Combust

K. Bromberg · Capítulo 14 de 62

Combust

Once

Grady

—Este es un hijo de puta caliente.

Miro hacia donde Drew está parado en la puerta, los dedos de las llamas lamiendo todo a su alrededor y el humo ondeando como un hijo de puta por encima de nosotros y desde las ventanas que hemos sacado. Su voz suena como si estuviera en una lata, hace eco en su casco y luego a través de mi radio.

—Necesitamos derribar ese punto allá y luego largarnos de aquí.

—Tengo un mal presentimiento sobre esto, Malone.

Lo miro de nuevo y agito mi mano enguantada hacia él.

—Estamos bien. Hitch y Collins tienen el otro lado. Johnson está deteniendo la ruta de escape.

—¿Estamos seguros que este lugar está despejado?

No puedo ver su rostro mientras busco a través del humo.

—¿Por qué?

—Juro que sigo escuchando a alguien que pide ayuda.

Detengo lo que estoy haciendo y levanto mi puño para decirle que se quede callado. Y escucho. Ahí está el crepitar del fuego. El chasquido de la madera cuando se retuerce y se revienta bajo la presión del calor. La ráfaga del humo cuando empuja y tira contra el oxígeno antes de devorarlo. El rugido de mi propio latido en mis oídos.

Pero no escucho a nadie que clama por ayuda.

—No lo escucho, hombre.

Tomo mi hacha para romper una pila de escombros en llamas, tratando de disipar el combustible del fuego. Pero no va a ayudar. Este lugar no va a dejar de arder en el corto plazo.

—Escucha.

Me detengo de nuevo con las órdenes de Drew, pero las llamas se están acercando a nosotros, rugiendo, girando y batiendo en un vórtice de calor que puedo sentir a través de mi traje.

Por mi vida, no puedo escuchar nada. Hay un silbido en alguna parte, pero juro que es el oxígeno que aspira a través de la madera.

Cuando me doy la vuelta para mirar a Drew, está empujando más adentro del edificio. Deberíamos irnos de aquí.

—¿Drew? Drew, vamos. Tenemos que salir de aquí. Hemos estado aquí demasiado tiempo.

—Solo déjame mirar aquí.

—Malone. Drew. Necesitamos salir. El techo es inestable —el jefe ordena a través de la radio.

—¡Maldita sea, Drew! —Me muevo detrás de él. Mis botas golpeando escombros que no puedo ver. Mis ojos se esfuerzan por buscar a través del humo denso, y estoy despejando la puerta cuando escucho el crujido.

Una porción del techo cae y aterriza delante de mí y a sus espaldas.

El pánico estalla y las llamas son tan brillantes como el fuego que ruge a nuestro alrededor.

—¿Grady? ¿Dónde estás?

—Estoy aquí. ¿Estás bien?

—No te puedo ver. No puedo… mierda… no puedo encontrar una vía despejada. —El mismo pánico que siento suena en el tono de su voz.

—Estoy aquí. Estoy aquí —grito mientras mi cuerpo se calienta de miedo.

Otro crujido.

Luego un golpe.

Una viga cayendo.

Un grito.

—¡Drew! —grito—. ¡Drew!

El sudor cubre mi piel mientras espero una respuesta.

Segundos.

Tic.

Tac.

—Estoy atrapado. —Su voz es suave. Dolorida—. No puedo… no puedo. —Temeroso—. Grady. —Aterrorizado.

—Estoy aquí. Ya voy, Drew. Ya voy. —Cada parte de mi cuerpo tiembla. Asustado. Temeroso.

Los segundos se sienten como minutos. Los minutos se sienten como horas. Y no tenemos nada de ese tiempo.

—No hay manera de entrar. No hay… joder. —Su aliento es laborioso. Por miedo. Por el agotamiento. Por el humo—. No puedo…

—No te rindas. ¡No te atrevas! —grito y luego vuelvo a llamar por radio para enviar que necesito ayuda—. Mayday. Mayday. Drew ha caído. Está atrapado. —Miro hacia las llamas donde lo vi por última vez, pero solo veo negro. Y naranja. Y amarillo. Doy nuestra ubicación en el edificio y luego vuelvo mi atención a mi compañero—. Dos dentro. Dos fuera, hombre. ¡Ven aquí para que podamos salir dos! —Todo lo que oigo es que su aliento es laborioso a través del intercomunicador—. Atraviesa una pared. Empuja y pasa a través de esta. ¡Maldita sea, Drew, contéstame!

