Combust
Treinta y Tres
Dylan
“Eres mi disparo en la oscuridad.
La llama que no puedo apagar.
La pesadilla de la que tengo que alejarme.
El sueño del que dudo constantemente.
Pero estás bajo mi piel.
Me has robado el corazón.
¿Cómo voy a poder alejarme de esto?”.
—No. Empieza de nuevo —interrumpo a Jett en medio del puente y levanto mis manos—. Esa línea aún no está bien. —Frustrada, sacudo la cabeza y miro a Kai y luego a Jett.
Los gemidos llenan la habitación.
—A mí me sonó bien —dice Jett mientras toma su vaso de whisky y toma un sorbo.
—Bueno no es lo suficientemente bueno. Quiero algo perfecto —digo, anotando una posible solución y metiendo mi lápiz detrás de mi oreja—. Necesito escucharlo una vez más sin la mezcla. Solo quiero la pista acústica.
—Cántalo tú —dice Jett—. Siempre lo oyes mejor cuando cantas. — Lo miro y sé que tiene razón, pero odio la idea de tener audiencia.
—No. —Sacudo la cabeza para rechazar la idea.
—Lo cantaremos juntos entonces. —Jett levanta las cejas como si estuviera preguntando si eso funcionará.
—Bien. Por supuesto. Adelante.
Kai suspira.
—Lo que la dama quiere, la dama consigue. Por milésima vez, intentémoslo de nuevo, amigos. Pon la pista —dice y dirige la tecnología en la consola.
Presiono mis manos contra mis ojos e intento concentrarme, pero estoy cansada. He dormido poco, después de despertarme de un mal sueño, descubrí que me había quedado dormida en la cama de Grady mientras esperaba que él volviera para poder hablar con él. ¿Dejar las cosas bien con él? No sé qué pasa con él.
Luego, encontrando el mensaje que me había perdido después del caos del bar cuando me levanté para tomar un trago de agua. El que decía que había habido una cancelación en el estudio y el sello había tomado el lugar para Jett. Que requerían que estuviera allí.
Añade a eso todo el viaje en auto. Pensar demasiado en Grady.
Y es por eso que esta canción no está funcionando. Porque cada vez que canto la letra, pienso en él.
En la confusión que siento.
En querer más con un hombre cuando no estoy en ningún lugar emocionalmente para querer más.
En querer más con un hombre que nunca podrá darme nada.
Los acordes suenan de nuevo, y levanto los ojos para encontrarme con los de Jett. Solían tener mucho para mí, pero ahora lo miro y no siento nada.
Así que cierro los ojos y pienso en Grady y siento todo.
“Eres mi disparo en la oscuridad.
La llama que no puedo apagar.
El sueño del que tengo que alejarme.
Porque dudo de mí constantemente.
Pero estás bajo mi piel.
Me has tatuado el alma.
El destino de mi corazón está bajo tu control”.
La aspereza de la voz de Jett se desvanece, pero vuelvo a murmurar el final. Las lágrimas me pican en los ojos, así que los mantengo cerrados más allá del último acorde sonando y la sala queda en silencio. Es Grady a quien le estoy cantando, pero cuando abro los ojos, me encuentro con los ojos de Jett. Está mirando tan intensamente que se forma un nudo en mi garganta, y no estoy segura de por qué.
—¿Nos pueden dar un minuto? —pregunta Jett, sin desviar la mirada cuando las sillas se arrastran por el suelo, dejan los instrumentos y se apaga el interruptor de la cabina de sonido. Cuando la puerta se cierra detrás de la última persona, él pregunta—: ¿Estás bien?
Asiento, sin confiar en mi voz.
—Es extraño estar de vuelta aquí, ¿verdad? —Su voz es suave y cálida.
—No ha pasado tanto tiempo. —Y la mía es apenas audible.
—Te ha hecho daño, ¿no es así?
Mantengo mi rostro impasible, al menos lo intento, y alejo mis ojos de él, lo suficientemente consciente como para saber que Jett es el rey de aprovecharse de mis emociones.
—No. No hay nada que lastimar. Te estoy superando, y él está lidiando con sus propios problemas. —Aprieto las cuerdas del cuello de mi guitarra para ocuparme—. Estamos en el lugar correcto y en el momento adecuado el uno para el otro.
—Dylan, no lo creo por un segundo. Te extraño. Nos extraño. ¿No se sintió raro entrar a tu casa sin mí? Mis cosas. El olor de mi colonia. ¿La música que siempre tengo puesta? Quiero decir, míranos. Mira la música que estamos haciendo ahora. No puedes hacer esto si no tienes una conexión especial con alguien.
Fue extraño entrar a mi casa sin la presencia de Jett, pero lo fue aún más cuando me di cuenta que no me sentía como en casa de la manera en que me sentía en casa de Grady.
—Jett, ¿podemos solo hacer esta canción…? —Y cuando me volteo para mirar hacia arriba, Jett está justo ahí, en mi espacio. Su mano está en mi mejilla. Su cara se inclina hacia adelante. Su aliento está en mis labios.
