El Librero de Varsovia
Escena Segunda
Andréi aparece sentado junto a un arroyo
con la cabeza entre las manos. A su
espalda hay un pequeño bosque de
abedules sin maleza. Se oye el canto de
los pájaros y el rumor del agua. El
cielo
es de color azul marino, con una o dos estrellas asomando ya.
Andréi alza los ojos hacia un pájaro que pasa.
ANDRÉI
Canta, tú, gloria alada. Canta sobre el infame Andréi Rubliov, que desprecia a una novia para ir detrás de unas voces.
Se oye el trino de una alondra. Andréi empieza a cantar con las mismas notas.
Andréi Rubliov es cruel. Andréi Rubliov no tiene corazón.
Levanta los ojos hacia el cielo que oscurece mientras aparecen más estrellas. La luna empieza a asomar poco a poco sobre las copas de los árboles y atraviesa el cielo a lo largo de toda esta escena.
¡Habla, silencio!
¿Por qué desapareces cuando más te necesito?
Una voz, una palabra, que irrumpa y adquiera alguna forma.
[alzando la voz] Vuelve a mí.
[gritando] ¡Regresa ya!
[despacio, con vehemencia] ¡Renace!
Ahora calla y escucha el silencio.
Nada se oye en la noche. Escucha el silencio de Dios.
Andréi mira a su alrededor.
El bosque ya despierta mientras las ciudades duermen.
¿Qué es lo que querías que viese?
Me siento desamparado ante todo lo que va a ser.
Hay una forma de saber, pero es secreta, como el humo del abedul en el viento.
En este momento todo es confusión de dudas, de esperanzas y preguntas, los disfraces del ser.
Seguir siendo un campesino que pinta o un peregrino en busca de lo que no vemos, engendrar generaciones o ser el padre de un alma…
todas las posibilidades están ante mí. Hay cien mil personas que están por nacer dentro de mí. ¿Soy acaso una nación que no debe llegar a existir? Es el momento de elegir, y veo las formas de las cosas que no son sino un intento por nuestra parte de dar forma a lo desconocido.
Ante mí las tengo. Con mis ojos solo veo la oscuridad; a veces se derraman las estrellas e iluminan una oscuridad más profunda. Es la noche.
Se oye el susurro de los árboles y de una suave brisa.
Pero contemplo los huecos que has abierto entre los árboles.
Es el viento, que todo lo sabe y que los atraviesa con suspiros desde los campos con olor acre y desde las calles tranquilas del pueblo, llevando a casa el suspiro prolongado de los ángeles.
Andréi se abraza a sí mismo y mira el cielo.
Siento estas presencias a mi alrededor.
Son grandes y feroces en las colinas, acechan con sus ojos de cristal y ansían nuestro silencio.
¿Se alegran tal vez cuando por fin vemos las estrellas?
Se oye el crujido de una rama en el bosque. Andréi alza la mirada sobresaltado.
¿Qué bestia me persigue ahora?
Se esconde detrás de los árboles. Una hermosa mujer con un vestido blanco, dorado y rosa con adornos plateados entra bailando desde la izquierda del escenario. Se escucha una música arrebatadora, misteriosa pero también hermosa. La mujer canta las notas del trino de la alondra.
MUJER [cantando]
Andréi Rubliov, ¿dónde estás? [mirando a la derecha]
Andréi Rubliov, ¿dónde estás? [mirando a la izquierda]
Andréi emerge lentamente de la oscuridad.
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