El libro negro

Vasili Grossman · Capítulo 1 de 103

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El libro negro

Introducción a la edición rusa de 1993

 

La historia de El libro negro se asemeja a la historia de nuestro país. También en ella hay muchos hechos aún ocultos o, como se suele decir ahora, «manchas negras». Entrevisté a muchas de las personas que trabajaron en él, leí varios textos sobre el libro que, por suerte, han comenzado a ver la luz ahora, investigué en varios archivos y todo ello me ha permitido desentrañar en parte la enrevesada epopeya de El libro negro.

Durante la guerra, hubo mucha gente que envió a Ilyá Ehrenburg desde el frente de batalla una enorme cantidad de documentos encontrados en los territorios liberados de las fuerzas de ocupación; en las cartas que acompañaban aquellos documentos, sus remitentes le relataban lo que habían visto u oído. A partir de todos esos materiales, Ehrenburg decidió reunir los diarios que le habían sido remitidos, las cartas escritas en vísperas de la muerte, los testimonios acerca de la aniquilación de los judíos perpetrada por los soldados hitlerianos y publicarlos bajo el título El libro negro. Trabajando a cuatro manos con el escritor Vasili Grossman, ambos se dieron a la tarea de hacer una selección de los materiales más notables, que abreviaron, y aclarar aquellos pasajes que podían resultar de difícil comprensión. Grossman y Ehrenburg involucraron en el proyecto a otros escritores y periodistas. A esos efectos, fue creada una Comisión editorial adscrita al Comité Judío Antifascista.

Ya en 1943 Ehrenburg escribe a uno de sus lectores: «Ahora estoy trabajando en El libro negro».

A principios de 1944 la revista Znamia publicó algunos fragmentos del futuro libro bajo el epígrafe «Asesinos del pueblo». El trabajo había concluido y comenzó la batalla por su publicación. Ese mismo año Ehrenburg intervino en una de las reuniones de la Comisión editorial donde, según la versión estenográfica, sostuvo: «Me dijeron: “preparad el libro y si es bueno, será publicado”. Lo que no entiendo es qué significa eso de “si es bueno”, porque aquí no estamos hablando de una novela, cuyo contenido se desconoce…».

En 1945 cesaron los trabajos de la Comisión editorial. A partir de entonces, se encarga directamente al Comité judío, a la sazón presidido por S. Lozovski, la publicación del libro.

Ehrenburg envío cartas a todos los miembros de la desaparecida Comisión agradeciéndoles su colaboración. «Estoy convencido de que el trabajo que habéis hecho no será desconocido por los historiadores», les aseguró.

El 5 de abril de 1945 Lozovski le escribe a Ehrenburg sugiriéndole la publicación de dos volúmenes distintos: uno de ellos contendría los documentos; el otro, los textos preparados por Grossman y el propio Ehrenburg.

El 26 de febrero de 1946 la nueva Comisión organizada por el Comité judío emitió una resolución en la que se leía: «Las dos versiones de El libro negro remitidas para su examen no constituyen la redacción definitiva de los materiales. La comisión considera que los textos presentados contienen relatos demasiado prolijos de la repugnante actividad de los traidores a la patria».

No obstante, ese mismo año apareció la primera parte de El libro negro en Rumania, mientras que en Moscú, el editor Stroguin, responsable de la casa Der Emes, especializada en literatura judía, informó a Grossman que le estaba remitiendo el original de El libro negro para que trabajara en la composición del texto y enviarlo a imprenta. También los registros financieros de I. Feffer, miembro del presidium del Comité Judío Antifascista de la URSS, confirman que de El libro negro estaba a punto de aparecer en la moscovita editorial Der Emes y se encontraba «en proceso editorial».

En 1947 Ehrenburg cedió al Museo judío de Vilnius dos álbumes que contenían 413 páginas de materiales de El libro negro. Dichos materiales fueron cedidos en depósito y para uso del museo.

En su libro Gentes, años, vida, Ilyá Ehrenburg escribió: «Cuando el 20 de noviembre de 1948 fue desmantelado el Comité Judío Antifascista las pruebas de imprenta de El libro negro fueron destruidas y se llevaron las galeradas y el manuscrito». Por esas mismas fechas Ehrenburg recibía de vuelta las carpetas con los materiales cedidos temporalmente al museo de Vilnius.

En 1960 el Museo de historia de Vilnius solicita a Ehrenburg los documentos recopilados sobre la aniquilación de los judíos por parte de los fascistas. Se trataba de un préstamo y, por lo tanto, de una cesión temporal. Un año más tarde, Ehrenburg los solicitó de vuelta. «Los necesito para mi trabajo», les escribió. Las carpetas le fueron devueltas.

En una carta escrita en 1965 Ehrenburg anota lo siguiente: «Hay en marcha negociaciones con la APN en relación con la publicación de El libro negro». Sin embargo, esas gestiones resultaron infructuosas.

El manuscrito acabó en Jerusalén y no fue hasta 1980 que la editorial israelí Tarbut publicó El libro negro en ruso. No obstante, y así se consigna en el prefacio a esa edición, no todos los materiales llegaron a Israel.

En 1970, mientras revisaba el archivo de mi padre, me topé con unas carpetas etiquetadas bajo la rúbrica El libro negro. Consciente de que al KGB le interesaban, las confié al cuidado de varias personas hasta que a principios de los años ochenta conseguí enviarlas a Yad Vashem, el instituto dedicado a la memoria de las víctimas del nazismo y los héroes de la resistencia con sede en Jerusalén. Sabía que allá serían debidamente conservadas.

El pasado mes de enero un conocido mío me entregó una de las copias de El libro negro que habían sido repartidas en 1947. La había recibido de manos de Grossman, a modo de regalo. Alguien había anotado en la página titular: «Para correcciones de imprenta. 14/VI/47». La firma resulta ininteligible. Gracias a esas pruebas de imprenta que sobrevivieron de milagro hemos podido preparar esta edición del libro.

Ehrenburg escribió en sus memorias: «Dediqué muchas energías, mucho tiempo y mucho amor a trabajar en El libro negro… Soñaba con verlo publicado».

Han transcurrido más de cuarenta y cinco años desde entonces y por fin aquel sueño se ve realizado.

IRINA EHRENBURG