El libro negro
La brutalidad de alemanes y rumanos en Kishiniov (Moldavia)
La brutalidad de alemanes y rumanos en Kishiniov
(Moldavia)
Las hordas germano-rumanas ocuparon Kishiniov el 18 de junio de 1941. Establecer el número de judíos y comunistas que permanecían en la ciudad fue uno de los primeros objetivos que se trazaron las nuevas autoridades.
Apenas unos días más tarde el coronel Tudose,[21] comandante de la ciudad, mandó a instalar el gueto. El territorio del gueto comprendía el Mercado Viejo, la calle Staro-Armiánskaya, un tramo de la calle Armiánskaya (por debajo de la calle Jarlámovskaya), toda la calle Irinpólskaya, la Kodinárskaya y algunas otras colindantes con esa zona. El perímetro del gueto fue rodeado por una cerca de alambre de espino. Se habilitaron apenas veintitrés entradas, todas ellas guardadas por soldados.
El 21 de julio un grupo de soldados armados con rifles rodeó el Mercado Ilinsky, la plaza aneja al Mercado, las calles Prinkulóvskaya y Pávlovskaya y otras más en las que vivían familias judías. Los soldados irrumpían en los patios y obligaban a todos los inquilinos de las casas a salir a la calle. No hacían distinciones entre ancianos, enfermos, lisiados, ciegos, paralíticos, mujeres o niños. Toda aquella gente fue obligada a avanzar por la calle Ilínskaya hasta la plaza Droviánaya, donde le tomaron fotografías en presencia de varios altos oficiales alemanes.
Unos días después de la constitución del gueto, el coronel Tudose ordenó detener a cuarenta y cuatro jóvenes de ambos sexos. Se trataba de la flor y nata de la intelectualidad de Kishiniov. Todos fueron llevados fuera de la ciudad en camiones traídos para la ocasión. Cuando llegaron a su destino un oficial eligió a diez de los jóvenes y los apartó del grupo principal. Seguidamente se dirigió a los detenidos con las siguientes palabras: «Todos vosotros sois comunistas, porque sois judíos de Besarabia. Habéis esperado con impaciencia la llegada del poder soviético y ahora esperáis que venga a salvaros de la muerte. Vuestra esperanza es estéril. Cuando nos vimos forzados a retirarnos de Besarabia, os mofasteis del ejército rumano y de sus oficiales. Ahora os ha llegado la hora de responder por vuestras acciones. Y os aseguro que nada ni nadie os salvará».
Por último ordenó que todos fueran ejecutados en grupos de diez. El coronel
Tudose presenció las ejecuciones.[22]
Pocos días después el comandante del gueto ordenó seleccionar a un amplio grupo de personas y destinarlas a trabajar en la construcción de carreteras. Entre los seleccionados estaban M. N. Yaroslavski, los abogados E. P. Grobdruk y V. N. Tselnik, etc. Todos fueron conducidos a las canteras de Guidiach. A lo largo del camino fueron vejados, golpeados con las culatas de los fusiles; también les arrojaron colillas que todavía ardían y les lanzaron escupitajos a la cara. Algunos intentaron protestar contra aquellas vejaciones, pero sus protestas eran ahogadas con salvajes golpizas. Muchos acabaron con costillas y brazos rotos o con la cara ensangrentada.
Aquellos hombres torturados, hambrientos y heridos fueron conducidos de vuelta al gueto. A la mañana siguiente los volvieron a llevar a las afueras de la ciudad y los fusilaron a todos sin excepción. Eran más de trescientas personas.
Los judíos recluidos en el gueto estaban obligados a llevar distintivos que los identificaran. El color de los distintivos variaba casi a diario y resultaba difícil atinar con el que correspondía llevar. No obstante, cualquier error en el distintivo que se llevaba o la ausencia de éste eran castigados con total severidad. A saber, con brutales palizas.
El gueto carecía de baños públicos, de manera que los judíos pasaban semanas enteras sin tomar un baño. Las enfermedades provocadas por la sistemática inanición y la falta de higiene eran muy comunes. Los brotes de fiebre tifoidea y disentería eran frecuentes. La mortalidad era elevada. No pasaba día sin que muriera una treintena de personas en el gueto.
El Consejo judío que presidía el popular activista comunitario G. S. Landau tomó la decisión de abrir un hospital. Pero apenas estuvo instalado el hospital y listo para comenzar a ofrecer sus servicios, el comandante del gueto ordenó incautarse de todas las camas, sábanas y medicamentos que habían sido adquiridos. Ello se hizo por «necesidades del ejército». Los soldados que acudieron al hospital no se anduvieron con miramientos: los enfermos fueron arrastrados fuera de las camas para arrancarles los pijamas.
