Combust

K. Bromberg · Capítulo 35 de 62

Combust

Treinta y Dos

Grady

—Si estuviera viviendo con tu feo trasero, también huiría.

Levanto mi dedo medio para que Grayson lo vea mientras cuelga la pared de yeso.

—Mamá dice que no puedes enseñar tu dedo así.

Mierda.

Bajo el dedo y miro hacia donde Brody se sienta, con las manos debajo de la barbilla, los ojos verdes muy abiertos, como si yo estuviera en problemas.

—Lo dijo, ¿verdad?

—Sí. Dice que solo debes levantarlo cuando estás realmente enojado, y no creo que estés realmente enojado.

Niego. Shelby está haciendo un buen trabajo con él.

—¿Tu mamá alguna vez levantó su dedo?

—Solo cuando está conduciendo. —Lucha con una sonrisa—. También dice que no debes usar la palabra I-D-I-O-T-A, pero soy un niño grande, así que no te preocupes por mí. Lo he escuchado antes.

Me río fuertemente y presiono un beso en la parte superior de su cabeza.

—Toma una cerveza, tenemos que tener un momento de hombre a hombre.

Se ríe sin preocupación en el mundo como todo niño pequeño debería y toma su botella de cerveza de raíz, la ve como si fuera la cosa más genial, y luego se acerca más a mí.

—Salud —le digo mientras golpeo mi botella de cerveza contra la parte superior de su cerveza de raíz.

—Salud. —Su sonrisa es radiante.

—Así que… ahora que nos estamos acercando a terminar esto —le digo, señalando a la sala de juegos con las paredes de yeso casi acabadas—, tenemos que empezar a discutir qué tipo de cosas debemos poner dentro. Fútbol de mesa, una mesa de hockey, PS4. Nintendo Switch. Dardos.

—¿Dardos? —pregunta—. No creo que a mi mamá le guste que juegue con eso. Siempre está hablando de cómo puedes darle por accidente a alguien en un ojo y esas cosas.

—Bueno, esa es la mejor parte de estar aquí. Somos hombres, y los hombres no nos preocupamos por esas cosas. Además, tenemos que tener nuestros propios secretos. Es para eso que tenemos el club de chicos aquí. ¿Verdad, Gray?

—Sí. —Se sienta y golpea su cerveza contra la de Brody—. Reglas del club de chicos. Siempre puedes venir aquí y ser un hombre. Eructar. Tirarte un pedo

Otra risita suena.

—No se me permite decir esa palabra en casa —dice rodando los ojos.

—¿Qué palabra? ¿Pedo?

Asiente.

—¿No puedes decirla?

—No. Tengo que decir tirarme un gas. Es tan patético. Sueno como una niña.

—Tendré que hablar con tu madre sobre eso, Brody. Ahí es donde trazo la línea. Un hombre tiene que ser capaz de decir la palabra “pedo” o no se ganará una buena reputación en el patio de recreo. Especialmente ahora que eres un estudiante de preescolar. —Grayson solo me mira y sacude la cabeza—. ¿Qué? No me digas que Luke tampoco puede decirlo.

—Sí puede. De hecho, estoy seguro que cuando regrese a casa de jugar más tarde, escucharé todo sobre pedos.

Una bocina nos interrumpe.

—Tu mamá está aquí.

—Ah, rayos —dice y toma un último puñado de M&M que sabe que su madre no va a dejar que coma.

—Nada de eso —le digo mientras revuelvo la parte superior de su cabello—. Termina tu bebida y ve a tomar tus cosas. Voy a hablar con tu mamá.

Responde estando de acuerdo entre el bocados de M&M que está masticando mientras abraza a Petunia y va a la casa.

—¿Cómo estuvo el club de chicos? —pregunta Shelby mientras se acerca, con la mano protegiéndose los ojos del sol.

—Estuvo bien. Pero, Shelb, ¿lanzarse un gas? Tienes que dejar que el chico diga pedo o se burlarán de él en la escuela.

Comienza a reírse, y es un sonido tan bueno de escuchar después de tanta tristeza.

—¿Eso es lo que le estás enseñando?

—Lo que sucede en el club de chicos, se queda en el club de chicos. — Le guiño un ojo—. ¿Te divertiste?

