El Librero de Varsovia

Michael O'Brien · Capítulo 22 de 59

Páginas del PDF

El Librero de Varsovia

Kahlia

Hermanito mío, no conoces ni tu propio corazón.

ANDRÉI

Entonces, enséñame lo que sepas de él.

KAHLIA

Yo no he venido a despertar las llamas de Eros si no es en el seno de un vínculo sagrado. Es el amor entre un ser y otro ser lo que canto. En la belleza de este cuerpo masculino y esta gracia femenina es donde dialogan las almas. Pero tú todavía no has aprendido ese lenguaje.

Estás dormido.

ANDRÉI [pellizcándose]

¡Ay! ¡Te aseguro que estoy bastante despierto! Tengo los ojos abiertos. Esta lengua no deja de moverse. Este corazón salta de cima en cima.

KAHLIA

Duermes, duermes, y tu corazón duerme también.

Un día vendré a despertarte bajo un árbol, mi pequeño, mi hermano.

Allí donde te concibió tu madre, justo allí donde dio a luz y te concibió, allí iré a despertarte, porque el amor es más poderoso que la muerte, y es el amor más implacable que Sheol.

Su resplandor es un resplandor de fuego, una llama que viene del mismo Señor.

Ella cruza el escenario y Andréi la sigue a cierta distancia, pero dudando en cada paso. La mujer se vuelve y le habla.

Tú que has llegado hasta mi jardín y has escuchado mi voz, date prisa y vete, mi amado.

Corre como un cervatillo por los montes de las balsameras. Escucha bien y luego sigue tu camino, porque ya nunca volverás a verme así.

La mujer sale bailando por la izquierda del escenario.

ANDRÉI [paralizado, llamándola desesperadamente]

Vuelve, amor mío,

muéstrame tu rostro

ya que tu voz es dulce

y hermosa tu cara.

Se oye el canto persistente de la alondra. Andréi se sienta junto al arroyo. Empieza a soplar el viento y un perro ladra a lo lejos.

«Escucha bien y luego sigue tu camino», ha dicho. «Ya nunca volverás a verme así», ha dicho.

¡Ah, qué poco me gusta el sabor de la contradicción!

Ahora se levanta y empieza a pasear por el escenario.

¿Dónde podré encontrarla?

Ella, a quien mi corazón tanto ama.

Se ha ido ya dejándome un rastro de plumas de añil en las manos, y yo, lo mismo que un ciego, siento la noche entre mis dedos [avanza como a tientas] buscando el mensaje que ha dejado en el viento. Vuelvo a caer en mi sueño. Y lloro, como llorarán mientras duermen los niños que sueñan con volar, y así, igual que los padres que aran la tierra estéril, nada puedo hacer, más que llorar.

Se vuelve a oír el canto de la alondra. Andréi se vuelve y lo escucha con atención.

Kahlia, ¿cómo es que no he de volver a verte más, si tú misma has dicho que vendrás a despertarme bajo un árbol? ¿Debo entonces conformarme con una larga y terrible soledad hasta que llegue ese día?

De nuevo canta la alondra.

Y si debo seguir mi camino, ¿cómo voy a saber cuál es?

Andréi, en el centro del escenario, se sitúa de cara al público y alza la cabeza lo mismo que un ciego.

¿Será entonces que habré de permanecer siempre ciego…? ¿Seré un peregrino que besa y que vaga en solitario aunque no esté solo?

OceanofPDF.com