Más tarde se inauguró un segundo hospital. El doctor Górenbuj fue nombrado su director, mientras que el doctor Sharif se ocupó de la sección de medicina general. A la esposa del presidente del Consejo, la doctora S. I. Michnik-Landau, se le encargó la sección de cirugía y otra mujer, la doctora Berman, tomó a su cargo la sección de medicina interna. La población del gueto estaba condenada a una muerte cierta.
El comandante del gueto prohibió la venta de alimentos a judíos antes de las once de la mañana, cuando después de esa hora resultaba imposible comprar nada comestible en el mercado. Por suerte, unos pocos campesinos desafiaban el peligro y traían alimentos a los condenados. Vera Platónovna Klímova fue una de esas mujeres que llevaban comida al gueto aunque ello entrañaba poner en grave riesgo su vida. Esa mujer humilde y generosa prestó un gran servicio a los habitantes del gueto.
Los soldados alemanes y rumanos aparecían cada mañana en el gueto en busca de fuerza de trabajo. Se llevaban a hombres, mujeres y niños para obligarlos a trabajar en sus casas. Naturalmente, los improvisados empleadores no pagaban a los trabajadores. Tampoco les daban de comer. El comandante tomaba atenta nota de quiénes se resistían a cumplir las órdenes o se mostraban abiertamente hostiles para ajustarles las cuentas en cuanto se presentaba la ocasión. Todos esos «caídos en desgracia» terminaban desapareciendo para siempre.
La actividad del gueto se apagaba completamente a las ocho de la tarde. A partir de esa hora se prohibía salir a la calle. Quien lo hiciera se exponía a ser fusilado de inmediato.
Borrachos como cubas, los oficiales y los soldados irrumpían de noche en las casas y se comportaban con total insolencia: violaban a las jóvenes delante de sus padres y arramblaban con cuanto les parecía apetecible.
En septiembre de 1941 una inesperada orden del general Antonescu dispuso que todos los judíos del gueto fueran trasladados progresivamente al otro lado del río Bug. Una suerte de «aduana» fue establecida en la estación Visternigen de la calle Rishkánovka. Cuando los desplazados pasaban por ella se los despojaba de todas sus ropas y pertenencias. De allí emprendían camino hacia el río Bug, que no llegaban a cruzar jamás. Muchos de ellos encontraron el eterno reposo en los bosques de Orguéyevo, donde fueron masacrados. Los demás murieron ahogados en el Bug.
Tales hechos sangrientos ocurrían con frecuencia cada vez que los judíos eran transferidos de un campo a otro.
Los militares alemanes y rumanos solían practicar una forma de diversión que consistía en obligar a los judíos más débiles a tirar de carros en los que viajaban importantes funcionarios y miembros de sus séquitos. Naturalmente, los exhaustos condenados no eran capaces de soportar aquellos tormentos.
En una ocasión algunos de los prisioneros del gueto consiguieron escapar y refugiarse en la ciudad gracias al concurso de sus amigos no judíos. Las autoridades informaron rápidamente a Antonescu de la fuga y éste emitió una orden que establecía que todo cristiano que diera cobijo a un judío sería fusilado en el acto. A la orden siguió una ola de registros por toda la ciudad. La situación se tornaba cada vez más opresiva.
Una de las prisioneras del gueto, I. F. Ludmer, escapó el 23 de octubre de 1941. Ludmer, una mujer con gran instrucción que había trabajado en las dependencias financieras del gobierno antes del comienzo de la guerra, corrió un gran riesgo, pero consiguió llegar hasta la calle Timiriázeva donde vivía una amiga suya llamada Sofía Konstantínovna Kristi.
A pesar de que la orden de Antonescu era bien conocida por todos los ciudadanos, S. K. Kristi decidió salvar a Ludmer costara lo que costase. A lo largo de siete meses Ludmer permaneció oculta en casa de Kristi. Kristi llegó a ceder a Ludmer su propio documento de identidad, de manera que la Ludmer asumió la identidad de Kristi a efectos oficiales. La integridad y la generosidad de S. K. Kristi salvaron de la muerte a una mujer judía.
G. S. Landau, el presidente del Comité judío, fue el responsable del suministro de alimentos a los judíos encerrados en el gueto, así como de proveer ayuda material a los más necesitados. El dinero y los alimentos llegaban desde Bucarest, donde la comunidad judía local, bajo la dirección del doctor V. Filderman, se desveló por ayudar a los judíos del gueto de Kishiniov. El abogado A. Shapirin fue la persona encargada de coordinar los envíos que se hacían, como es natural, en secreto. Shapirin se disfrazaba de soldado y abandonaba el gueto acompañado de dos convoyes y viajaba hasta Bucarest. Evidentemente, el oficial que ponía los convoyes a su disposición y facilitaba la operación cobraba una jugosa suma de dinero. Los convoyes jamás le perdían pie ni pisada a Shapirin para evitar que escapara. Los responsables del Comité judío de Bucarest le entregaban lo que habían conseguido reunir y Shapirin tomaba el camino de vuelta a Kishiniov. No obstante, la generosidad de los judíos de Bucarest estaba limitada por los enormes impuestos que gravaban sus actividades. Por orden de Antonescu los trabajadores judíos de Rumania tenían que trabajar en obras públicas, empleos por los que no recibían salario alguno. También sus necesidades no hacían más que crecer.
