El Librero de Varsovia

Michael O'Brien · Capítulo 16 de 59

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El Librero de Varsovia

Andréi Rubliov

Aquellas fueron las únicas palabras que fue capaz de escribir ese día, pero durante las semanas sucesivas añadió muchas otras, a medida que la grieta en la sólida pared de la prisión se hacía cada vez mayor y continuaba ensanchándose, hasta convertirse en una ventana abierta.

ANDRÉI RUBLIOV

Obra en tres actos Por PAWEL TARNOWSKI

ACTO PRIMERO

ESCENA PRIMERA

A la izquierda del escenario se ve la puerta de entrada a una cabaña. Frente a esta hay un pequeño huerto. El cielo es de un color negroazulado. A la derecha, un hombre se yergue sobre un campo contemplando el amanecer. Los primeros rayos de luz dorada asoman poco a poco por encima de los árboles. Solo se oye el canto de los pájaros. El hombre es Andréi Rubliov, con ropa de campesino.

ANDRÉI

¡Ya asoma el fuego! Padre bueno, sol, échate sobre tu madre, la tierra.

Cúbrela con el calor de tu cuerpo.

El sol se refleja en la cúpula de una lejana iglesia bizantina. Lejos también, se oye el lento tañer de campanas.

Ah, los monjes ya acuden a la oración, y yo me dispongo a realizar la mía.

La oración de la azada y de la frente que suda es buena compañera del éxtasis.

Cantad para mí, padrecitos. ¡Hoy es el día de mi boda!

Andréi clava la azada en el huerto.

Y ahora del alto y radiante sol brotará para nosotros un Salvador, mientras los hombres del duque duermen todo el vino que han bebido y el amor vence a su enemigo, el Tiempo.

Deja la azada y mira hacia la derecha del escenario.

¿Cuándo llegará Masha? ¿Cómo voy a decirle que no sé que hacer?

Primero pienso una cosa y luego la contraria.

A lo lejos se oyen las débiles voces de un coro bizantino. Andréi habla con la tierra que cultiva, como si estuviera predicando.

Escuchad ahora, escuchad… ¿Oís cómo cantan? Sed buenas, semillitas, y si sabéis lo que hay que hacer, brotaréis bajo la tierra y empujaréis y empujaréis en busca de la luz.

Una mujer entra desde el extremo derecho del escenario llevando una capa de color verde oscuro sobre un vestido claro de campesina.

MASHA [enfadada]

¡Andréi! ¿Con quién hablas?

ANDRÉI Mira, Masha, hasta el suelo parece estar bebiendo la música.

MASHA [desesperada]

¡Por mí como si le echas una jarra entera de kvas*! ¡Mira qué aspecto tienes!

Andréi se mira ambas manos y deja caer la tierra que sujetaban.

MASHA [en tono afectuoso]

¡Solo faltan unas horas para la boda, y tú aquí, trabajando en el huerto!

¡Empiezo a darme cuenta de que voy a casarme con un loco!

Andréi hace lo posible por divertirla, hace muecas y baila a su alrededor como si estuviera loco.

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