosas y salir sin mirar atrás?
—No dije eso.
—En realidad no dijiste nada en absoluto.
—Tengo una vida a la que volver, Emerson. —Odio sonar como un disco rayado, un juego de palabras involuntario. O tal vez solo esté roto en mi cabeza, porque eso es lo que me digo cada vez que espero que Grady me pida que me quede.
—Eso es una tontería, y lo sabes.
—¿Qué? —Suelto la palabra en defensa.
—Esta mujer embarazada está de mal humor y emocional, así que no juegues a la inocente. Alejé a Grant. Sé lo que es querer más, pero tener miedo de pedirlo.
—No es lo mismo. Ustedes dos se conocían antes.
—¿Y? ¿Me estás diciendo que solo porque no conocías a Grady antes no puedes estar con él ahora?
—No es así.
Su risa es baja y casi incrédula.
—Entonces, si no es así, ¿por qué no te fuiste hoy? ¿Por qué estás esperando hasta que esté fuera de turno mañana para pasar una última noche con él antes de irte?
—Porque quiero verlo. —Rasco la parte superior de la cabeza de Petunia, aún evitando la mirada de Emerson. Verá a través de mí, porque una mujer enamorada siempre puede ver cuando otra mujer está negando lo suyo.
—De verdad te sentarás aquí y me mentirás y me dirás que cuando salgas de aquí no vas a dejar ninguna parte de ti misma, ¿verdad?
—Emerson. —Su nombre es un suspiro. Una súplica. Una pregunta.
—Lo que sea. —Mueve su silla hacia atrás, camina por la cocina hacia el mostrador y agarra el calendario. Está de vuelta en nuestra mesa en un segundo, hojeando los meses hasta que llega a agosto. Lo arroja sobre la mesa y apunta su dedo hacia este—. ¿Me estás diciendo que en realidad vas a alejarte de esto? Mira a ese hombre, Dylan. ¿Qué ves en esos ojos suyos? Sé lo que veo. Veo a un hombre que está enamorado y no puede admitirlo. Veo a un hombre que necesita un poco más de paciencia y entonces tal vez se dé cuenta.
—No puedo vivir mi vida en un tal vez, Em.
—Oh, cariño, lo sé, pero tampoco puedes vivir tu vida en lo que podría haber sido.
Sus palabras me golpean hasta el fondo y causan que los cimientos en los que he estado parada tan desafiante tiemblen y se agrieten.
—¿Por qué eres tan inflexible sobre esto?
—Porque casi tiré el amor lejos. Traté de correr, esconderme, mentir para salir de eso… y maldita sea si Grant no fue persistente. Y gracias a Dios que lo fue. Si él no lo hubiera sido, habría cometido un gran error. Y no puedo quedarme quieta y ver a alguien que amo perderse la oportunidad de vivir el mismo sueño contigo.
—Espera. —Levanto mis manos—. Nadie dijo que fuéramos tan serios.
—Nadie tenía que hacerlo.
—No importa si me ama o no me ama. Me ha dicho que nunca cambiará de opinión. Nunca se asentara y traerá la carga con la que Brody y Shelby viven sobre otra persona.
—Entonces pelea por él, Dylan. Si vale la pena, pelea por él.
—¿Cómo? —Hay tanta frustración en esa palabra, y no estoy segura qué más decir.
—Solo pelea.
Me quedo mirando al techo. Estoy rodeada de todo lo que huele a Grady, sus sábanas, su almohada, su camiseta que llevo puesta; mientras las palabras de Emerson resuenan en mi cabeza.
Una y otra vez.
Vale la pena luchar por Grady. ¿Pero renuncio a mi vida en Los Ángeles basada en una pequeña esperanza? ¿Me alejo, retrocedo de mi vida una vez más por un hombre y pongo la mía en espera?
Sería tan fácil. Realmente simple.
¿Pero qué dice eso de mí?
¿Qué significa eso cuando pongo mi carrera en segundo lugar nuevamente debido a un hombre?
Cierro los ojos y trato de dormir. Pero todo lo que veo es a Grady.
Todo lo que quiero es a Grady.
Y sé que está será una de las cosas más difíciles que tendré que hacer, alejarme, y no porque no lo ame, sino porque no me ama lo suficiente para pedirme que me quede.
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