A finales de 1941 el gueto de Kishiniov fue cerrado por orden de Antonescu. Todos los judíos que aún permanecían viviendo dentro de su perímetro fueron trasladados a campos de concentración en Ucrania.
El otoño tocaba a su fin y los fríos comenzaban a ser intensos. Y no obstante el nuevo comandante del gueto, el capitán Paraskivescu, ejecutó la orden con una crueldad inexorable. De hecho, Paraskivescu se ufanó más tarde de haber aniquilado a cuatro mil judíos él solo. Los soldados parecían desquiciados. Sacaban a los enfermos y a las mujeres recién paridas de las camas. Enfermos con fiebres que superaban los cuarenta grados fueron obligados a subir a las carretas; muchos niños fueron separados de sus padres.
Los responsables del Comité judío apelaron a las autoridades militares de la ciudad y les rogaron modificar el proceso de evacuación. Todo fue inútil. Mil doscientas personas desaparecieron por el camino. Todas ellas fueron asesinadas.
Gane Kiperwasser, una de las evacuadas a Balta, consiguió regresar a Kishiniov. Gracias a ella los judíos que aún permanecían en el gueto supieron que todos los caminos al otro lado del río Dniestr estaban llenos de cadáveres.
A. S. Goldenberg, directora de la escuela secundaria para chicas; el talentoso poeta Y. V. Oxner, cuyo seudónimo literario era Jacques Nuar; el periodista E. G. Babad; la doctora L. S. Bábich; el doctor M. A. Talmazkii, su mujer, su hermano, el estudiante P. A. Talmazkii, su hermana, la también estudiante R. A. Talmázkaya, sus padres, A. I. y R. P. Talmazkii; el médico radiólogo S. E. Wasserman, su mujer, su hija y todos los hermanos del doctor que residían en Kishiniov; el doctor G. Sharif, su mujer y el hijo de ambos; el doctor G. S. Yurkovski; las familias de los abogados G. E y P. E Ziskisov y sus hijos; el doctor Guelman y su esposa; el pintor N. M. Hess; los abogados E. L. Godbruk y V. N. Tselnik; A. Shapirin, su mujer y su hija; el editor de crestomatías de literatura rusa P. I. Grinfeld, su esposa y su hermano; la familia de G. M. Kresser, cuya oficina especializada en traducciones al ruso gozaba de una enorme popularidad en Kishiniov (tan sólo E. G. Kressler, mecanógrafa, salvó la vida); A. I. Koropatonizki; el doctor I. A. Guisnfiner, su hermano V. A. Guisnfiner y la familia de éste; el periodista S. E. Puterman y sus dos hermanas; N. O. Steinberg-Rabinovich y su hijo, ambos dentistas; el matrimonio formado por L. y S. Wienstein; I. Ya. Tételman y su familia; Galperin y su familia; el anciano dentista G. A. Levin y su mujer; S. G. Malamud; los cantores A. I. Chervinski y J. Zipris; V. N. Weisman, su mujer e hijos; Yu. N. Weisman, su mujer e hijos; la viuda de R. A. Levin y sus hijos; el profesor S. Hamsa, su mujer y los hijos de ambos; L. Gorenstein y su esposa; el boticario M. Rozenblat; el célebre escultor y filántropo M. G. Grinspun; V. G. Solomonov, gerente de una granja agrícola, y su hija; el ingeniero A. M. Shmarzman; G. K. Lindenbaum, apoderado de la sucursal metropolitana del Banco de Kishiniov y su mujer… Y muchos, muchos más, fueron víctimas de la reclusión en el gueto.
Según el testimonio del doctor S. I. Michnik-Landau los hombres de la Gestapo la emprendieron con los profesionales liberales de Kishiniov apenas tres días después de su arribo a la ciudad. El abogado Aaron Roitman, Kleiman, el doctor Kraminski, el abogado Pinchevski, el doctor Korimski, el doctor Milgrom, Michejin, Kaufman, Markov, Land, Blank, Efrusi, el abogado Yu. M. Slutski y Rirkelman fueron algunas de sus primeras víctimas. Todos fueron conducidos a la sede de la policía política, donde permanecieron durante varias horas. Después, los sacaron a la calle y les ordenaron echar a correr. Bastó que lo hicieran para que las ráfagas alcanzaran sus espaldas. Ninguno sobrevivió.
