Combust
Veinticinco
Dylan
—Debería haberlo visto venir a un kilómetro de distancia —dice Grady a nadie, seguido de una risa exasperada que me saca de mi habitación para ver de qué está hablando.
Está parado en la puerta trasera, mirando hacia el patio, y odio la pequeña voltereta en mi vientre al verlo allí.
—¿Ver venir qué? —pregunto.
Se da vuelta, su sonrisa ladeada y el cabello despeinado por el sueño.
—Buenos días, dormilona.
—No es tan tarde… oh, lo es —digo cuando miro el reloj para ver que son más de las diez—. Trabajé hasta tarde. Estaba en una buena racha y no quería que se detuviera. Sin embargo, también trabajaste hasta tarde. Me refiero al patio trasero. No en la estación. Pero nunca me pediste que te recogiera. Así que me sorprendió cuando escuché el martillo. Debería haber salido y saludado. Debería…
¿Estoy divagando? Deja de divagar. ¿Cuándo empezaron estos nervios a su alrededor? ¿Y es por eso que me quedé en la cocina y lo observé, pero fui demasiado cobarde para salir y hablar con él? A esto se añade que se sintió incómodo no ir a dormir en la misma habitación que él.
—Sé que lo hiciste. Todavía estabas trabajando cuando me fui a la cama.
—Lo siento si fue demasiado ruidosa y te mantuvo despierto. Perdí la noción del tiempo.
—No. No te disculpes Me gusta escucharte cantar. —Me sonrojo, repentinamente tímida al saber que estaba escuchando—. Es domingo.
Asiento.
—¿Y…?
—Mi familia tiene una tradición dominical de cenar juntos. —Estrecho mis ojos mientras trato de ver a dónde va con esto—. ¿Tienes planes hoy?
—No, ¿por qué?
—¿Quieres ir a cenar conmigo?
—Pero no es la hora de la cena. —Sonrío.
—Tienes razón. No lo es. Déjame empezar de nuevo. —Su sonrisa se ensancha—. Buenos días, Dylan.
Me río.
—Buenos días, Grady.
—Voy a disculparme por adelantado por esto, pero me gustaría saber si tienes algún plan hoy.
—Si no lo tuviera, tu enfoque me está diciendo que debo fingir que sí —continúo.
—No, no es tan malo. —Se ríe—. Es solo que, mi madre está haciendo planes para conocer a la chica que se está quedando en mi casa y es una excusa para que acuda a una cena familiar dominical. Cuando mi papá me trajo a casa anoche, estuvo preguntando por ti… así que debería haber esperado una invitación de mi madre como la que acabo de recibir. — Levanta su celular como si pudiera leer el mensaje o el correo electrónico desde donde estoy.
—¿Para qué?
—Están haciendo una barbacoa en la casa del lago. Invitaron a un grupo de personas, así que no te preocupes, no seremos solo tú, ellos y yo intentando averiguar qué está pasando entre nosotros… pero fuiste invitada.
Invitada. ¿Como amiga o como…?
—¿Una cena dominical de día?
—Sí. Algo así. —Sus hoyuelos se profundizan y cada parte de mí quiere derretirse ante el atractivo de niño pequeño que le dan al cuerpo de un hombre tan viril.
—¿La casa del lago? —pregunto, mi primer pensamiento es que hay agua, lo que significa usar un traje de baño y los trajes de baño y yo no nos llevamos bien en lo más mínimo. O mejor dicho, nos llevamos bien, pero el espejo y yo vistiendo un traje de baño no somos exactamente los mejores amigos.
Y mi segundo pensamiento es que todavía estoy tratando de averiguar qué está pasando entre nosotros, por lo que no es justo que su familia lo sepa antes que yo.
—Sí, la casa del lago. Sol. Una cuerda que se balancea sobre el agua. Buena comida. —Se encoge de hombros y sonríe—. No puedes permanecer encerrada escribiendo para siempre, ¿verdad?
—En realidad, sí puedo. —Me río, pensando en cuántos días me he sentido como un vampiro porque estoy muy metida en un álbum y casi no veo el sol.
—Pero no te dejaré. —Sonríe—. Agarra tu traje de baño y protector solar. No te voy a dejar decir que no.
Traje de baño.
Las tres palabras que temo más que muchas otras.
Y mirando a los cuerpos perfectos en exhibición, mis inseguridades están justificadas y algo más. Ahí están Grant y su esposa, Emerson. Un Grant sin camiseta es un ejemplo perfecto de por qué los chicos Malone parecen tener la reputación de ser injustamente dotados en el departamento de apariencia. Y luego está Emerson, que incluso con unos meses de embarazo, luce impresionante con su pequeño bebé.
El siguiente es Grayson y su pequeño hijo, Luke. Los dos son más que adorables juntos, pero no debería esperar menos, considerando que estoy convencida que no hay un gen rebelde en esta familia.
También hay una gran cantidad de otros amigos, algunos de la estación de bomberos de Grady, creo, pero están flotando en el agua en los neumáticos, por lo que todavía tengo que conocerlos más allá de un saludo a la distancia.
—Tienes un lugar encantador aquí. El paisaje es increíble. —Y lo es. Los pinos se alinean en la orilla del agua, y el sol brilla en el lago. Parece una postal.
—Lo es, ¿no es así? —Betsy Malone, la madre de Grady, me mira con una suave sonrisa en los labios y emoción en sus ojos—. Entonces, Grady me dice que eres compositora.
—Sí.
—¿Y conoció a tu hermano en el campamento de fútbol? ¿Correcto?
Sonrío.
—Sí.
—¿Y tus padres también viven en Los Ángeles?