Cierro mis ojos por costumbre, y en el momento en que sus labios tocan los míos, me levanto bruscamente y empujo mi silla hacia atrás con un estrépito.
—No. —Está fuera de mi lengua mientras mi pecho se levanta y mi corazón se retuerce y se revuelca.
—Dylan. Nena…
Estoy en el estudio vacío, un lugar simbólico para nosotros, y miro a Jett. Veo todo lo que me es familiar. La norma cotidiana que solía tener. Sé cómo es la vida con él: la imprevisibilidad y el caos espontáneo. Una fiesta de toda la vida de inseguridad y dudas.
Y luego me imagino a Grady. Sin camiseta. Ojos cautelosos. Sonrisa engreída.
Eres mi disparo en la oscuridad.
Es todo lo que está fuera de mi zona de confort.
La llama que no puedo apagar.
Él es todo lo que quiero, y sé exactamente qué esperar.
El sueño del que tengo que alejarme.
El resultado está predeterminado.
Pero estás bajo mi piel.
Las emociones están bajo bloqueo.
Me has tatuado el alma.
El futuro es inexistente.
El destino de mi corazón está bajo tu control.
Y, sin embargo, en este momento estoy pensando en él, no en Jett. Es su beso lo que quiero probar, no el de Jett. Es su cama en la que quiero meterme, su olor que quiero oler en la funda de la almohada cuando estoy cansada y soy un desastre emocional.
No el de Jett.
—Es por despecho, Dylan. Soy la cosa real, parado aquí frente a ti. Queriéndote.
Sus palabras golpean mis oídos, pero son las de Grady de la otra noche que todavía suena ciertas. Su honestidad. Su ira. Sus verdades.
—No. Ya no eres lo que quiero. Solía esperarte. Quererte. Necesitarte. Pero después de lo que me hiciste, y las cosas que Grady me ha enseñado acerca de mí misma, ya no es cierto. —Miro alrededor de la habitación, necesito un escape, un momento, cualquier cosa para ganar distancia física de él—. Hemos terminado, Jett. Hemos terminado.
Lo miré una última vez antes de salir del estudio, sintiendo fuerza cuando nunca la tuve antes. No voy a ser una víctima, alguien cuyo valor está determinado por lo que un hombre siente por mí.
Luego pienso en Grady y sé que no estoy del todo lista en términos de confianza. Creo que me llevará un tiempo creer las cosas que dijo sobre mí. Hermosa. Querida. Las cosas de las que están hechos los sueños húmedos. La mujer en la que sigo pensando, y de la que sigo queriendo más. Me siento de una forma diferente de vulnerable.
Lo primero es un cambio bienvenido; lo segundo me asusta hasta la muerte. Si Jett tiene razón en algo, es que lo de Grady es por despecho y que los amoríos por despecho nunca duran. Me apoyo contra la pared fuera del estudio y apoyo mi cabeza contra ella.
Está bien. Estoy bien. El hecho que Grady sea un asunto de despecho está perfectamente bien porque, de todas formas, volveré aquí a tiempo completo en unas pocas semanas. Probablemente sea mejor así. Puedo disfrutar de lo que tengo con Grady mientras dure, y luego irme mejor y agradecida por ayudarme a superar a Jett.
—El hecho que estés aquí cenando debería preocuparme, ¿verdad? — pregunta Kai con una risa. Miro hacia arriba desde donde estoy sentada, mi espalda contra la pared de ladrillo del edificio, y mis sentidos absorbiendo todo a la perfección en Los Ángeles que nos rodea. Los distintos sonidos de las personas que llegan a donde necesitan estar con bocinas, sirenas y risas. El aire cálido de la noche que es sofocante, cuando en Sunnyville siempre parecía refrescante.
—¿Estoy tan mal?
—Nah. Eres una perfeccionista. No hay nada de malo en eso. Y eres excepcional en lo que haces, por lo que te perdonan por ser un dolor en el culo.
—Muchas gracias.
—Tu versión de dolor en el culo no es nada en comparación con ese dolor en el culo —dice Kai mientras levanta la barbilla hacia el estudio donde está Jett.
—El talento nunca anula el tacto, ¿eh? —digo cuando he cerrado los ojos ante las tonterías de Jett durante tanto tiempo.
—Nunca. —Se mete las manos en los bolsillos—. Gracias por venir en tan poco tiempo.
—Prometí que estaría aquí.
—Sí, estoy bastante seguro que Callum y los otros ejecutivos no se sintieron confiados después que Jett hizo una Jett la última vez que estuvimos aquí.
—¿Cuál fue su rabieta?
Su risa lo dice todo.
—El whisky no era el correcto. La habitación estaba demasiado caliente. La luz era demasiado brillante, la misma tontería de prima donna. Tanto, que se fue en una rabieta diciendo que no tenía el ambiente adecuado para hacer música.
—Cristo. —¿Crecerá alguna vez? ¿Cómo aguanté esto durante tanto tiempo? ¿Por qué se lo permití? Porque estaba cegada por lo que pensaba que era amor.
