El Librero de Varsovia
Escena Tercera
Es de noche. Andréi duerme sobre un colchón al pie del andamio.
Teófanes está pintando en lo más alto, con una lamparilla de aceite y varias velas encendidas por iluminación. Trabaja durante treinta segundos de cara a la pared y de espaldas al público. Tararea la melodía del canto de la Transfiguración que acaba de escucharse.
De repente, Andréi lanza un grito, se despierta y se incorpora un poco. Dejando de pintar por un momento, Teófanes lo mira desde arriba.
TEÓFANES
¿Qué sucede? Pobrecillo, ¿acaso ha cruzado por tu cabeza y al galope un caballo rojo?
Andréi está aturdido. Se frota la cabeza y se sienta frente al público.
ANDRÉI [con vehemencia]
Un sueño.
He visto un árbol,
la zarza ardiente que relucía con el fuego de Dios.
Todos los seres humanos se acercaban para verla, para tocarla y capturar el misterio.
Todos deseaban poseer a Dios.
Deseaban tenerlo sujeto
para no ser poseídos por él.
Le arrancaban las hojas,
lo cortaban en trozos que luego separaban,
hasta que yacía sobre el suelo, desnudo y roto, con la savia rezumando por las sombras de la tierra.
Andréi dirige la mirada hacia arriba, donde está Teófanes.
Y entonces aparecía nuestro amigo Nikon con una túnica de luz. Se arrodillaba junto a mí y me consolaba con la mirada. Y me decía: VOZ DE NIKON
He aquí a los hijos del hombre que habrá en el tiempo que queda.
He aquí a las generaciones que existirán antes del fin.
ANDRÉI «¿Se acerca ya el final?», le preguntaba yo.
VOZ DE NIKON Está muy cerca, aunque a veces se aleja y luego se vuelve a acercar. Queda poco. Antes del fin, la gente de esa época será
irreconocible. Cuando se acerque el advenimiento del Anticristo, las pasiones obnubilarán las mentes. Imperarán el deshonor y la injusticia y el mundo iniciará su agonía, aunque muy pocos verán su causa. El aspecto de la gente habrá cambiado, y será imposible distinguir a los hombres de las mujeres. Esta gente será muy cruel. El amor desaparecerá y reinará el miedo. El engaño y la codicia infectarán a casi todos. La lujuria de todo tipo florecerá y el asesinato de los inocentes se extenderá por todo el mundo; su sangre será como un segundo diluvio. Serán escasos los pastores de verdad. ¡Ay de aquellos que permanezcan en la tierra en esos días, porque perderán del todo la fe! Y por mucho que caminen errantes hacia oriente u occidente, apenas encontrarán a alguien que sepa pronunciar una palabra de la sagrada sabiduría. Y aunque llegaran a escuchar alguna, tampoco la creerían, y aunque la creyeran, tampoco les importaría. Los profetas serán asesinados en las esquinas mientras los niños los observan, y los falsos profetas serán exaltados mientras los mercaderes siguen con sus negocios, ajenos a todo. Los ancianos y las mujeres se esconderán, conscientes de lo que pasa, porque ya lo han visto antes. Y muchos, perturbados por esta conmoción, querrán oír más alto los sonidos de sus musas, como en una pantalla mágica de imágenes y mentiras. Estos infelices vivirán cómodamente sus vidas, ignorantes del engaño del Gran Mentiroso. Borrachos de poder, drogados por el conocimiento, volarán por el aire como pájaros y descenderán hasta el fondo del mar como peces. Querrán cambiar la naturaleza. Harán pedazos la materia y por no encontrar a Dios dirán que nunca ha existido.
TEÓFANES ¿Te ha dicho algo más?
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