Combust
Seis
Dylan
Señor, ten piedad.
Pensar que he estado en mi habitación todo este tiempo, batallando con las letras cuando todo esto ha estado sentado fuera de mi ventana.
Tres hombres increíblemente apuestos. Todos con cabello marrón. Todos con la misma complexión. Todos con los mismos gestos. Grady mencionó que tenía un hermano que era policía, pero no me dijo que había un tercero.
¿Quién rechazaría un sándwich Malone como ese?
Siento que he entrado a un comercial de Coca-Cola dietética. Tres hombres sin camiseta con cinturones de carpintero puestos, un brillo de sudor en su piel, y sonrisas en sus caras.
Si eso no es una de las mejores distracciones para un bloqueo de escritor, no estoy segura qué lo es. O bien, guardar el recuerdo para un
momento de ménage à moi3. Pero ahora el problema es ¿cómo demonios aparto mis ojos de esta imagen y vuelvo a mis letras sobre el enojo y un corazón roto?
Vuelve al trabajo, Dyl. Termina de escribir la canción y tacha una más de la lista de veinte temas. Un eslabón roto más en la cadena que me ata a Jett.
Su risa flota por la ventana abierta por encima de la cadencia del martillo y muevo mis ojos para admirar la vista una vez más.
Y ahí es cuando las veo. Las furiosas líneas rojas arruinando la espalda de Grady. Está demasiado lejos para distinguir que tan graves son, pero son lo suficiente para hacer una pausa, para preguntarme si tienen algo que ver con las pesadillas que le escuché combatir.
Miro fijamente por más tiempo del que debería, curiosa y celosa de la comodidad entre los tres. Incluso cuando parece que están burlándose del otro, hay una naturaleza alegre que indica afecto.
Vuelve al trabajo.
Después de un vistazo más.
Es cuando dejo la guitarra en mi regazo que me doy cuenta que estaba tan cegada por la sensualidad afuera, que me olvidé de la razón por la que me había levantado, para buscar comida. Una soda. Regaliz. Y algunas uvas para añadir a mis otros dos grupos de comida esenciales: carbonatos y azúcar.
Preocupada por un mensaje de texto en mi teléfono de parte de mi agente, entro a la cocina e inhalo cuando me encuentro con la espalda de Grady. Está de pie con sus manos en la puerta del refrigerador, cabeza inclinada hacia adentro, y su espalda completamente expuesta a mí. Es amplia, fuerte y cicatrizada inmensurablemente.
Miro fijamente.
No puedo evitarlo. Las marcas son una variedad atropellada de oscuro y claro, bordes y plano. Quemaduras horribles. Escalofríos recorren mi piel cuando imagino el dolor que debió haber soportado cuando se hizo eso. Pienso en su hábito de usar camisas desabotonadas, pero nunca estar sin camisa y el indicio de cicatrices solo visibles sobre el cuello que nunca podría haber imaginado que guiaban a este mapa de carreteras al infierno en su espalda.
Una parte de mí instintivamente quiere extender mi mano para tocarlas, dar algo de consuelo. Suena ridículo, incluso para mí, pero eso no disminuye el impulso.
—No es lindo, ¿eh? Echa un buen vistazo mientras puedas. —Su voz es brusca mientras su columna vertebral se pone rígida y su cuerpo se queda quieto, emoción entrelazada con las palabras.
—Gracias a Dios no todo de ti es lindo. Estaba empezando a sentirme muy insegura teniendo que vivir con una perfección como tú —digo improvisadamente, tratando de hacer esta situación menos incomoda. Mi intento de calmar la repentina tensión encendiendo el aire a nuestro alrededor.
—¿Perfección? —pregunta mientras se gira para enfrentarme con una sonrisa que enmascara la emoción rodando en sus ojos.
—Sí. Tienes cicatrices. Yo tengo muslos de sirena.
—¿Muslos de sirena? —Se ríe—. ¿De qué estás hablando?
—Muslos que se tocan desde la parte superior y todo el camino hasta mis rodillas. —Me encojo de hombros como si no me molestara, como si no estuviera enfatizando uno de los insultos que Tara me lanzó. Es mucho más fácil reírse de mí misma siempre y cuando lo ponga cómodo.
—¿Alguna vez te das un descanso?
—¿Tú lo haces? —Hago la pregunta, iniciando una batalla silenciosa de voluntades mientras nos miramos el uno al otro y me pegunto qué decir a continuación sobre inseguridades de otros. Sin tener nada, cambio de tema —. Creo que hay algún tipo de regla sobre cuántos abdominales es razonable que un chico tenga cuando el resto de nosotros está simplemente luchando para encontrar uno de ellos.
Su sonrisa es más genuina cuando camina hacia mí, y doy un paso atrás, mis caderas apoyándose contra la encimera ahora.
—¿En serio? —Su voz baja cuando sus ojos se mueven a mis labios y luego vuelven a subir—. Estoy seguro que tienes algunos debajo de tu camisa aquí.
¿Por qué esa simple acción hace que sea tan difícil de tragar?
Da otro paso.
—¿Qué estas construyendo afuera?
—Una habitación de juegos.
Una risa nerviosa sale de mis labios mientras pienso en todas las versiones de habitaciones de juegos que he leído en mis libros de romance. Mis mejillas se ponen rojas cuando imagino a Grady con un látigo en una mano de pie al lado de una cruz de San Andrés.
—¿Una habitación de juegos?
—Sí. —Da un paso más cerca así que estamos respirando el mismo aire, su voz lo suficientemente ronca para causar que cada parte de mi cuerpo se ponga en alerta—. Una habitación de juegos. Ya sabes… una mesa de billar. Un verdadero santuario para hombres.
