Combust

K. Bromberg · Capítulo 34 de 62

Combust

Treinta y Uno

Dylan

—Conozco esa mirada.

Echo un vistazo a Emerson.

—¿Cuál mirada?

Desi suelta esa típica carcajada suya.

—La de me enamoré de un Malone y no puedo volver atrás… aunque, no estoy segura de por qué querrías hacerlo si uno de ellos ya ha caído encima de ti.

—No me he enamorado de un Malone. Estoy con Jett…

—Puras patrañas. —Desi se ríe—. Si lo has hecho, y tu secreto está a salvo conmigo.

—Ustedes dos han bebido demasiado y ahora están alucinando. —Me río y trato de restarle importancia a su expresión con cejas levantadas, las que dicen que sabe la verdad, pero que no dirá nada, mientras otra ronda se desliza frente a nosotras.

—Mujer embarazada aquí —dice Emerson y se señala a sí misma—. Nada de licor.

—Entonces son tus hormonas del embarazo —reitero.

—Eres una mentirosa —se burla Desi—. Has visto a Grady, ¿verdad? Todos los músculos y la perfección y…

—Lo he visto, de acuerdo —murmuro mientras tomo un sorbo y pienso en ayer. Grady regresando a casa de ser el papá en el primer día de clases de Brody. La desesperación silenciosa en cada uno de sus movimientos y expresiones. La forma en que me abrazó, me atrajo hacia él y no me quitó las manos hasta mucho tiempo después, cuando estábamos desnudos uno al lado del otro en su cama y su respiración se estabilizó.

—Lo folló.

No estoy segura de qué más se dijo mientras pensaba en todas las cosas sobre Grady, pero esas tres palabras definitivamente llaman mi atención.

—¿Perdón? —Escupí una carcajada.

—Está escrito en toda esa cara tuya —dice Emerson.

—Ojos soñadores —interviene Desi—. Verificados.

—Retorcerse en el asiento porque… maldición. —Emerson suspira y luego guiña un ojo—. Verificado.

—Son incorregibles. —Sacudo la cabeza.

—Podemos serlo, pero sabes que es verdad.

—Verificado y verificado —confieso finalmente, obteniendo un grito de Desi.

—Tengo un millón de chistes con “sabe cómo usar su manguera” que puedo decirte, pero te lo ahorraré —dice Desi mientras choca su copa de vino con la mía—. Solo dime una cosa…

—Oh Dios. —Emerson pone sus manos sobre sus ojos, preocupada por lo que viene después.

—¿Te encuentra caliente y te deja mojada? —Desi lanza su cabeza hacia atrás y se ríe mientras pongo mis ojos en blanco. Golpea una mano sobre la mesa—. Siempre he querido preguntar eso.

—Oye, Desi —le digo mientras flexiono mi dedo para que se acerque —. Sabes lo que dicen sobre los bomberos y los incendios, ¿verdad? Todo se trata del tamaño, el equipo y la técnica… voy a poner las manos en el fuego y decir que Grady es el paquete completo.

—Bueno, maldita sea. Al menos queda un Malone. Todavía tengo esperanza.

—Grayson no es tu tipo —dice Emerson.

—Por la noche puede serlo. —Levanta las cejas y se ríe.

—¿Quién tiene que ir a orinar? Esta mujer embarazada debe ir —dice Emerson y levanta la mano.

—Vamos —dice Desi mientras se desliza de su propio taburete—. Yo también tengo que ir.

Miro a las dos avanzar por el bar hacia el baño mientras juego con el tallo de mi copa de vino. Esto es justo lo que necesitaba.

—La gerencia dice que no se te permite entrar aquí por otra semana — dice el camarero a mi espalda.

—No fui yo quien empezó —dice una voz, y odio que cada parte de mí se encoja para esconderse. Es Wes Winters. La última vez que nos vimos, estaba inventando una excusa para explicar por qué no podía ponerse duro y salir de la casa de Grady. La noche de sexo imprudente que Grady dijo que necesitaba para poder superar a Jett, terminó en una catástrofe embarazosa.

Pero al menos al final tuve suerte. Sonrío y enderezo mis hombros. Tengo a Grady Malone. ¿Wes realmente importa?

Desi y Emerson regresan y se están sentando cuando se dice algo que llama nuestra atención.

