El Librero de Varsovia

Michael O'Brien · Capítulo 25 de 59

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El Librero de Varsovia

Nikon

Daniil, acompaña a este hombre, lávale los pies y luego dale una cama.

La celda del ya fallecido san Sergio servirá.

Daniil muestra cierta repugnancia pero obedece. Los dos entran en la casa. Nikon, en el centro del escenario, hace dos montones de leños, luego recoge un tercero y se lo queda mirando. La luz empieza a desvanecerse.

¿Será este su último don antes del fin?

¿Un corazón noble escondido bajo esos harapos?

No parece un corazón acostumbrado a la estabilidad.

Es impaciente y joven.

Nikon sigue mirando los leños que lleva en las manos.

Árbol,

madera, buena servidora,

¿qué habrá de hacerse contigo,

un icono o un hombre crucificado?

En nuestro vuelo confuso

no hacemos más que asesinar a los demás.

El orgullo y el miedo alimentan el odio

en esta más que falsa tregua con la noche.

Ha venido vacío y temeroso,

soportando antiguos dolores,

buscando algún trabajo honrado u ofreciendo algo de belleza a cambio de pan para comprar un cansancio que le dé paz, descanso y acaso una muerte digna.

Las estrellas empiezan a aparecer.

Blanca tengo la barba y viejas son mis botas; de vez en cuando veo las raíces de todo lo que crece. Cada noche veo aparecer el universo por encima de los árboles. Quizá esté llegando ya antes de que acabe el año.

Vendrá tal vez con las pezuñas de los tártaros mientras yo duerma. Me pregunto qué es estar muerto. Encenderé la lumbre y me iré a la cama.

Nikon encamina sus pasos hacia la casa. Ahora se detiene y se dirige al público.

La inocencia viene a visitarnos en medio de campos anegados por el miedo. El genio frágil camina todo el invierno a lo largo del abismo de nuestra edad oscura. ¿Es correcto que me desahogue así, pidiendo disculpas y recurriendo a la edad? Creo que no.

Hace una pausa.

¿Será posible que este viejo y roto corazón vuelva a tener esperanza? [elevando la voz y mirando hacia la derecha] ¡Gracias!

[elevando la voz y mirando hacia la izquierda] ¡Gracias! Gracias por enviarme a este niño. Haré lo que pueda por él. Aún no es hora de morir.

Una campana empieza a sonar despacio mientras Nikon entra en la casa.

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