Exhalo un tembloroso suspiro, de repente más que consciente que está muy cerca, sin camisa, sudoroso, y oliendo a sol y jabón mezclados. Pero son sus ojos lo que hace que mis pensamientos vacilen. Hay una intensidad en ellos que no espero del eternamente feliz Grady Malone.
—Ah, ese tipo de habitación de juegos… —Pero mis palabras se apagan cuando se acerca incluso más y coloca sus manos en la encimera a cada lado de mis caderas. Puedo escuchar su respiración entrecortada. La música flotando desde el exterior. El palpitar de mi pulso en mis oídos.
—¿Oye, Dyl?
—¿Sí? —Nuestros ojos se encuentran, mis labios se relajan.
—Necesito que te corras.
—¿Qué? —pregunto cuando su mano roza contra mi cadera y sus dedos tiran de la manija del cajón frente al cual estoy de pie.
—Necesito el abrebotellas. Estás de pie frente al cajón donde está. — Sus labios se extienden a una sonrisa completa mientras me alejo de la encimera y, por supuesto, choco directamente con la dureza de más de metro ochenta que es él.
Y luego reboto lejos de él en un estado nervioso que lo tiene riendo y a mí tartamudeando.
—Lo lamento. No estaba… no quise… —Sus brazos sostienen mis bíceps para estabilizarme, lo que causa que levante mi mirada y encuentre sus ojos.
—Tenemos que dejar de encontrarnos así —murmura, el calor de su respiración golpeando mis labios.
—Lo haremos. —Brillante, Dylan. Una respuesta jodidamente brillante—. Tengo… tengo que volver a… a escribir.
—Está bien —dice, esa sonrisa torcida profundizándose y forzando que sus hoyuelos salgan a la vida. Aun así, sus manos permanecen donde están al igual que mis pies.
—¿Cuál es la tardanza, Grady? —Las palabras vienen segundos antes que unos pesados pasos resuenen en el piso de madera y luego quedan en silencio.
Nos separemos sorprendidos como si hubiéramos sido quemados por un rayo.
—Estaba por irme. —Me encuentro con una expresión tan familiar a la de Grady que los dos bien podrían haber sido gemelos.
—No tan rápido. —Entra a la cocina mientras Grady abre un cajón detrás de mí y agarra el abrebotellas—. Grant Malone. Encantado de conocerte.
Extiende una mano, la cual estrecho.
—Dylan McCoy.
—Te pareces a tu hermano —dice.
Arqueó una ceja.
—Bueno…
—No de esa manera. —Se ríe cuando se da cuenta que decirme que me parezco a un chico no es exactamente halagador—. Solo me refería al tono de piel, expresiones y… está bien, me callaré este momento.
—No, está bien. Sé a lo que te refieres. ¿Cómo lo conoces?
—Tuvimos un viaje de chicos hace unos cuantos años.
—Oh. De acuerdo. Bueno, es un placer conocerte. —Grant mira a Grady y luego de vuelta a mí mientras una incomodidad se establece en la habitación.
Mi teléfono celular suena.
Es fuerte y hace eco en las encimeras de granito de la cocina y solo por el sonido sé quién es.
Jett.
Mis ojos se mueven rápidamente a los de Grady como si hubiera sido atrapada haciendo algo que no debería cuando no hay ninguna razón para sentirme de esa manera en lo absoluto.
Levanta sus cejas cuando el timbre vuelve a sonar, pero no hago ningún intento de contestar.
—¿No necesitas responder eso? —pregunta con una mirada casual a la pantalla iluminada del teléfono donde estoy segura que el nombre de Jett está estampado sobre el frente de esta. Me mira otra vez y levanta sus cejas —. Podría ser importante.
No estoy segura por qué siento que estoy siendo desafiada para ver si responderé o no, así que miro fijamente a Grady, mis propias cejas levantadas para coincidir con las suyas, cuando mi celular suena una vez más antes de ir a buzón de voz.
—Eh —murmura.
—Eh —contesto.
—Indiscutiblemente muchos eh están pasando aquí —dice Grant desde donde está de pie en la puerta causando que me ría nerviosamente.
—Tengo que volver a escribir canciones sobre el desamor —digo finalmente.
—No olvides llamar de vuelta a Jett —dice Grady cuando agarra mi celular de la encimera y lo sostiene para mí.
Una parte de mí no quiere tomarlo. Quiero que piense que soy más fuerte de lo que soy y que no estoy ni siquiera un poco curiosa del por qué Jett está llamándome. Quiero que piense mejor de mí de lo que yo hago en este momento.
—Sí, seguro —respondo y tomo mi teléfono de él—. Ustedes, diviértanse golpeando su madera o algo así.
—O algo así —murmura Grady cuando sus ojos encuentran los míos una última vez antes que salga de la habitación.
Mi mente todavía está en él.
En cómo dos veces en el último par de días había utilizado su sexualidad para evitar hablar sobre cualquier cosa que lo inquiete.
La pesadilla y su desnudez la otra noche.
Sus cicatrices y el coqueteo hoy.
Definitivamente hay algo detrás de la sensualidad de Grady Malone.
La pregunta es, ¿quiero involucrarme lo suficiente para descubrir qué es?
Recuerdo la sensación de su cuerpo contra el mío, lo que me dice que ya estoy involucrada. Creo que eso pasó la primera mañana que lo conocí.
Grant y Grady se ríen de algo en la cocina antes que la puerta se cierre de golpe y escuche sus voces afuera otra vez.
Y yo soy dejada considerando la contradicción que es Grady Malone.
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