Combust
Cincuenta
Dylan
Mi necesidad por trabajar es primordial. Mantenerme ocupada para no pensar en Grady.
¿Pero a quién estoy engañando? Ha pasado una semana desde que me fui de Sunnyville, desde que lo dejé con la nota en el mostrador y un beso en sus labios mientras dormía, y siento que un pedazo de mí ha sido dejado atrás.
Emerson tenía razón. Dejé mi corazón allí, pero que me maldigan si le digo eso. Y tampoco me atrevo a responder sus mensajes de texto, porque también la extraño.
¿Quién sabía que ir a Sunnyville para escapar de Jett me haría encontrar una vida completamente diferente que quería conservar?
Acomodo mis hombros mientras miro por las ventanas de la sala de conferencias a la bulliciosa ciudad de abajo. La ciudad que había echado de menos como loca. La que está llena de sueños rotos y estrellas en ascenso. Aquella en la que creía pertenecer, pero en la que ahora me siento como un impostora.
No hay ninguna cerda vagando alrededor para hacerme reír.
No hay un martilleo constante de Grady y sus hermanos mientras trabajan en la sala de juegos.
No hay ninguna radio que se encienda esporádicamente en la noche.
—Dylan, amor. Qué bueno verte. Espero que tu paseo al campo te haya hecho bien.
Me levanto de mi asiento cuando Callum Divish entra en la habitación, el cabello recogido en una cola de caballo y los lentes de sol que ocultan la verdad en sus ojos.
—Es bueno verte de nuevo, Callum. —Nos besamos en el aire las mejillas, como es su moda, antes de sentarnos—. Y así fue.
—Jett viene tarde. Así que empezaremos sin él. —Sacude la cabeza—. Yo diría que el viaje fue bueno para ti y, a su vez, para mí. Las canciones que escribiste… Dylan, son espectaculares. Va a ser terriblemente difícil elegir cuáles poner en el álbum. Realmente te superaste a ti misma.
—Gracias. —Asiento, mi orgullo rebosante mientras mi corazón sabe que la mayoría de esas canciones son sobre Grady. Son sentimientos verdaderos y sinceros.
—Haremos las últimas grabaciones y luego nos reuniremos nuevamente con Kai y el equipo y comenzaremos a decidir cuáles queremos usar.
—Suena genial.
—Mientras tanto…
Agotada es la única manera en que puedo describir cómo me siento.
Estoy completamente exhausta. Desde Jett y su mierda en el estudio, las cosas que ahora veo como una completa inmadurez, hasta mi falta de sueño. Las noches se sienten como un sinfín de vueltas y giros en la cama. Grady no fue el único que encontró consuelo en compartir la misma cama.
Grady.
Mi corazón se retuerce en mi pecho cuando me siento en la computadora como lo he hecho casi todos los días desde que me fui. Ingreso a Sunnyville Gazette y leo lo que está pasando en la ciudad que dejé. Abro un correo electrónico en blanco, escribo la dirección de correo electrónico de Grady y luego lo elimino. Entonces empiezo a escribirle un correo electrónico, pero no sé qué decir. No me ha contactado desde que me fui. No ha enviado mensajes de texto, llamado o enviado una señal de humo. Así que tal vez inventé todo esto en mi cabeza. Tal vez todavía estaba tan fresca y cruda mi ruptura con Jett que vi cosas en Grady que no estaban allí.
Tal vez vino a mi vida solo para enseñarme a dejar ir las cosas.
Eso es una mierda.
Sé que fue real. Sé cómo me sentía.
Como me siento.
Entonces, ¿por qué no hemos hablado?
El cursor parpadea cuando mi correo electrónico me alerta de un mensaje entrante. Voy a la bandeja de entrada y reviso los nuevos. ¿Mi primer pensamiento? No hay ninguno de Grady.
Abro el de mi hermano para ver las nuevas fotos que le había tomado a los gemelos, y contemplo ir a visitarlo cuando Callum le dé a este álbum el visto bueno. Necesito un tiempo en familia. Una conexión con alguien que sepa que no lastimará mi corazón.
Mi computadora suena de nuevo, y aguanto la respiración cuando veo que la remitente es Marcy Holden. Puedo fingir todo lo que quiera que olvidé la sesión de fotos que Grady organizó para mí, pero no lo hice. Simplemente elegí no pensar en ello.
Pero ahora no puedo. Ahora las fotos están al final de este pequeño enlace.
Le doy clic.
Aguanto mi respiración.
Cuando la pantalla se llena de imágenes, una risa nerviosa se escapa de mis labios. Y entonces las lágrimas brotan de mis ojos.
No puedo ser yo en estas. No puedo. Paso las fotos. Una después de la otra. Veo la sonrisa en mi rostro. El descaro en mi expresión. La cautela guardada en mis ojos.
Pero no veo los hoyuelos en mis muslos. No veo la redondez en mis mejillas que trato de contornear. No veo qué tan grandes se ven mis brazos cuando están presionados contra mis costados.
No veo nada de eso. Veo a una mujer tratando de aceptar su sensualidad. Veo a una mujer en la camisola de encaje debajo, un poco incómoda en su piel, pero que está tratando de poseerla. No veo qué tan grandes son sus piernas en los tacones altos, sino la definición en sus pantorrillas y la fuerza en sus piernas.
Veo tonificado donde por lo general veo piel floja.
Veo curvas y sensualidad donde generalmente giro la cabeza y me estremezco.
Veo la belleza donde siempre he visto la fealdad.
Cuando termino el primer escaneo de las fotos, de los cuatro cambios de ropa, de la gama de expresiones que capturó, desde coqueta, a feroz, a recatada; comienzo de nuevo, tratando de comprender que soy realmente yo. Que yo soy ella.
Debió haberlas editado.
Esa es mi conclusión cuando las examino con más detenimiento y trato de desarmarlas. Claro, hay pequeñas cosas que odio, pero las grandes cosas con las que tengo problemas no están ahí.
Debió haberlas editado.
Repito el pensamiento mientras vuelvo al mensaje del correo electrónico de Marcy, las palabras y las instrucciones que pasé por alto porque estaba demasiado ansiosa por ver cómo se veían las imágenes.
Sus palabras me golpean hasta la médula.
Espero que te gusten. Creo que quedaron muy bien. Y antes de refutar lo hermosa que eres con algunas tonterías de humo y espejos, debes saber que no usé edición en ninguna de ellas.
Las lágrimas que amenazaban momentos antes se escapan en una sola lágrima que se desliza por mi mejilla. Vuelvo a las fotos.
Esta es la mujer que vio Grady. La que estaba decidido en hacer que creyera en su valor. Su belleza.
Esta es la mujer que dejó ir sin pedirle que se quedara.
Es un sentimiento agridulce, y uno que parece que no puedo dejar ir.
Levanto mi teléfono, necesito decirle algo, cualquier cosa. Mis dedos tiemblan al marcar. Un suave sollozo se escapa de mis labios cuando su voz se escucha al otro lado de la línea.
—Has llamado a Grady. Probablemente estoy en la estación y es por eso que no contesté. Déjame un mensaje y devolveré la llamada cuando regrese.
Bip.
—Hola. Soy Dylan. Solo quería decir que entiendo ahora. Cómo te sentiste cuando miraste tu foto en el calendario. Gracias por eso. Espero que estés bien. —Te amo. Te extraño. ¿Me extrañas? Cuídate—. Adiós.
Termino la llamada y dejo que caigan las lágrimas. Escuchar su voz es casi peor que no escucharla en absoluto.
Casi.
Porque escucharlo me recuerda que lo que compartimos fue real.
Lo fue.
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