El Librero de Varsovia
Andréi
Por un instante lo he olvidado. He caído en ese estado en que dormimos pero estamos despiertos, viendo cosas que en realidad no vemos.
Tienes que comprenderme… Comprende que para mí soñar ahora es ser más consciente de todo, incluso de lo que tú y yo estamos haciendo aquí.
MASHA [sacudiéndole los hombros]
¡Despierta! ¡Despierta, Andréi!
Dime que este sueño es falso y que esta es tu última locura.
Esto no es de Dios. ¡Esto es por el kvas!
ANDRÉI Este es el vino de Dios.
Y este es el sonido de la trompeta que llama y que llama pero que nadie escucha. Nadie ve ni tampoco escucha. Los cielos se retiran y una Palabra gigantesca se acerca desde el extremo del mundo. Y un reino se precipita hacia donde resuenan las trompetas mientras nosotros dormimos en
nuestras ciudades amuralladas.
MASHA [llorando amargamente] ¡Andréi Rubliov!
Se da la vuelta para salir corriendo, pero él la sujeta por el brazo.
ANDRÉI Masha, querida mía, ¿acaso no conoces al hombre que tienes ahora ante ti? Este corazón
torturado retiene todo un río de cálidas semillas que ansían derramarse por tu campo. Acariciaría el trigo de tu carne y partiríamos juntos con ternura el pan de nuestras fatigas. Los niños que tendríamos son algo real para mí.
MASHA [irritada, indignada] ¡La cháchara eficaz de los amantes!
¡La poesía de Dios! ¡Eres un falso amante y un falso hombre! Me dejas tan sola ahora…
ANDRÉI Entonces, ¿nada hay que pueda darte?
MASHA Nada. Nada. Dámelo todo de ti mismo o no me des nada.
No guardaré un amuleto tuyo para obsesionarme. Lo mejor es que seamos así de crueles. Basta. Rompamos. Acabemos con este duelo entre amantes.
ANDRÉI Quédate por lo menos con el pequeño milagro que he pintado. Soy yo mismo, mi propia y verdadera semilla.
MASHA Me haces daño dándomelo. Me rechazas con este regalo.
Masha recoge el cuadro, lo abraza y se marcha con los ojos abatidos.
ANDRÉI Yo…
La sigue con la mirada. La luz se desvanece. Se oyen campanas sonando a lo lejos.
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