—No estaban muy contentos cuando no se terminaron o grabaron pistas.
—Estoy segura que no, pero hice mi parte, Kai. Jett tenía letras para poner la voz. No todas, pero una buena parte, por lo que debería ir mucho más avanzado de lo que va.
—Debería… pero no es el mismo a menos que estés aquí.
Estoy harta de escuchar esto.
—Es un niño grande, que tendrá que encontrar la manera de hacer las cosas la próxima vez. O mejor dicho, debo decir que el sello tendrá que averiguar cómo manejarlo. Mi control se termina después de este álbum.
—La encantadora de Jett.
—Si no vuelvo a escuchar eso otra vez, no será lo suficientemente pronto.
Levanta las cejas y suspira, sabiendo exactamente a qué me refiero.
—¿Estás bien? Estoy seguro que esto no puede ser fácil para ti, ya sabes, todo lo que te hizo…
—¿Lo sabes? —pregunto, con voz incrédula, con los ojos dando vueltas para ver si hay alguien alrededor para escucharlo.
—Sí. —Se encoge de hombros como si no fuera gran cosa—. Lo escuché por teléfono con la otra chica. La estaba culpando un minuto porque te enteraras de ellos, y luego le dijo que no significaba nada para él al siguiente.
—Yo-eh…
—No te preocupes, tu secreto está a salvo conmigo. —Su sonrisa es sincera y sus ojos están llenos de compasión. El alivio surge a través de mí sabiendo que no tengo que oculta de cada persona lo que está pasando—. Esto no puede ser fácil para ti.
—Estoy bien. —Fuerzo una sonrisa, estoy segura que no me cree—. El tiempo fuera ha sido bueno para mí.
—El tiempo fuera siempre es bueno para el alma. Y el corazón.
—Eso está por verse —me murmuro mientras recojo mi basura y me pongo de pie—. ¿Estás listo para que sea más un dolor en tu culo?
—Trae el dolor.
Nos reímos al entrar en el estudio. El humor nos dura las primeras dos horas y luego comienza a disiparse lentamente con cada grabación repetida. Con cada letra que le pido a Jett que vuelva a cantar. Con cada una de mis peticiones para volver a empezar.
—Amigos, estoy acabado —dice Jett mientras se zambulle de cabeza en el sofá del estudio.
La noche ha pasado a la madrugada, hora desconocida ya que la cabina insonorizada no tiene ventanas.
—Eres un marica, Kroger. ¿Cuánto ha sido? ¿Un mes entero desde que estuviste aquí por última vez? Todo es exactamente como lo quieres, la luz, el termostato, el whisky, ¿y aun así no puedes aguantar? Amigo, vamos a tener que revocar tu estatus de estrella de rock.
Jett levanta su dedo medio en el aire, pero mantiene su cabeza enterrada en las almohadas.
—Oh-oh —dice Kai—. McCoy tiene esa expresión que dice que todavía no está satisfecha.
Henry gime y se desploma donde se sienta en la caja de sonido.
—¿En serio? Vamos en, ¿qué? ¿Diez? ¿Once? ¿Cuarenta horas ahora?
—Lo sé, pero nuestro tiempo con Dylan es limitado. Seguramente ahora ya entiendes su nivel de perfeccionismo.
Jett abre un ojo desde donde está enterrado su rostro en sus brazos cruzados.
—No me está gustando esto ya.
—Definitivamente estoy revocando tu estatus —bromea Kai y luego sonríe cuando se encuentra con mis ojos antes de mirar a Henry—. Aguanta ahí. Sé que es un día largo, pero mantente enfocado porque esto es cuando las canciones normalmente se convierten en éxitos.
—Si las dos viejecitas han terminado de quejarse, me gustaría empezar. —Levanto mis cejas como si estuviera impaciente.
—Sí, señora —dice Kai y ofrece un saludo—. ¿Dónde quieres empezar?
—No estoy completamente convencida con “No Matter the Cost” todavía —digo, refiriéndome al título de la canción—. Necesito repasarla un par de veces más y escuchar la reproducción. Algo no está bien y lo sabré cuando lo escuche.
—¿Jett? —pregunta Kai.
—Deja que Dylan la repase. Necesito un puto descanso.
Kai me mira y asiento, diciéndole que estaba bien para cantar la canción. Hay una breve instrucción dada a Henry acerca de dónde necesita poner la música mientras Jett se da vuelta de lado y comienza a revisar algo en su teléfono.
—¿Estás lista, McCoy?
—Desde el principio.
Vuelvo a ponerme los auriculares y disfruto del silencio absoluto antes que la música flote a través de ellos. Me imagino el sonido de una guitarra y el estridente ritmo del tambor que acompañará el fondo de piano actual junto con mi guitarra acústica.
Cierro los ojos y siento la música, mis dedos sobre las cuerdas, la emoción de los últimos días fluyendo a través de mí, y espero mi marca.
Y entonces empiezo a cantar.
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