Combust
Ocho
Grady
Dormir con alguien.
¿Realmente la animé a tener sexo?
Dios, estoy seguro que Damon me regañaría si supiera lo que hice esta noche. Lo que alenté.
Pero Wes Winters no es tan malo. Se me ocurren tipos peores con los que acostarse. Además, es amable y educado y no es de los que se quedan.
Así que, es perfecto.
Pero al carajo si no estoy cuestionando por qué sugerí esto. Por qué lo llamé e inicié una pequeña charla entre ellos. Les pedí un par de tragos y luego sutilmente me fui.
La puerta principal rechina en sus goznes, seguida de una risita y una carcajada. Hay una serie de sonidos de partes de cuerpo chocándose en las paredes mientras avanzan por el pasillo.
Su puerta se cierra, pero aún puedo oírla.
Las risitas se convierten en gemidos.
Y jodido Dios mío. Esos gemidos. Sus gemidos.
Roncos, sexys y…
Son suficientes para endurecerme al instante.
Sí, definitivamente me pregunto por qué hice esto.
Y más aún, me pregunto por qué mi pene está en mi mano y mis pensamientos están en Dylan y cómo la sentí a horcajadas sobre mí la otra noche. La mirada borrosa en sus ojos. El peso de sus tetas contra la tela de su camiseta.
Está gimiendo por alguien más, y a la mierda si no finjo que está gimiendo por mí.
El sabor de ella. El vino en su lengua. Los botones de sus pezones contra mis labios. Lamiendo un camino por la cara interna de su muslo.
Subo mi mano en mi polla. La froto sobre la cabeza. Aprieto los dedos y los deslizo hacia abajo.
Imaginándola.
El calor de su lengua mientras sus labios creados para dar mamadas me envuelven. Provocándome. Tentándome. Chupándome hasta dejarme seco.
Aprieto la base de mi miembro y muevo mi mano hacia arriba y hacia abajo. Escuchando sus gemidos. Sexo estridente. Me masturbo hasta que el líquido pre seminal gotea de la punta, y lo uso como lubricante.
El rosa de su coño. Lo apretado que está. Lo mojada que la he puesto. Cómo se estira a mi alrededor cuando salgo y luego me hundo de nuevo.
Más rápido. Calor y placer. Más fuerte. Fricción y deseo. Una y otra vez.
La tensión de sus muslos alrededor de mis caderas. El rasguño de sus uñas en mi espalda. Su excitación cubriendo mi polla y goteando por mis testículos mientras me entierro en ella. Una. Y otra vez.
Cierro los ojos y echo la cabeza hacia atrás contra la almohada mientras mis piernas se tensan y mi cuerpo me suplica que me corra.
El pulso de sus músculos a medida que su coño se corre sobre mí.
Y solo para mí.
El calor me atraviesa. Hasta los dedos. Luego me golpea de nuevo mientras mi cabeza da vueltas y me corro sobre mi mano, con un gemido en los labios.
Dios mío, voy a ir al infierno.
Me masturbé pensando en Dylan.
Mi compañera de cuarto.
La hermana pequeña de Damon.
Pero que me maldigan si no fue increíble.
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