—¿Por qué no se te permite entrar aquí? —pregunta una voz masculina.

—Por ese imbécil de Grady Malone. El hijo de puta me golpeó hace unas semanas —dice Wes, y puedo ver a Emerson deslizar una mirada al costado para ver quién está hablando.

—¿Malone? Es generalmente tranquilo. ¿Por qué tuvo un problema contigo?

—No le gustó la verdad.

Las tres nos miramos, y de repente, hay un pozo de miedo abriéndose en el fondo de mi estómago. Como cuando quiero quitar un programa, pero tampoco puedo dejar de verlo. Porque el único lazo que conecta a Wes con Grady soy yo.

—¿La verdad? —dice el amigo y se ríe—. Eres peor que una anciana, Winters. Deja de andar por las ramas. ¿Qué diablos pasó?

—Malone se enfureció porque me escuchó hablar de su compañera de apartamento. Mierda, tenía litros de cerveza encima cuando me invitó a su casa y, una vez que llegué, no pude hacerlo. Me gusta el sexo, pero incluso un hombre borracho tiene estándares, y ella… amigo me conoces, me gustan las pequeñas, y definitivamente ella no es pequeña, si sabes a qué me refiero.

Mis mejillas se enrojecen y el calor enrojece todo mi cuerpo mientras Emerson y Desi me dan la temida mirada de simpatía. Cada parte de mí quiere meterse debajo de la mesa y morir de la humillación.

—Eso es cruel —dice el amigo.

—Pero es la verdad —bromea Wes en una voz ruidosa—. Así que lanzó algunos golpes para defender su honor y luego probablemente se fue a su casa y le dio una buena follada por lástima hasta que alguien más bonita se presente.

Bajo los ojos y me paro lentamente.

—No lo escuches.

—Es un imbécil —dicen al unísono, pero levanto los ojos y las miro.

—Está bien. Por favor quédense. Me voy a ir.

Y con eso, me escabullo silenciosamente fuera del bar, la mortificación desviando todos mis pensamientos y odiándome como nunca antes.

Camino por las calles del centro de Sunnyville. Cada paso es otro pensamiento que empujo lejos. Cada calle que cruzo es otro intento de ocultar el calor de las lágrimas que corren por mis mejillas. Cada casa que paso es una forma de evadir la mortificación en la que me estoy ahogando lentamente.

Y cada paso en el camino de entrada de Grady es otro palo picando mi vergüenza hasta convertirla en ira e irracionalidad.

No he pensado en lo que le voy a decir a Grady, pero en cuanto entro por la puerta, me quedo helada. Está sentado en el taburete y se lleva una cucharada de Cheerios a la boca, y se detiene a mitad del movimiento cuando me ve.

—¿Dónde has estado?

Sé que Emerson ya lo ha llamado. Sé que sabe lo que dijo Wes. Los insultos que repitió para que otra persona supiera mi vergüenza.

—¿Es verdad? —¿Solo me follaste por lástima?

—¿Dylan? —En parte se ríe, en parte rechaza la pregunta con un movimiento de su cabeza mientras deja caer su cuchara en el tazón.

—Sí. O. No. Eso es todo lo que quiero saber, Grady.

—¿De qué mierda estás hablando? ¿Qué es verdad?

—¿No te llamó Emerson? ¿No te dijo? —Su mirada en blanco me dice que no lo hizo, y por eso, le debo una por salvar mi dignidad, o lo poco que queda de ella—. La pelea. Wes Winters. Cómo no podía follarme porque no era lo suficientemente bonita o delgada o una mierda así. ¿Te suena?

Grady se pasa una mano por la mandíbula, el contacto con su incipiente barba es el único sonido que llena la habitación.

—Es un idiota.

—Y lo golpeaste, pero cuando llegaste a casa, no pudiste decirme a quién le pegaste o por qué lo hiciste. ¿No querías que supiera? ¿No pensaste que me enteraría?

—No fuiste exactamente sincera al decirme que ustedes dos no se habían acostado.

Lo fulmino con la mirada. Su punto sería válido si con quién me acosté o no fuera su maldito problema. El dolor se revuelve por dentro mientras miro a Grady, tan malditamente guapo, y me pregunto. ¿Cómo pensé que en realidad había algo entre nosotros cuando en este momento siento que todo comenzó como un engaño? Porque saber que fui sexo por lástima no es exactamente la mejor manera de aumentar mi ego.