—Sí. Fue agradable relajarse y sentirse un poco femenina por un rato. Trataron de convencerme para que saliera con ellas el próximo fin de semana, pero todavía no estoy preparada para eso. —Su voz se cae.

—Deberías. Te mereces un poco de tiempo fuera del papel de mami con tus amigas. Drew no querría que estuvieras sola para siempre. —Las palabras me duelen al decirlas. Es como si al decirlas en voz alta significa que realmente nunca regresará. Pero necesita oírlo. Necesita creerlo, incluso si la palidez en su expresión cuando lo hace refleja cómo me siento por dentro.

—Grady… —Sus ojos se encuentran con los míos, y la mirada en ellos me mata—. Hola, cariño. ¿Te divertiste? ¿Estás listo para irnos? —Su rostro se transforma en una máscara de felicidad en el minuto en que Brody viene corriendo a nuestro lado.

—Sí. Fue genial. Hablamos de jugar a los dardos y… —Sus palabras se apagan cuando los ojos de Shelby se abren—. No importa. —Me mira y trata de guiñar un ojo, pero ambos ojos se cierran en su lugar—. Solo cosas de hombre, mamá. No es gran cosa.

—Cosas de hombre —repito y reprimo una carcajada.

—Gracias de nuevo —dice Shelby, y sus ojos se iluminan con humor.

—Cuando quieras. —Los veo subir a su auto y mirarlos mientras se marchan.

—¿Me vas a decir qué demonios está pasando? —pregunta Grayson mientras se acerca a mi lado y me da una cerveza fresca.

—¿Qué quieres decir?

—Ja. Buen intento, hermanito, pero ya no tienes a Brody aquí para protegerte de mis preguntas sobre dónde diablos está Dylan. ¿Ya la asustaste?

Tal vez.

Pienso en la noche anterior. El dolor en sus ojos cuando entró por la puerta trasera. La sorpresa que hizo que su mandíbula se aflojara cuando le conté cómo me sentía realmente. El estremecimiento en su postura cuando le dije que la estaba usando. Y el sabor su beso que casi me mató por alejarme. Si no lo hubiera hecho, la habría usado otra vez, justo ahí.

—No estoy seguro —confieso—. Me desperté en una cama vacía y…

—Una cama vacía implica que estaba ocupada.

—Quita la sonrisa de tu cara.

—¿Así que lo estaba?

—¿Ocupada? Sí. Pero por razones estrictamente platónicas.

—Mentira. —Tose la palabra.

Pero se equivoca. Mi cama ha estado vacía desde que Jett se fue. Vacía, por lo que volvieron las pesadillas.

Excepto que anoche no volvieron.

Por alguna razón, cuando entré de trabajar aquí afuera, no estaba escondida en su habitación. No, estaba dormida en su lado de mi cama. ¿Su lado? ¿Ya le he dado un lado? Y egoístamente opté por no despertarla porque con ella a mi lado, mis pesadillas no venían.

Eso y porque la quería allí.

¿Había entrado allí para esperar que me calmara y accidentalmente se quedó dormida? ¿Todavía estaba molesta y necesitaba compañía?

No lo sé. No pude preguntarle porque se fue sin despertarme para despedirse.

—Me desperté con una nota —le digo, la punzada sigue allí—. Decía que tenía que ir a L.A. durante un par de días para trabajar en algunas de las canciones en el estudio.

—¿Y crees eso?

La forma en que me mira dice que sabe que hay mucho más en juego, pero no lo pregunta directamente. Si fuera Grant, lo haría. Pero Gray es el pacificador y me deja explicar si quiero o dejarlo así si no quiero.

—Sabía que tenía que irse y había estado esperando para saber cuándo estaba programado. De lo contrario, se arriesgaría a violar los términos de su contrato. —Me mira como si no me creyera, y no sé si me creo a mí mismo. Sé que es lo que quiero creer. Sé que es más fácil pensar que se fue debido al trabajo en lugar de huir porque todavía cree que la folle por lástima—. Honestamente, amigo, no estoy seguro de lo que creo cuando se trata de por qué se fue.

—Pregúntate esto, te decepcionó que ella se hubiera ido o soltaste un suspiro de alivio. La respuesta te dirá todo lo que necesitas saber.

 

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