Combust
Prólogo
Dylan
—Wow. Espera un minuto. ¿Qué quieres decir con que tengo que fingir?
—Tu contrato tiene una penalización por no terminar las canciones a tiempo. —La voz calmada y mimosa de mi agente llega a través de la línea, pero tiene el efecto opuesto de lo que esperaba con eso.
—Terminar las canciones a tiempo, lo cual haré, no es el problema. Me estás diciendo que tengo que fingir que todavía estoy saliendo con Jett; ese es el problema. Ya sabes —digo con una voz llena de sarcasmo—, el Jett que encontré follando a Tara-Tetas-Perfectas en nuestra cama. —Mis palabras cuelgan de la línea con tanta convicción, pero mi corazón está explotando.
—Sí, ese Jett. —Su voz está tranquila ahora. Resignada—. Sé que te estoy pidiendo mucho, Dylan. Sé que va a ser difícil, pero sabes lo dudosos que estaban los ejecutivos del sello para firmar con él para otro álbum con su historia.
—¿Historia? —Me río—. ¿Quieres decir destrozar clubes y ser insoportable para trabajar en el estudio? ¿Esa historia?
—Dylan. —Suspira mi nombre—. Saben que está en su mejor comportamiento, pero también saben que es él. El cambio de chico malo a chico bueno nunca ha durado mucho para él en el pasado.
—Y su mala reputación es mi problema… ¿por qué, exactamente? — Me estremezco, ya sabiendo la respuesta.
—Porque eres la única razón por la que firmaron con él de nuevo. Eres la única persona que podría calmarlo. Eres…
—La encantadora de Jett —murmuro, odiando el término que una vez pensé que era lindo. Ahora me doy cuenta que me hizo parecer una tonta ingenua. El silencio cae mientras me pellizco el puente de la nariz. ¿Cómo se supone que voy a hacer que esto funcione?
—Sé que solo ha pasado un día desde que sucedió, pero tal vez una vez que te calmes…
—Estoy fingiendo que no te escuché decir eso, Ava. No hay forma que insinúes que debería pasar por alto lo que Jett me hizo porque sea Jett Kroger. Que no haga nada y aguante. Dime que estoy equivocada.
—Eso no es lo que dije.
—Eso parecía.
—Mira, Dylan… tanto tú como Jett son mis clientes. Quiero lo mejor para ambos, a pesar que actualmente quiero patearle a Jett por lo que hizo… pero lo mejor para ti es terminar este álbum.
—Como dije, ese no es el problema…
—Y hacerlo sin que el sello sepa que ya no están juntos.
—¿Pero por qué? —Levanto mis manos mientras una lágrima frustrada se desliza por mi mejilla.
—Porque los pondrá nerviosos. Los ejecutivos nerviosos pueden demorar o incluso dar el contrato a otro cantante que sea algo más seguro, porque admitámoslo, por más éxito que Jett haya tenido para ellos, es un dolor en el culo. Y si retrasan el álbum…
—Significa que no me pagan —término por ella, pensando en mi madre y sus facturas apilándose. Solo una pieza más del jodido rompecabezas agregado a este caos en el que se ha convertido mi vida.
Suelto un suspiro y ruedo mis hombros, odiando cada cosa sobre mi vida ahora mismo.
—No será fácil. Lo sé. Pero piensa de esta manera… terminar las canciones, fingiendo que tú y Jett siguen siendo un equipo… te mantendrá bajo una luz favorable con el sello. Ya he estado trabajando con ellos para expandir tus colaboraciones de escritura además de trabajar con Jett, por lo que es mejor para ti aguantar un poco.
Me hundo en el sofá, cierro los ojos y aprieto la oreja contra el teléfono. Está en lo correcto. Sé que tiene razón… pero que me maldigan si quiero admitirlo. Y que me maldigan si quiero sentarme cara a cara y escribir canciones con el hombre que acaba de romper mi corazón.
—Bien. —Hay rudeza en mi tono. Cada parte de mí se rebela contra lo que esa palabra acepta.
Cuando abro los ojos, Jett está en todas partes a pesar que su lado del armario está vacío y sus llaves de la casa están en la mesa junto a la puerta principal, donde las dejó. Su gorra de los Dodgers que olvidó cuelga del respaldo de la silla de la cocina. La taza de café de forma extraña que jura hace que el café sepa mejor está al lado de la Keurig. El cojín arrugado en el sofá está donde lo dejó desde la última vez que se quedó dormido allí.
Su colonia perdura. El rasgueo de su guitarra aún resuena. Su risa aún llena los pasillos.
—¿Dylan? —La voz de Ava me devuelve de los pensamientos que no debería tener. Que dado el dolor en mi corazón, daría cualquier cosa por alejar. De los ridículos pensamientos que me hicieron pensar que tal vez fue un error cuando sé muy bien que no lo fue—. ¿Qué tienes que perder?
Mi dignidad.
—Estoy bien. De acuerdo. Obtendrás tus canciones, pero me tengo que ir.
Literalmente.
Me levanto del sofá y me dirijo a la habitación que había estado evitando. La cama está vacía, un colchón sin sábanas, almohadas en el suelo desde que las tiré en un ataque de furia, y me dirijo a mi armario en busca de mi maleta. Cuando agarro su asa, llamo a mi hermano.
—Hola, extraño. —Su voz rompe la presa contra la inundación de lágrimas que he estado tratando de contener.
—Da-Damon.
—¿Qué te hizo ese bastardo?
—Necesito tu ayuda.
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