Combust
Epílogo
Dylan
¿Cómo en el infierno hacen esto a diario?
¿Cómo?
Miro las gemelas de mi hermano dormidas en el sofá: a Tessa, que hace menos de una hora tenía espaguetis por todo su rostro, y luego a Mia, que estoy segura que todavía tiene fideos en algún lugar de su cabello. Luego dirijo mi atención a la hija de Emerson y Grant, Gwen, que está en su columpio, y repito el pensamiento, ¿cómo es que hacen esto a diario?
¿Y por qué demonios pensé que podría soportar verlos a los tres al mismo tiempo?
Las insuficiencias de mis habilidades de madre son evidentes.
Pero el caos que era una cacofonía de chillidos y negativas a ir a la cama valió la pena ahora que están dormidos.
Ahora son tan pacíficos y dulces que quiero mirarlos durante horas y horas para que no crezcan durante la noche.
Sigo cantando pequeñas canciones de cuna que mi mamá solía cantarnos a Damon y a mí. Canciones que he escrito para otros. La canción que escribí para mí que sigue en el Billboard Top 100.
Pienso en cómo empezó todo esto con la necesidad de escribir un conjunto de canciones y cuánto ha cambiado desde entonces. Ahora firmé como artista y pertenezco al mismo sello que dejó ir a Jett. Mi madre lleva diez meses sobria, la temporada más larga que ha pasado hasta ahora. Y ahora vivo en Sunnyville, donde puedo vivir con mi mejor amigo, que resulta ser el hombre que amo.
No cambiaría nada de la angustia porque todo me trajo aquí. A Grady.
Justo cuando empiezo una nueva canción, me muevo, viendo a Grady parado allí con los brazos cruzados y el hombro apoyado en el marco de la puerta.
—Hola. —Su sonrisa es amplia y sus ojos llenos de diversión.
—Hola. —Camino hacia él y me pongo un dedo en los labios para que guarde silencio.
—¿Cómo te ha ido?
Me río.
—Loco. Caótico. Agotador. Increíble. —Sonrío y me inclino para darle un beso en los labios. Pero una vez que mis labios están allí, no quiero dejar los suyos todavía, así que alargo el beso un poco más.
Se inclina hacia atrás y sonríe.
—Tienes espaguetis en el cabello —dice mientras extiende la mano y me saca un fideo de la parte superior de la cabeza.
—Estoy segura que ese no es el único lugar donde los tengo —digo y luego capto el humor en sus ojos al mismo tiempo que pienso en él usando la misma frase la primera vez que nos conocimos. Mi sonrisa se ensancha y niego antes de alejarme para empezar a recoger el tornado de juguetes.
Pero Grady me pone las manos en los brazos y me mantiene así. Sus ojos sostienen los míos con una intensidad tácita que no entiendo.
—¿Qué pasa?
Su sonrisa es suave. El movimiento de su cabeza sutil.
—Eres tú.
Mis manos están acariciando mi cabello inmediatamente, buscando más fideos, pero solo se ríe.
—¿Qué?
—Me gusta verte así.
—¿Así como? ¿Frustrada? ¿Un desastre? ¿Sintiendo que no tengo ni idea de lo que estoy haciendo? ¿Qué?
—Todo lo anterior.
—Vaya, gracias.
—Añade preciosa.
—¿Has estado bebiendo con tus hermanos? —me burlo.
—No. En absoluto.
—¿Te sientes bien? ¿Fiebre? —Entrecierro los ojos y lo estudio. En el último año he aprendido a descifrar sus expresiones, pero esta es una que nunca había visto antes.
—Perfectamente bien, ¿por qué?
—¿Entonces de qué estás hablando?
—Me gusta verte así —reitera—. Tú. Cantándole a los bebés con una cocina desordenada y pasta en tu cabello y esa sonrisa en tu rostro. Sé que te amo. Sé que te dije que nosotros viviendo juntos era todo lo que podía darte… pero maldición, Dylan, ya no puedo hacer esto.
El pánico ataca y el latigazo golpea mientras trato de descifrar la contradicción en sus palabras.
—¿Grady?