Espero que no note la rigidez de mi sonrisa. No siempre es lo más cómodo admitir que no tengo idea de dónde está mi padre y la única razón por la que conozco el paradero de mi madre es porque la dirección de su último centro de rehabilitación está en la factura que está en mi bandeja de entrada.
—Sí, en el área de Los Ángeles —miento con facilidad para ocultar mi malestar.
—¿Y te vas a quedar mucho tiempo en Sunnyville?
—Déjala en paz, mamá. Vas a asustar a la pobre mujer antes que Grady tenga la oportunidad de hacerlo —dice Grayson mientras se inclina para robar un trozo de sandía de la mesa donde estamos sentadas.
—Cállate. Solo trato de conocerla mejor, y sé bueno con tu hermano.
—Ella quiere ver cuánto tiempo vas a estar en la ciudad —dice y levanta las cejas—. Está planeando cuándo puede esperar que nazca su próximo nieto.
Suelto una carcajada mientras Betsy extiende su mano para acariciar mi brazo.
—No, no es así, querida. Solo quería saber más de ti.
—Últimas palabras más famosas. —Se ríe—. Apuesto a que si le preguntas a Emerson, ella te dirá que le hicieron las mismas preguntas y mira lo que pasó. Ahora está embarazada.
No puedo evitar sonreír ante su broma y la mirada molesta en el rostro de Betsy mientras lo aleja antes de volver su atención hacia mí.
—Entonces, ¿estarás aquí por mucho tiempo?
Contengo mi risa porque Grayson clavó sus intenciones en mi cabeza. Y tampoco estoy ni un poco desconcertada. Grady me advirtió que intentaría acorralarme y descubrir cuándo llegará el próximo Malone.
¿Es directa? Sí. ¿También es adorable y está locamente enamorada de sus hijos y su familia? Absolutamente, y nadie puede culparla por eso.
—Cuatro o cinco semanas más —respondo, y su sonrisa cae un momento antes de reforzarla.
—Pero volverás, ¿verdad? Quiero decir, ¿te gusta Grady lo suficiente como para volver?
—Sí, me gusta Grady —digo, mi voz se suaviza cuando lo miro lanzándole el balón al hijo de Grayson, Luke. Y por un momento, los observo a los dos, y cuando me doy cuenta, veo a Betsy mirándome con una mirada de complicidad en su rostro.
—Ajá. —Es todo lo que dice.
—Deja tranquila a la pobre Dylan, Betsy —dice el padre de Grady mientras se sienta en el banco de picnic a mi lado y me da un codazo—. Solo ignórala. Es conocida porque espantó a algunas de las mujeres que los chicos han traído a casa en el pasado. —Guiña un ojo mientras ella golpea su brazo y se ríe. Hay un breve intercambio de miradas entre los dos, y su amor mutuo se puede sentir como si fuera tangible.
La risa estalla en el césped cuando Grady trata de evadir las tacleadas de Grayson, pero pone sus manos en la camiseta de Grady y lo derriba.
—Estaría mejor si se deshiciera de la camiseta —murmura el jefe Malone suavemente—. Solo somos nosotros, por el amor de Dios. —Hay dolor en sus palabras. Del tipo parental. Es difícil escucharlo y no sentirlo por ambas partes.
—Está trabajando en eso —murmura Betsy en respuesta, pero la cara del jefe todavía está llena de preocupación mientras observa a su hijo.
No puedo imaginarme lo que debe haber sido ver a su hijo pasar por el horror de su accidente y el largo y oscuro tiempo que tardó en recuperarse. Físicamente. Muy a menudo, nos enfocamos tan intensamente en la persona lesionada que no pensamos en la familia que está detrás de ellos, apoyándolos, amándolos y ayudándolos a sanar. Es incomprensible para mí. Primero tuvieron que pasar por el miedo de perder a su hijo y luego se vieron obligados a verlo luchar. Porque tienen que saber por lo que está pasando, y tiene que ser muy difícil quedarse al margen, en silencio, mientras él lo resuelve por su cuenta.
Demonios, me está matando, y solo he estado aquí por poco tiempo del total de su recuperación.
La radio suena detrás de mí. Alguien llama. En algún lado. Agito mi cabeza ante el hecho que los Malones parecen traer el trabajo con ellos a todas partes.
—Lo sé —dice Betsy y se ríe cuando se da cuenta del porqué estoy sacudiendo la cabeza. Afortunadamente, el jefe no se da cuenta de mi reacción ya que está concentrado en lo que la despachadora está retransmitiendo—. Ese maldito radio es como un apéndice extra para todos mis muchachos, pero te acostumbras. Lo que es peor es que cuando están fuera, encuentras consuelo en escucharlo porque sabes lo que están haciendo. Es diez veces mejor que los horrores que estás imaginando en tu cabeza.
Sostengo sus ojos y asiento. Está en lo correcto… y, sin embargo, todavía es curioso que en esta rara ocasión en que sus tres hijos estén fuera de servicio, todavía están, en cierto sentido, en servicio.
—¿Qué podemos decir? Somos criaturas de costumbres —dice el padre de Grady, sorprendiéndome cuando se acerca y apaga el radio—. ¿Lo estás pasando bien, a pesar del interrogatorio?
—Sí, gracias. Es justo lo que recetó el doctor.
Betsy y el jefe miran hacia donde Grady ha tirado a Luke al suelo y le está haciendo cosquillas antes de mirar hacia mí. La sonrisa, la alegría, en su rostro provoca un aleteo en mi pecho que trato de ignorar, pero no puedo.
—Definitivamente lo es —murmura Betsy.
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