El Librero de Varsovia

Michael O'Brien · Capítulo 27 de 59

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El Librero de Varsovia

Nikon

Un monje es aquel que lo ha abandonado todo.

Deja el mundo de las cosas y de las almas convertidas en cosas, y llega a ese lugar secreto del corazón donde todo le es dado.

ANDRÉI

¿También la belleza?

NIKON

Sobre todo la belleza.

Pero no en las formas de la belleza que puede poseerse.

Pues poseerla implica matarla. Y esa señora llamada Sabiduría no está dispuesta a permitir la muerte de su hermana pequeña.

ANDRÉI

A menudo me he preguntado por qué hablamos de esto o de aquello con las palabras «él» o «ella».

Ya sé, claro está, que la Belleza es una madre, porque todos hemos bebido de su pecho.

He visto a muchos pecadores convencidos que han cambiado gracias a sus caricias.

Ay, yo también he llegado a sentir su sagrada sonrisa derramándose, sí, hasta lo más profundo de mi propio abismo cuando sufrí mi propio y pequeño apocalipsis

y se dignó visitarme.

Daniil alza los ojos mostrando desprecio y dedica una mueca a Andréi.

NIKON También la sabiduría es una mujer, solo que vieja y fea. A primera vista parece una anciana solterona. Muy pocos la desean. Pero son también muy pocos los que han descubierto su gran secreto: la dulzura de su mirada.

DANIIL A mí dadme la Belleza. Que esa tal Sabiduría se las apañe por su cuenta.

NIKON Antiguamente, al hecho de desearla se le llamaba philosophia: amor a la sabiduría. Y por philokalia se entendía el amor hacia su hermana pequeña, que es la Belleza. Daniil, no podrás conocer a una si no conoces a las dos.

DANIIL ¡Ja, a mí presentadme primero a la más joven!

NIKON

Es a la mayor a quien deberías cortejar.

En la hora de la langosta y de las ramas quebradizas, cuando los arbustos del sagrado fuego no quieran quemarse y tu corazón sea un cuenco que el gélido vendaval vacíe, y se haya dispersado todo tu grano y tu alma se haga estéril, entonces vendrá ella a sentarse en el vacío donde fuiste plantado y donde no se escucha palabra ni voz alguna.

Donde solo un viento absurdo contradiga las malas noticias, ella será tu compañía,

pues ella es la patrona de la tierra inhóspita.

Breve es su teofanía,

pero dura más que la espina que rasga y protege.

Y a lo lejos, en medio de la inmensidad, se lanzarán las abejas amarillas que arrastran el polvo perfectamente conscientes de su vocación. Pero ya habrás hecho de la privación tu hogar, y el único propósito que tengas será no tener ya propósito alguno, y tu única riqueza será el vacío. Mientras los demás consigan que brote la carne fértil de la almendra del Jordán, de la flor del azahar, de la hierba, de las bayas, solo tú serás pisoteado, roto y arrojado al montón de la basura, al fuego.

Los dos novicios contemplan asombrados a su maestro. Daniil se dirige a Andréi, casi tapándose la boca con la mano.

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