Franziska Scheler

Bernard von Brentano · Capítulo 36 de 71

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Franziska Scheler

Capítulo 15

 

Un talento se forma en silencio; una personalidad se forma en el torbellino del mundo.

Goethe

 

1

 

Se había publicado el libro de Leopold. El librero Thomas, hermano del director técnico del Berliner Allgemeine Zeitung, que poseía un negocio grande y prestigioso en la calle Tauentzien, tuvo la amabilidad de exponer seis ejemplares en el escaparate de su tienda. Leopold examinó la edición y le pareció que Herbert Müller se había esmerado mucho. El libro se veía bonito de verdad. En la sobrecubierta había una imagen de Gentz, y la faja tenía un texto conciso y efectivo. Leopold entró en la librería. El señor Thomas se acercó y saludó al joven autor.

—Ha escrito usted un libro apasionante. Me ha gustado leerlo y he aprendido muchas cosas.

—Es muy amable de su parte —dijo Leopold—. ¿Va bien mi libro? ¿Lo compra la gente?

El señor Thomas, que todavía usaba un cuello falso de camisa, introdujo el pulgar derecho en el ojal de su chaleco.

—¿Qué quiere que le responda?, —dijo—, no va del todo bien… Yo diría que está remoloneando todavía, pero bueno, estamos solo en los comienzos, nos enviaron el libro la semana pasada… ¿Ha leído usted algo ya en la prensa? ¡Este libro necesitará buenas críticas!

—Herbert Müller dice que los temas históricos funcionan por sí solos.

El señor Thomas negó con la cabeza.

—Eso es un error… No es cierto. Un libro sobre Napoleón o sobre Goethe sí funciona por sí solo. La gente lo compra como los panecillos recién hechos. Pero sobre Gentz, no. No fue ninguna estrella de primera fila. La mayoría de los clientes no han oído siquiera mencionar su nombre, y el público es una masa indolente. En mi tierra dice la gente que el agua que no has de beber, déjala correr, y eso es válido, literalmente, para nuestro público. ¡Pero usted tiene buenos contactos! Cuando se es un líder del Berliner Allgemeine, los señores colegas se esforzarán un poco, estoy seguro de ello. ¿Es su primer libro?

—Sí.

—Todos mis respetos entonces. ¿Haría usted el favor de escribir su caro nombre en mi ejemplar?

El señor Thomas le tendió a Leopold su estilográfica y Leopold escribió su primer autógrafo.

—Muchas gracias —dijo el señor Thomas enjugando cuidadosamente la tinta con el papel secante.

Una mujer de unos cuarenta años entró en la librería y pagó una cuenta pendiente.

—Esta es una novedad editorial importante —dijo el señor Thomas, y le mostró a la señora el libro de Leopold. La señora hojeó un poco y pareció quedar decepcionada por no encontrar imágenes por ninguna parte.

—Los temas históricos pueden ser cautivadores a veces —dijo ella—. ¿Figura en él algo relacionado con el amor?

—Sí, claro —dijo el señor Thomas—. Gentz fue amante de la hermosa bailarina Fanny Elßler.

—Me lo llevo entonces —dijo la señora—; si no me gusta, lo podré cambiar.

La señora salió de la tienda y el señor Thomas regresó con Leopold.

—Es un libro valiente —dijo él—, y tengo curiosidad por lo que dirá sobre él la prensa de izquierdas.

Las estanterías de libros llegaban hasta el techo de la librería, y Leopold calculó que el señor Thomas poseía por lo menos veinte mil volúmenes. Uno de esos veinte mil, uno frente a los demás diecinueve mil novecientos noventa y nueve ejemplares, era su libro, o calculado con mayor precisión: uno frente a los diecinueve mil novecientos ochenta y nueve ejemplares restantes, ya que el señor Thomas había recibido un lote.

—Su bonita librería es una buena lección de modestia —dijo Leopold.

—¿Por qué?

Leopold le explicó al señor Thomas sus cálculos, y el librero soltó una carcajada tan sonora que la vendedora se volvió a mirar. Pero entonces retomó el tema del que estaba hablando anteriormente.

—¿Ha oído usted ya campanas de lo que dirá la prensa? Me refiero a la prensa de izquierdas.