Combust

K. Bromberg · Capítulo 47 de 62

Combust

Cuarenta y Cuatro

Dylan

—Mmm. —Es lo único que se me ocurre decir cuando entro a la cocina para encontrar velas encendidas en la mesa de la cocina y una comida a fuego lento en la estufa.

Siento que he entrado en una realidad alternativa. ¿Romance? ¿Es esto romance?

Y mi corazón se detiene en mi pecho. Y luego comienza de nuevo.

¿Se ha dado cuenta finalmente de lo que tengo? ¿Grady finalmente decidió dar, a lo que sea esto, una oportunidad entre nosotros sin sus reglas y regulaciones predeterminadas?

—Hola.

—¿Debería irme? ¿Estoy interrumpiendo una cita que has planeado con alguien? —Uso el humor para combatir los repentinos nervios que me sacuden dentro.

La mirada en su rostro, divertida confusión, tira de mis cuerdas del corazón mientras frunce los labios y sacude la cabeza.

—No hay una cita planeada con nadie más.

Doy otro paso hacia la cocina.

—¿Oh?

—Te preparé la cena.

La simple declaración es suficiente para hacer que el corazón de esta chica se derrita.

—¿Lo hiciste?

—Sí. —Me da una copa de vino y saca una silla para mí—. Pensé que ya era hora que te lo dijera.

—¿Decirme qué? —Se forma un nudo en mi garganta.

¿Podemos intentar esto? ¿Tratar de hacer funcionar lo que sea que esto sea?

No te vayas. Por favor quédate.

Mi cabeza gira con posibilidades, mientras sus ojos permanecen fijos en los míos. Se sienta en la silla a mi lado, sus rodillas enmarcan las mías, mientras coloca sus manos en mis muslos. Los frota arriba y abajo por su longitud causando escalofríos en mi espalda.

—Gracias. —Su sonrisa es tímida, la mirada en sus ojos es generosa, y su voz es casi un susurro.

Y mis esperanzas aún continúan.

—¿Grady?

—Gracias por hacerme ver lo que estaba negando. —Puso mis manos encima de las suyas y aprieta—. Me convenciste para que hiciera el calendario. Sigues reiterando que la culpa está bien, pero no puede gobernar mi vida. Tú… me hiciste darme cuenta que las cicatrices en el exterior no son el problema, pero son las que están en el interior en las que necesito trabajar. Esta es la nueva normalidad, y tengo que aceptarlo.

—No tanto aceptar, sino vivir con ello.

—Siempre dices las cosas mucho más bonito que yo. —Sonríe.

—Es un riesgo que viene con mi trabajo, pero honestamente, Grady, no hice nada diferente de lo que cualquier otra persona ha hecho. Tal vez fue solo la nueva voz la que te hizo escuchar.

—Quizás. De todos modos… te debo un gran agradecimiento. — Tuerce los labios y mira nuestras manos—. Sé que estás en tu última canción y te marcharás pronto, y quería tomarme el tiempo para hacerte saber lo que significa tu aliento para mí, lo que significas para mí.

Pídeme que me quede.

Contengo las palabras porque son tontas y no posibles, pero, Dios, cómo trataría de hacer que funcione si lo pide.

—Gracias.

—Apuesto a que no puedes esperar para volver a Los Ángeles. Tu rutina diaria. Tu vida sin una cerda hurgando alrededor y un radio sonando cada cinco minutos para recordarte a tu papá.

Mi sonrisa es suave y mi corazón pesado. Las esperanzas que estoy creando en mi mente, que ha preparado esta cena para pedirme que me quede, se hunden lentamente. Una a una. Mi insensatez choca con un ruido sordo, haciéndome sentir más estúpida que cualquier otra cosa. Grady dijo que estábamos disfrutando el uno del otro. Eso es todo. Soy la tonta que dejó que las palabras de Betsy, los comentarios de Shelby y la imagen en el calendario me hicieran pensar que puede haber más.

Pero estoy equivocada.

—Estoy acostumbrada a todo ahora. Creo que realmente los voy a extrañar. —Trago la punzada en mi corazón y fuerzo una sonrisa.

