El Librero de Varsovia

Michael O'Brien · Capítulo 33 de 59

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El Librero de Varsovia

Acto Tercero

ESCENA PRIMERA

Interior de una catedral. Tres ábsides con las paredes en blanco aparecen frente al público. Unos andamios los cubren de izquierda a derecha hasta la altura de la mitad de los muros. El ábside central muestra un mural incompleto de Cristo. Un anciano encorvado, con una manta cubriéndole los hombros, aparece sentado en lo alto del andamio balanceando las piernas. A su lado hay botes de pintura y gruesos pinceles. Entre jadeos y quejidos, levanta las piernas y mueve el cuerpo de forma que queda de cara al público. Vuelve a balancear las piernas. Es Teófanes el Griego.

TEÓFANES

Cada vez más viejo, cada vez más cansado,

pobre bestia de carga.

En esta tierra salvaje, hasta los genios van hacia la tumba tiritando.

[Gritando] ¡Sirvientes! ¿Dónde están mi vino y mi pan?

[Murmurando] Ay, mi cuerpo añora el sol de Atenas, y mi alma los dorados palacios de Bizancio.

VOZ EN OFF

No, no está permitido. El maestro está trabajando.

DANIIL [desde fuera del escenario]

Pero traemos un mensaje para tu maestro.

Daniil aparece en escena acompañado de Andréi. Daniil lleva la cabeza vendada.

DANIIL

Señor, os traemos un saludo de un viejo amigo vuestro, el monje Nikon, que desgraciadamente ha fallecido. Él nos envía.

TEÓFANES

¿Cómo has dicho? ¿Que ha muerto?

¿Por la edad o por la flecha,

por la fiebre o por la espada?

DANIIL

Por la espada.

TEÓFANES [mostrándose flemático] Ay, la espada. Entonces han sido los tártaros, no hay duda.

DANIIL Su osadía no tiene límites, señor. Hacen lo que se les antoja y no hay nadie capaz de retenerlos.

TEÓFANES

¿Y dices que Nikon ha muerto? ¿Por qué razón os envió a mí? No quedan celdas para dos jóvenes novicios. Estoy bajo la tutela del duque.

DANIIL Honorable Teófanes, yo me llamo Daniil Chernyi, alumno de Nikon en el santo arte. Él me prometió que aquí aprendería la destreza que aún me falta.

TEÓFANES ¿Sabes pintar?

DANIIL Excelentemente, maestro. Se me consideraba el más talentoso de sus aprendices. Y además, sé…

TEÓFANES [con monotonía, como distraído] Ya, ya, ya. ¿Y quién es ese pajarraco que anda detrás de ti?

ANDRÉI Me llamo Andréi Rubliov, maestro.

TEÓFANES ¿Sabes pintar?

ANDRÉI Casi no sé nada.

TEÓFANES Buena respuesta. De haberme dicho que sí, habría llamado a los guardias para que te arrojaran al río. Aquel que se crea a sí mismo el pintor de Dios, nada sabe de Dios ni de iconos.

DANIIL ¡Pero esto lo dice el pintor más grande de todas las Rusias!

TEÓFANES Y de más allá, tanto como Constantinopla.

DANIIL [a Andréi] ¡Qué curiosa mezcla de humildad y orgullo!

TEÓFANES Debes aprender a discernir entre el hombre y el oficio, joven necio.

Teófanes eleva una mirada sufrida al cielo.

Nikon, viejo compañero, ¿qué clase de broma es la que me envías al final de tus días? Mira a este bufón hinchado de orgullo igual que una vejiga.

DANIIL [muy enfadado] ¿Bufón habéis dicho? A diferencia de un pintor cortesano cuyo nombre prefiero no decir, no ando detrás de ningún príncipe para ganar cierta fama. No dependo más que de mí mismo, y en algunos lugares hasta se me considera genial.

TEÓFANES [soltando una carcajada] ¡Bien, bien! Joven genio, aquí tienes al viejo genio. Los dos somos como bolsas llenas de aire caliente, hijo mío. La diferencia entre tú y yo está en

los sesenta años de vida que han ido pinchando la mía. Es esta una verdad tan fina como la hoja de una cuchilla.

Daniil está furioso. Mientras se desarrollaba el diálogo que acaba de producirse, Andréi, sin escuchar, se ha dirigido hasta el ábside central y ahora contempla totalmente ensimismado la pintura del rostro de Cristo. Teófanes mira a Andréi en silencio durante unos segundos y le llama con un gesto. Entre tanto, piensa:

Lo siento en mis huesos. He aquí a un genio frágil; he aquí el futuro.

[En voz alta] ¡Tú, Rubliov! ¿Te gustaría pintar?

ANDRÉI Si así lo deseáis, maestro.

TEÓFANES Entonces pintarás. Serás mi aprendiz.

Andréi se inclina ante el anciano. Teófanes desciende del andamio haciendo un gran esfuerzo.*

DANIIL [sintiéndose ultrajado] ¿Y yo qué?

TEÓFANES ¡Tu arrogancia es tan ingenua que raya la inocencia!

Dime cómo es posible que una pequeña catedral pueda albergar a tres genios.

DANIIL No tengo a dónde ir. El mundo se ha convertido en un lugar peligroso. Si no consigo la protección del duque, seré un genio muerto.

* Esta nota aparece en el libro impreso como parte del diálogo de Teófanes [Nota del escaneador]

Se oye el débil tañido de una campana, una, dos veces.

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