Combust
Cinco
Grady
—¿Qué pasa, hermano? —pregunta Grayson mientras inclina el cuello de su cerveza hacia la casa.
—¿Qué quieres decir? —Balanceo el martillo y golpeo el clavo en el tablón.
—La sexy cantautora. —Grant llena los vacíos por él.
—¿Cómo sabes que es sexy? —pregunto.
—Tengo mis fuentes —dice Grant con una elevación de su ceja.
—Entonces, eso significa que Emerson debe haberla visto en algún lugar y le debe haber dado el informe detallado —dice Grayson acerca de la esposa de Grant—. Entonces, ¿lo es?
Pienso en la otra noche. El calor de su coño con nada separándonos además de una delgada sábana. La manera en que sus pezones se presionaron contra su camiseta sin mangas. Era cálida, real y atractiva cuando todo sobre mi sueño era frío, oscuro y debilitante.
Alineo otro clavo en el tablón que estoy sosteniendo sobre mi cabeza y lo golpeo en su lugar.
—¿No se supone que ustedes, idiotas, deberían estar ayudándome?
Mi hermano mayor ríe mientras toma un trago de su cerveza antes de levantarse para ayudar.
—No está respondiendo, Gray. Sabes lo que eso significa.
Grayson ríe mientras balanceo el martillo, y sé lo que viene a continuación.
—Le gusta.
Síp. Eso es correcto.
—No me gusta. —Descargo mi frustración con ellos en el clavo.
—Entonces, ¿no es sexy? —pregunta Grant, provocándome para sacarme de quicio cuando ya estoy desquiciado después de unas cuantas noches sin descanso.
—Eso no es lo que dije.
—Así que… ¿ya estás teniendo algo de acción? —me provoca.
—Pregunta el hombre que probablemente no está teniendo nada desde que se casó. —Me río y doy un paso hacía tras para agarrar la siguiente pieza de madera que Grayson ha cortado para mí con la sierra de mesa.
—No tengo idea de lo que estás hablando. —Sonríe Grant con la sonrisa del gato-que-se-comió-al-canario, como si estuviera recordando algo que no quiero imaginarlo recordando—. Solo ha mejorado desde la boda, así que no hay quejas por aquí.
—Amigo, está embarazada —agrego.
—¿Y? Todavía es sexy y todo funciona igual. Duh.
—Él todavía está atontado y borracho de amor. —Grayson pone sus ojos en blanco y empuja un dedo por su garganta como solía hacer cuando éramos pequeños, y me río—. En serio… ¿cómo es ella?
Le echo un vistazo a la ventana de la habitación de Dylan y pienso en los acordes de música que estaban viniendo desde detrás de su puerta cerrada más temprano. La guitarra tocando los mismos acordes una y otra vez, su suave voz apenas haciendo eco a través de las grietas. El extraño consuelo del ritmo al iniciar, detenerse y repetir.
—En su mayoría, es reservada —digo mientras abro la tapa de una nueva cerveza y dejo que el sabor me refresque.
—¿Es compositora?
—Sí —digo con una sacudida de mi cabeza, todavía tratando de entender sus letras—. Para Jett Kroger.
—No me digas —dice Grayson, pero no doy más detalles de su situación—. ¿Entonces? —Arrastra la palabra.
—No. Dios. No —digo las palabras un poco demasiado rápido como si estuviera tratando de convencerme que así es como me siento.
—¿Es así de mala? —pregunta Grant mientras mira hacia la casa.
Me la imagino de pie con sus manos sosteniendo su bata cerrada y esa tímida sonrisa en su rostro. La mujer tiene un cuerpo asombroso, pero tiene tanto miedo de aceptarlo. Un total contraste con las otras chicas con las que he salido que solían usarlo para obtener ventaja.
Es refrescante. Y algo excitante ya que finalmente obtuve un vistazo de lo sensuales que son realmente esas curvas.
—No. No, para nada. Es bonita. Sexy más que bonita. Es simplemente callada y reservada. Para nada mi tipo.
—¿Como el opuesto de abierta y dispuesta? —pregunta Grayson luego se atraganta con su propia risa.
—Vete a la mierda. Esto viniendo del tipo que sale en citas de manera serial.
—Mira quién habla. Escuché que Mallory hizo una parada en tu casa en su camino por la ciudad —dice Grant y sonríe.
—Jesucristo. ¿Tienen cámaras vigilándome? —Les muestro el dedo medio a mis hermanos y sacudo mi cabeza, pero sabiendo que hablaré de todas formas—. Sí. Ya conocen a Mal…
—Un buen rato garantizado siempre y cuando ese tiempo únicamente dure menos de veinticuatro horas.
—Esos son sus términos, no los míos. —La chica del vestido brillante. Escucho a Dylan decir las palabras y sonrío.
—Debe ser difícil tener a alguien que no quiera compromisos ni anillos, solo tu pene —dice Grayson cuando todos empezamos a reírnos.
—¿Qué edad tienes? —pregunta Grant lanzándole su tapa de botella a él—. ¿Doce?