—¿Habrías venido a casa esa noche y dormido conmigo sin escuchar lo que dijo Wes? ¿O estabas tan enojado con él por ser un idiota que sentiste pena por mí? Primero Jett y luego Wes… pobre Dylan, ¿verdad? ¿Y qué? Sabías que me avergüenzo de mí misma, por lo que pensaste que ibas a asumir el rol, bajar tus estándares, para ayudarme a sentirme un poco mejor conmigo misma durante una o dos semanas. Luego, asegurarte que me haya ido cuando una mujer atractiva venga para revolcarse en tus sábanas.

Se queda dónde está, inclina la cabeza hacia un lado y solo me mira fijamente, con los ojos inmóviles. Hay mucho conflicto en su expresión, pero no se compara con cómo me siento.

—¿Realmente me estás cuestionando sobre esto? —La ira tiñe su voz y la incredulidad pesa sobre su postura—. ¿De verdad crees que fue el comentario de mierda de ese bastardo lo que me hizo querer dormir contigo? ¿Realmente crees que soy tan débil que necesito a otro hombre para que me ayude a determinar con quién follo? Me alegro que pienses tan bien de mí, McCoy. —Rodea la encimera y se para a pocos pasos de mí, rígido, un músculo pulsando en su mandíbula mientras me mira.

—Sé lo que oí. Sé lo que hiciste. Y como no me has dicho ni una maldita cosa, creeré lo que asumo.

—A la mierda con tus suposiciones.

—Teniendo en cuenta que aún no me has respondido, supongo que también puedo mandarte al demonio —mascullo las palabras mientras mis lágrimas queman mis mejillas—. Lamento que te hayas rebajado al estar conmigo por un momento. Me aseguraré de esfumarme para que puedas volver a tu programa regular de mujeres hermosas.

—Estás equivocada, Dylan. Tan jodidamente equivocada.

—Vi la expresión en tu cara cuando la chica del vestido brillante se fue esa primera mañana. Nunca nadie me ha mirado así. Entonces, ¿por qué debería creerte?

—No me he acostado con nadie desde que apareciste.

Levanto una ceja hacia él.

—Mmm… ¿la chica de vestido brillante?

—Corrección. —Suspira—. Desde que te conocí. ¿No crees que eso dice algo? ¿Un montón de cosas?

—De donde vengo, de Hollywood, todo lo que decimos es algo, y nada de eso tiene algún valor.

—Bueno, en mi trabajo, a veces lo único que vale es tu palabra. Cuando digo que voy a estar allí para alguien, su puta vida depende de ello… así que cuando hablo, lo digo en serio. —Mueve los hombros y puedo ver su frustración.

—Aún no has respondido a mi pregunta. —Y no me importa cuántas palabras diga o si vale su peso en palabras porque son las que no está diciendo ahora las que gritan más fuerte.

—No lo entiendes, ¿verdad? No ves lo que yo veo. —Da un paso adelante y se acerca a mí, pero alejo mi brazo. Estoy demasiado herida, demasiado avergonzada, demasiado irracional para ser tocada. No confío en mí misma, y si no confío en mí, entonces no confío en cuál sería mi reacción ante la más mínima onza de consuelo—. Cristo —murmura y camina hasta un extremo de la cocina y de vuelta antes de volverse hacia mí —. ¿Quieres tus palabras? Aquí están. Eres jodidamente hermosa. Listo, lo dije y sé que rechazaras el cumplido, así que lo repetiré. Tú, Dylan McCoy, eres de lo que están hechos los sueños húmedos. Tú y esos muslos tuyos que odias, pero que yo amo.

—Grad…

—No. —Levanta su mano para detenerme, y solo me mira con tal intensidad que no puedo recordar lo que quería decir—. No una follada por lástima, Dyl. Estabas lejos de ser eso. Eres la mujer en la que sigo pensando, de la que sigo queriendo más, pero no puedo pedirte nada porque no te puedo dar una mierda. No puedo darte lo que mereces porque cada vez que creo que puedo, veo a Brody y Shelby. Entonces, ¿cómo puedo pedirte más cuando no puedo darte una relación? Eso no es justo para ti… entonces te estoy usando. Sí, eso hago. Te uso porque eres lo único en lo que me puedo perder cuando nada más ha hecho mella en mi dolor. Te uso porque es lo que necesito cuando no te he preguntado qué necesitas. Llámame imbécil. Llámame hijo de puta. Pero nunca me digas que esto comenzó como una follada por lástima. Está lejos de ser eso.