Fueron muchos los profesionales liberales de Kishiniov que se reconocieron incapaces de soportar las conmociones espirituales y físicas que siguieron a la ocupación. Conscientes de la imposibilidad de hacer frente a los horrores y el caos que les significaba la vida en el gueto, optaron por el suicidio. Entre ellos estuvieron G. S. Landau, presidente del Consejo judío, la doctora Guifeisman, el doctor V. B. Patin y su esposa, el doctor Singer y su esposa, también médico, la doctora S. Ya. Fleksor-Jazán-Erlich y su marido, agrónomo, los médicos B. R. Abramov-Voinov y Sofía Issákovna Grinfeld, y muchos otros.
De acuerdo con los datos recogidos por la comisión metropolitana que se encargó de cuantificar las atrocidades cometidas por los criminales fascistas rumanos y alemanes en la ciudad de Kishiniov el número de ciudadanos soviéticos sometidos a régimen de esclavitud ascendió a 9 299 879 personas fueron fusiladas en el cementerio judío; 350 en la carretera Strashenski; 2015 en la calle Prinkulóvskaya; 519 en la calle Sadóvaya. Quince mil ciudadanos soviéticos perdieron la vida en el perímetro del gueto.
La referida comisión elaboró un listado con los nombres de los bárbaros rumanos y alemanes, así como sus cómplices, culpables de estos crímenes y atrocidades:
1. Mariscal Ion Antonescu: comandante en jefe de las tropas de la Rumania
fascista. Organizador de ejecuciones en masa y la aniquilación de ciudadanos y prisioneros soviéticos.
2. Profesor Alexian: gobernador y organizador de ejecuciones en masa. 3. General Piotr Dimitrescu: comandante del ejército fascista. 4. General de cuerpo de ejército N. Chuperka: comandante de la región
militar.
5. Teniente coronel Rayka-Goria: fiscal militar. 6. Capitán Emil Kirulescu: jurista y fiscal militar. 7. General de brigada I. Arbore: jefe del Estado mayor. 8. Tudose: director de prisión. Fue responsable de numerosas ejecuciones
en masa y torturas a ciudadanos soviéticos, así como del entierro en vida de un gran número de personas.
9. Teniente coronel Fiodor Pogotsa: presidente del tribunal militar.
10. Mayor Ion Kozma: jurista, fiscal militar.
11. Capitán Radoga: fiscal.
12. Mayor Lasdesco: vicejefe del tribunal militar. Responsable de dictar
sentencias de muerte, así como de torturas infligidas a ciudadanos soviéticos.
13. Capitán Luka Popescu: comisario, jefe de policía del Quinto distrito de la
ciudad de Kishiniov. Responsable de arrestos y torturas padecidos por ciudadanos soviéticos.
14. Lucescu: director de prisión. Responsable de arrestos y tormentos
infligidos a ciudadanos soviéticos.
15. Barbalitz: superintendente de la prisión. Responsable de torturas y
vejaciones a los detenidos.
16. Mayor Muntian: responsable de fusilamientos de ciudadanos soviéticos
así como de vejar a los detenidos.
17. Teniente coronel Dimitrescu: comandante del gueto. Responsable de
brutalidades y torturas infligidas a los prisioneros, así como de la ejecución en masa de ciudadanos soviéticos.
18. Fiscal general K. N. Darkan: Responsable de ejecuciones en masa de
ciudadanos soviéticos, especialmente judíos. Dardan, nacido en Besarabia, se desempeñó durante largo tiempo como fiscal del tribunal de Kishiniov.
19. Fiscal general Junka: sus delitos son los mismos que los anotados en la
entrada anterior.
20. Subcomisario Katulchan: responsable de torturas y vejaciones. 21. Fiscal Pokno: responsable de fusilamientos de ciudadanos soviéticos. 22. Capitán Paraskivescu: sirvió en la Gendarmería. Practicó torturas a los
detenidos.
23. Marinescu: fiscal militar.
24. Vasilescu: fiscal.
25. Minevich: director de prisión.
26. Iván Góltsev: comisario de la policía política. 27. Morarnu: comisario de la policía política.
28. Dimitrescu: comisario de policía.
29. Ionescu: comisario de policía.
30. Stoyko: comisario de policía.
31. Borodin: fiscal al servicio de la policía política. 32. Teniente coronel Fiodor logan: presidente de tribunal. 33. Capitán Pogoltsan: fiscal.
34. Beiu: fiscal.
35. Constantinescu: secretario del tribunal militar. 36. Iván Mazilo: jefe de la prisión militar.
Todas las personas mencionadas han sido acusadas de supervisar las torturas, las vejaciones y las ejecuciones a que fueron sometidos ciudadanos soviéticos inocentes y prisioneros de guerra.
AUTOR: L. BAZAROV