—Algunos días —murmuro mientras balanceo el martillo de nuevo y aseguro la viga en la habitación exterior que estoy construyendo—. Dylan es genial. No se entromete en el camino. Es atractiva. Compra los comestibles.
—Sexy y doméstica. Maldición.
—Sí. ¿Feliz? Ahora, ¿pueden dejar de ser tan malditamente irritantes?
Grant sonríe en victoria.
—Nunca. Es mi trabajo como el mayor mantenerte bajo control.
Marco la siguiente tabla con la tiza amarilla para mostrarle a Grayson donde cortarla.
—¿Creen que mamá va a estar enojada por no haber ido a la cena el domingo? —pregunto intentando cambiar el tema de Dylan. Lo último que necesito es que ella abra su ventana y nos escuche hablar sobre ella y sexo… especialmente cuando sabe malditamente bien que mi polla se endureció cuando estuvo encima de mí.
—No. Estaba bien. Dijo que hacía mucho calor para cocinar así que en cambio va a llevar a Luke al cine para que pase tiempo con su nana —dice Grayson refiriéndose a su hijo.
—Tal vez es la inteligente y nosotros somos los tontos sentados aquí afuera en este calor. Es más caliente que el infierno. Pensé que se suponía que sería un verano apacible —me quejo mientras tiro de mi camiseta donde se pega a mi piel.
—Entonces, quítate la camiseta —dice Grayson justo antes que el zumbido de la sierra empiece y luego termine.
Ignoro su comentario, odiando que todavía me moleste cuando no debería, y agarro la viga un poco más fuerte de lo que se merece.
—Ayúdame a sostener esto, ¿quieres? —le pido a Grant, pero solo se para ahí y me mira como si estuviera a punto de recibir una gran reprimenda fraternal que no estoy de humor para escuchar—. No empieces esta mierda. Han sido un par de días difíciles, ¿bien?
—¿Estás teniendo sueños otra vez? —pregunta Grayson mientras los ojos de Grant permanecen fijos en los míos.
—Estoy bien. —Me encojo de hombros para alejarme de su mirada y camino al lado más alejado de la base de concreto para ignorar la mierda de la que él quiere hablar. Quiero que me dejen jodidamente en paz.
—Entonces quítate la camiseta. Muéstranos a los dos tus músculos definidos ya que sé que has estado levantando pesas como un hijo de perra en el gimnasio a todas horas de la noche.
Maldita ciudad pequeña.
—¿Y qué? No puedo dormir, así que voy y levanto pesas. ¿Hay un problema con eso? Es mejor que salir y beber como desesperadamente quiero hacer algunas noches.
—Cierto. Podría sanar las cicatrices en tu cabeza, pero…
—¿Pero qué? —le digo furiosamente, manos empuñadas, temperamento puesto a prueba—. ¿No las que están en mi espalda?
—¿Crees que me importa una mierda las que están en tu espalda? He visto tu horrible trasero más veces de las que me importa contar. Incluso partes de ti para las que necesito un microscopio para ver —dice para reír, pero no me siento con ganas de sonreír—. ¿Crees que me molesta cómo se ven tus cicatrices? ¿Crees que voy a verte de manera diferente o amarte menos? Son las de tu cabeza por las que me preocupo, idiota testarudo. Quítate la camiseta, déjatela puesta, no importa. Lo que importa es que sepas que nada va a mejorar hasta que te des cuenta que la única cosa que nos interesa es que estés aquí y completo. ¿Entiendes?
Miro a Grant, con la mandíbula apretada contra la mierda en mi cabeza en la que no quiero pensar. Drew. Shelby. Brody. Las píldoras para dormir que he estado tomando otra vez solo para mantener mi cabeza por encima del agua. El agotamiento al intentar pretender que todo está normal. Asiento ligeramente, dejándole saber que lo he escuchado, pero no queriendo hablar sobre eso en este momento.
No creo que alguna vez seré capaz.
—Déjate la camiseta puesta, Grady. Al menos de esa manera tendré una oportunidad con las damas —dice Grayson, siempre siendo el moderador.
A la mierda con eso.
—¿Feliz? —Tiro mi camiseta por encima de mi cabeza, odiando el impulso inmediato de alejar mi espalda de ellos para que no puedan ver, y tragando la agitación en mis entrañas.
—No es nada que no hayamos visto antes —dice Grant cuando se da vuelta para agarrar su cerveza sin una vacilación en su mirada.
Cristo. ¿Por qué me molesta tanto? Estos son mis malditos hermanos.
Y sin embargo, todavía me molesta.
—¿Van a ayudarme o van a pararse ahí con sus penes en sus manos todo el día? —Cualquier cosa para cambiar de tema. Para sacar de mi cabeza la mirada en la cara de Shelby y la solicitud que me hizo cuando la vi en la estación a inicios de esta semana.
—Dice el tipo que acaricia mangueras todo el día para ganarse la vida —dice Grant con una risa.
—Si ser bombero fuera fácil, los policías lo harían —respondo y esquivo el rollo de cinta adhesiva que me lanza.
—Cabrón —murmura, pero bebe su cerveza y levanta un martillo.
Ya era tiempo.
Esta habitación no se va a construir sola.
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