—Grady. Por favor no.

—¿Por favor no? Al diablo con eso, Dylan. Querías saber hasta que empecé a decirte la verdad… hasta que empecé a decirte cosas buenas sobre ti misma y te hice sentir incómoda, así que agárrate fuerte, cariño, porque apenas estoy empezando. —Da un paso hacia mí mientras sacudo la cabeza, condicionada a rechazar mentalmente las cosas que está por decir—. Esto comenzó en el momento en que te vi de pie allí, con una bata blanca y esponjosa que sostenías cerca de tu cuello, juzgándome como si tuvieras todo el derecho a hacerlo. Esto comenzó cuando te acercaste a mí en la cocina y me besaste hasta dejarme sin aliento para demostrarle a Jett que no podía tenerte. ¿Y adivina qué? Esa noche, el sabor de tu beso se grabó en mi maldita mente, asegurándose que el beso de nadie más pudiera comparársele. Esto comenzó cuando entré en la cocina la noche de la pelea tan lleno de adrenalina, preguntándome cómo en el mundo un hombre no podía ponerse duro solo con mirarte, ya que eso era todo lo que había estado haciendo desde que apareciste. Estabas ahí de pie —señala donde estaba sentada la noche de la pelea—, con un aspecto tan hermoso, y no pude más. Claro, estaba furioso con Wes por lo que dijo, pero también estaba tan jodidamente agradecido porque no pudo hacerte las cosas que estaba a punto de hacerte. Me masturbé imaginándote en mi polla la noche en que ese bastardo te trajo a casa del bar. Tus gemidos. Imaginando tu cuerpo. Tu sabor. Tu coño jodidamente caliente. Eso fue todo lo que necesité para venirme y ni siquiera te había probado ni te había tenido en ese momento.

Lo miro boquiabierta y aturdida, cada una de sus palabras fue pronunciada con tal convicción que me golpearon en los oídos y resonaron en mi cuerpo, para que no pudiera negarlas.

Me mira, con los dientes apretados, los ojos intensos. Estira su mano, la retira, y luego la alza de nuevo sin un indicio de vacilación.

Sus labios se encuentran con los míos. Hay ira en su lengua. Hay frustración en su toque. Hay pasión en cada movimiento de su boca contra la mía.

Peleo con él al principio. La mezcla de sus palabras y mi ira y la vergüenza de Wes giran en una tormenta de incertidumbre, haciendo que mi cabeza se maree y me duela el corazón, pero sus labios… sus labios despejan la tormenta con cada segundo que reclaman los míos.

Toma sin pedir. Reclama, seduce y exige sin una sola palabra. Pero lo único que es constante es su ira. Y justo cuando creo que me estoy ahogando en la oleada de emoción que su beso evoca, lo termina abruptamente. Se aleja de mí como si hubiera sido quemado.

Está de pie ante mí, mi lápiz de labios manchado en sus labios, sus hombros agitados, sus manos flexionándose a los costados, y sus ojos penetrantes.

—Si eso es lástima, Dylan, ten piedad de mí, porque soy el imbécil que lo haría todo de nuevo sin pensarlo dos veces. Así que puedes culparme. Odiarme. Pero nunca vuelvas a culparte a ti misma otra vez.

Grady respira hondo y alza sus manos como para decir que está tan enojado conmigo y con esta conversación que no tiene nada más que agregar. Luego cierra de golpe la puerta trasera, dejándome allí de pie mirándolo fijamente con las yemas de mis dedos tocando mis labios. Labios que aún zumban por sus besos. Mi cabeza es un desastre más grande que cuando entré aquí, pero por una razón muy diferente.

Lágrimas llenan mis ojos, y una risa contradictoria cae de mis labios.

“Estabas ahí de pie, con un aspecto tan hermoso, y no pude más”. Hablando de algo inesperado. Ahora, ¿qué diablos se supone que debo hacer?

Encontrarlos calientes y dejarlos húmedos tiene un significado totalmente nuevo.

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