Entonces es como si se diera cuenta de lo que ha dicho. Enmarca mi rostro con sus manos y se inclina para besarme. Un consuelo físico para detener el pánico repentino que ha causado. Su beso es lento y metódico y está lleno de tanta sensualidad que me gustaría que los niños no estuvieran aquí para que pudiéramos continuar con esto.
—Te mentí, Dylan. —Acaricia sus labios con los míos—. No fue intencional, pero lo hice. Te dije que no podía darte más, pero ¿sabes qué? No creo que haya forma de que pueda darte menos.
—¿Qué quieres decir?
—Quiero entrar en nuestra casa y verte así con nuestros hijos. Daría cualquier cosa por volver a casa del trabajo y tenerlos corriendo y que me encontraran en la entrada como solíamos hacer con mi padre. Quiero tener noches en las que la casa sea un desastre y estemos estresados hasta el tope por el llanto y el alboroto. Quiero lo bueno, lo malo, lo feo en la vida… y lo quiero contigo.
Mis ojos arden con lágrimas, de las buenas, cuando lo miro. Creo que sé lo que está diciendo.
—Te comprometiste conmigo, Dylan. Me has dado tiempo para superar mis miedos y dudas. Te mudaste aquí y renunciaste a tu vida en Hollywood para demostrarme que esto podía funcionar cuando no te prometí nada a cambio.
—No tenías nada más que darme más que tu corazón. Eso es todo lo que quería, Grady, y me has dado eso y más.
—Pero te mereces más, Dylan. Te mereces la cerca blanca y los niños con el rostro pegajoso y las noches en las que una copa de vino una vez que estén dormidos sea el único tipo de satisfacción que necesitas.
Es mi turno de reír y presionar un beso en sus labios.
—El vino es bueno, pero tú eres mucho mejor para satisfacerme.
—Bien —dice—. Porque quiero darte todas esas cosas. Te dije una vez que no quería ser todo tu mundo, sino parte del tuyo. Mentí. No es suficiente. Nunca será suficiente contigo. Quiero ser todo tu mundo, Dyl. Quiero hacer el resto contigo. Quiero llenarlo de amor y risas, niños y mascotas, noches tardías y madrugadas. Solo te quiero a ti.
Extiendo la mano y paso mis dedos por sus mejillas, mis propias palabras escapando de mí en el momento.
—No puedo prometerte que no te preocuparé. Que mi trabajo no te preocupará. Pero puedo prometerte que eres la persona con la que volveré feliz a casa cada noche. Que tú eres con quien quiero volver a casa todas las noches. Sin importar el costo. Cásate conmigo, Dylan. Sé mi esposa. Haz mi vida. Hazme completo.
Estoy asintiendo. Mi boca está abierta, pero no salen palabras. Mis lágrimas están cayendo y aun así no salen palabras.
Y está deslizando un anillo en mi dedo que no puedo ver a través de las lágrimas, la impresión y el amor.
Porque tiene razón. Estaba dispuesta a llegar a un acuerdo. Darle lo que necesitaba porque no necesitaba un pedazo de papel o su apellido para saber que me amaba. Solo lo necesitaba. Nos necesitaba. Y eso era más que suficiente para mí.
Y ahora obtendré la cereza del pastel. El postre inesperado.
Puedo ser una Malone.
—Sí, Grady. Sí —digo finalmente.
Deja salir un grito y me levanta en sus brazos para poder besarme sin sentido.
Nos hundimos en el beso y justo cuando nuestros cuerpos reaccionan con necesidad, Gwen comienza a llorar.
Grady apoya su frente contra la mía y empieza a reírse.
—Dijiste que querías los llantos y quejas —murmuro contra sus labios.
—Eso hice. —Suspira.
Pero nos tomamos un momento más para respirar el aire del otro.
En una cocina desordenada.
Con una pequeña llorando.
Y con nuestros corazones como uno solo.
Dejamos que nuestras cicatrices se enamoren.
Dejamos que nuestros corazones se curaran entre sí.
Y ahora tenemos el resto de nuestras vidas por delante.
Sin importar el costo.
FIN
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