Otro crujido del techo. Otro diluvio de escombros en llamas llueve sobre nosotros.

—¡Grady! —Su voz está llena de todo tipo de miedo que jamás haya imaginado en mi vida, y no puedo hacer nada más que cubrir mi cabeza y alejarme de las llamas mientras caen sobre mí.

—¡Espera! Ellos vendrán por nosotros.

—Mi máscara está rota. No puedo respirar.

Mierda. Mierda. Mierda.

—Vamos, Drew. Aguanta. —Tomo mi hacha y empiezo a golpear todo lo que pueda en un pánico ciego para tratar de llegar a él.

Sus jadeos están en mi oído. Cada inhalación es dolorosa, más poco frecuente.

—Dile… dile a Shelby que la amo… dile que lo siento. —Cada palabra es un agotamiento laborioso, ya que el monóxido de carbono lo consume. A medida que el fuego toma el control.

—¡No! —grito la palabra a todo pulmón, como si me fuera a ayudar a llegar a él—. Jefe, ¿dónde diablos están?

—Dile… dile a Brody… que lo amo… prométeme… Grady… que cuidarás de él. Por favor.

—¡No! No lo haré. Tú dile. Vienen por nosotros, Drew. En cualquier momento. Espera. Aguanta, maldición.

Intento atravesar las vigas caídas. Trato de llegar a él. Trato de salvarlo.

—Todo el lado oeste se ha ido. Estamos rompiendo desde el norte. — La voz del jefe rompe el pánico que rebota en mi interior, pero no hace nada para abatirlo.

Hay un rugido de Drew en mis oídos, y en ese momento, sé que es un sonido que nunca olvidaré mientras viva.

Si vivo

Porque no lo voy a dejar.

No puedo dejarlo.

Y entonces comienza la sirena. La señal del PASS que me dice que ya no se mueve.

—¡Drew! ¡Drew! Levántate. ¡Lucha! Maldita…

Un crujido.

Lo escucho antes de sentirlo.

Es ensordecedor

El sonido más fuerte que he escuchado.

Hay una fracción de segundo de dolor. De presión. De chispas.

Hay sudor en mis labios.

¿O son lágrimas?

El Nomex6 de mi chaqueta cede bajo las llamas.

Dos dentro. Cero fuera.

—¡No! —Me despierto, levantándome de golpe en mi cama. Mis sábanas están empapadas de sudor. Mi habitación huele a miedo. Mi espalda se siente como si todavía estuviera en el maldito fuego.

Me toma un momento darme cuenta que solo era un sueño.

Pero nunca será un sueño.

Fue una pesadilla.

Un jodido terror nocturno que nunca termina.

Especialmente cuando tengo que mirar a los ojos de Brody y tratar de ocultar la culpa de no haber salvado a su padre, eso me está pudriendo por dentro.

No hice el trabajo que tengo que hacer diariamente.

Salvar vidas.

¿Qué tipo de bombero soy cuando no puedo salvar a nadie, ni siquiera a mí mismo?

Me pongo unos shorts y me dirijo a la cocina. A la botella de whisky que se está volviendo demasiado cómoda en mis manos, pero joder, si no la necesito para pasar algunas de estas noches.

Apoyando mis manos en el mostrador de la cocina, miro por la ventana a la sala de juegos a medio construir. ¿Qué tan estúpido era pensar que construir un lugar para que Brody viniera a pasar el rato algún día sería suficiente para enseñarle cómo es ser un hombre? Después de todo lo que mis padres hicieron por mí y me enseñaron, ¿cómo pensé que sería suficiente?

Y sin embargo, cuando levanto el martillo, siento que estoy haciendo algo en lugar de hacer nada. Como si lo intentara, cada vez que miro a Brody, mi maldito corazón se rompe en mi pecho por la culpa que lo inunda.

Porque no pude salvar a su papá.

Es después de mi segundo trago, la quemadura que ahuyenta las telarañas de la memoria, que oigo la voz de Dylan a través de su puerta cerrada.

Es suave. Es inquietante. Suena justo como me siento. Cuando agrega su guitarra a las palabras, me siento en el sofá para escuchar.

Con letras sobre la pérdida. Las suyas sobre perder el amor, pero son tan adecuadas para mis pensamientos después de mi sueño. Me hacen sentir menos solo. Casi como si me entendiera.

Y me vuelvo a dormir con el sonido de su voz y la comodidad que extrañamente ofrece.

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