—Lo dudo. Sin ti, no habría hecho el calendario. Y sin el calendario, no habría salido de mí mismo para ver cómo me ven los demás. Cómo se desvanecen las cicatrices después de la conmoción inicial. Por eso, te debo mucho. —Esa sonrisa tímida adorna sus labios de nuevo y me roba el corazón—. Y lo que pensé hace una hora que era una buena idea, cocinar para ti, ahora me he dado cuenta que es una forma sutil de tortura, ya que mi cocina no siempre es la mejor.

Me río.

—Así de mal, ¿eh?

—Esperemos que estés de pie cuando hayamos terminado con la comida. —Aprieta mis muslos y me mira en silencio por un momento. Trato de decirme que sus ojos no me dicen las palabras que mi imaginación está inventando, pero es tan difícil no hacerlo.

La sinceridad en su sonrisa. La emoción en sus ojos. El zumbido de nuestra conexión física.

Deja de pensar, Dylan. Solo disfruta.

Así que, eso hago. Me saco todo de la cabeza y me concentro en las bromas juguetonas que compartimos durante la cena. En los roces casuales de una mano en mi espalda o cuando ambos alcanzamos la botella de vino. En lo innegable, un fuego lento de la tensión sexual tan frustrante y estimulante al mismo tiempo.

Grady sirve mi copa de vino y se sienta en el sofá a mi lado.

—Así que… sigues viva. Eso siempre es algo bueno.

—La comida estuvo grandiosa. Es difícil arruinar la pasta.

—Te sorprenderían las cosas que puedo arruinar cuando cocino. Los muchachos me sacan de quicio por eso.

—Bueno, creo que estuvo excelente. Gracias. —Tomo un sorbo de mi vino y me rindo a la urgencia y apoyo la cabeza en su hombro. Nos sentamos y observamos cómo el fuego crepita en la chimenea—. ¿Qué les pasa a los bomberos? Creo que todos ustedes son pirómanos en secreto.

Se ríe, y sus hombros se mueven con él.

—Lo somos. A todos nos gusta jugar con fuego. Es un requisito del trabajo.

—Eso explica por qué tenemos una chimenea cuando hay al menos más de veinte grados afuera.

—Tengo que conseguir mi dosis de alguna manera —murmura y luego se desvanece. Sin tener que mirarlo, sé lo que está pensando. Es su única solución. Ha habido incendios forestales a nuestro alrededor en las comunidades vecinas, pero ninguno ha tocado Sunnyville. Y la estación de Grady no ha sido uno de los departamentos a los que se les ha pedido ayuda durante estos.

La pregunta es, si se hubiera llamado a su estación, ¿habría podido combatir el fuego? ¿La realización de la que habló antes también se relaciona con su carrera, o solo sus propias cicatrices físicas?

—Me gusta la canción en la que has estado trabajando —dice en voz baja, y no puedo evitar preguntarme si esta es su forma de cambiar de tema.

—Ha sido difícil lograrlo.

—Tal vez es porque secretamente no quieres irte —bromea y se ríe sin saber qué tan cerca a la verdad suenan sus palabras para mí.

—Tal vez —murmuro.

—Solo he escuchado partes y pedazos. ¿De qué se trata?

—Amor. —Me río—. ¿No es de eso de lo que trata la mayoría de las canciones? —Es la única forma en que puedo responder sin decirle que la canción es sobre él. Si escucha toda la letra, lo sabrá.

—Todavía estoy esperando a que escribas una de esas canciones para ti. —Si él lo supiera—. Y cantarla en público.

—Y todavía estoy esperando que luches contra un incendio que no esté en tu chimenea —bromeo.

—Touché —dice y une sus dedos con los míos—. ¿Se supone que debo salir y encender un fuego solo para escucharte cantar?

—Ya has encendido uno —murmuro mientras levanto la vista y luego rozo mis labios sobre los suyos.

Su risa es profunda, y retumba contra sus labios y los míos.

—Entonces tal vez es hora de que juegue con él un rato antes de ayudar a apagarlo.

De esa manera, nos deslizamos en lo que sea que sea esto entre nosotros.

Y más tarde, cuando Grady está acurrucado contra mí, el calor de su cuerpo contra mi espalda y su brazo sosteniéndome posesivamente como lo hace en su sueño, pretendo que esto se convertirá en algo. Un futuro. Un mañana.

Nuestro mañana.

 

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