Inolvidable

Laura Sanz · Capítulo 10 de 40

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Inolvidable

Capítulo 10

Juls

Estaba tomándose un café en la terraza frente a su ordenador mientras intentaba encontrar alguna frase original para el artículo que debía entregar en unas horas — mil palabras sobre los diferentes tipos de edulcorantes naturales— , cuando su móvil emitió un pitido.

No sabía muy bien por qué, pero no sintió sorpresa alguna al ver su nombre en la pantalla, pese a que apenas habían pasado quince horas desde que se despidieron en la puerta del edificio.

Jorge: Estás pensando en mí?

Se le escapó una risita al leer el arrogante texto. Jorge iba a por todas.

Ella también.

Juls: Por supuesto. No hago otra cosa, tanto por la noche como por el día.

La respuesta fue un emoji con sonrisa de medio lado. Poco después entraba otro texto.

Jorge: Qué haces?

Juls: Estoy escribiendo un artículo sobre edulcorantes (y pensando en ti, claro). Y tú?

Jorge: Acabo de terminar un bautismo con un grupo de holandeses. Uno de ellos era un chaval impertinente que me cuestionaba todo el rato y me ha sacado de quicio. Dime algo bonito para que pueda reponerme (aparte de lo de pensar en mí todo el rato).

¿Bautismo? La imagen de un bebé lloroso sobre una pila bautismal acudió a ella y la llevó a fruncir el ceño.

Juls: Bautismo? Creía que estabas trabajando.

Recibió unos cuantos emojis partiéndose de risa.

Jorge: Perdona. Bautismo es como llamamos a la primera inmersión de alguien en buceo. Te animarías a sumergirte conmigo algún día?

Se echó hacia atrás en la silla y asentó los ojos en el techo gris de la terraza mientras se daba golpecitos en el mentón con el móvil. No sabía si bucear era algo que le atrajese o no. Jamás se lo había planteado.

Juls: Me lo pensaré.

Jorge: Hazlo. Y ahora dime algo bonito. No me hagas suplicar.

Los labios de Juls se curvaron en una sonrisa. Se los acarició con el dedo índice, recordando el beso del día anterior. Luego, tecleó con rapidez.

Juls: No besas mal.

Jorge: En serio? Eso es todo?

Al texto le siguió un emoji llorando.

La sonrisa de Juls se hizo más amplia. Permaneció un buen rato sin replicar con los ojos fijos sobre la pantalla hasta que, finalmente, la picardía se mostró en su cara.

Juls: Necesito una repetición para poder constatar si eres bueno de verdad o si lo de ayer fue pura suerte.

Solo cinco segundos más tarde, tenía una contestación.

Jorge: Creo que nos vamos entendiendo. Déjate el miércoles por la tarde libre para mí y tendrás todas las repeticiones que quieras.

Un breve tremor le recorrió el abdomen.

Juls: Hecho .

Jorge: El miércoles te llamo y quedamos. Intenta no pensar demasiado en mí y concéntrate en los edulcorantes (aunque seguro que no son tan dulces como yo).

Ella resopló al tiempo que meneaba la cabeza, divertida a su pesar, al leer la presuntuosa respuesta. Envió un emoji con corazones en los ojos y dejó el móvil a un lado, dispuesta a seguir escribiendo. Releyó lo que tenía hasta el momento:

Numerosos estudios sobre el azúcar y sus efectos sobre la salud han propiciado la búsqueda de nuevas formas de endulzar nuestra dieta sin recurrir al azúcar blanco. Las opciones son muchas más de las que pensamos y sus beneficios están fuera de toda duda.

Como comienzo no estaba mal, ¿no? Asintió con convicción y se sumergió en el apasionante mundo de los edulcorantes naturales mientras ansiaba que llegara el miércoles…

De hecho, no tuvo que esperar tanto para volver a saber de Jorge. Al día siguiente, a las cinco de la tarde, Mariu y ella se tostaban al sol en la playa, cuando recibió un nuevo wasap de él.

Era un meme de un gato con lágrimas en los ojos. Debajo, en letras blancas, se leía: Si vas a estar todo el día dando vueltas por mi cabeza, al menos vístete.

Intentó controlar una risa. Él era ingenioso y parecía estar siempre dispuesto a bromear. Le gustaba.

Le echó una ojeada a Mariu, pero esta tenía los auriculares puestos y no se había enterado de nada.

Se incorporó y se sentó sobre la toalla. Mientras daba golpecitos con el dedo índice sobre la pantalla, sus ojos se perdieron un instante en el infinito, allá donde el agua del mar se encontraba con el límpido cielo azul. A unos cuantos kilómetros de la costa, la pequeña Isla de Benidorm se recortaba contra el horizonte.

Que Jorge estaba interesado en ella era una obviedad. Y que ella sentía lo mismo estaba también bastante claro. Tenía ganas de volver a verle. De volver a besarle y sentir su cuerpo musculoso contra el suyo. De ver su sonrisa y de bromear con él. De escucharle cantar desafinadamente todo su repertorio de canciones de Kiss FM.

Vaciló antes de enviar una respuesta. Podía ser bastante descarada. No.

Quería serlo.

Juls: Sinceramente, tú también estás en mi cabeza y te prefiero sin ropa.

A ese texto le añadió el dibujo de una llama y le dio a enviar. Se quedó mirando el teléfono con un hormigueo en el vientre, aguardando su respuesta.

Jorge: Eres una chica mala mala . Has provocado que se me caiga el móvil el suelo y los niños a los que estoy dando clase se han burlado de mí.

Juls: Estás en la playa?

Jorge: Sí. No estoy lejos de donde estuvimos el sábado. Voy a salir ahora al mar con los niños y las velas. Y tú dónde estás?

Al leer que él estaba cerca de la zona en la que ellas se encontraban, comenzó a girar la cabeza en todas direcciones con inusitado brío.

Juls: En la playa también, donde el otro día.

Jorge: Quizá puedas verme. Mira a tu izquierda y verás las velas de windsurf. Vamos a salir ya al agua . Admira mi cuerpo bronceado, si puedes. Tengo que dejarte ahora. Mañana te llamo.

Juls llevó la vista hacia el lugar que él le había indicado, utilizando su mano como visera. No había mucha gente y su campo de visión estaba despejado. A unos doscientos metros de distancia, no tardó en aparecer un grupo de cinco niños que se internaron en el agua hasta que esta cubrió sus rodillas, después, se encaramaron sobre sus tablas de windsurf y trataron de enderezar las velas. Entre ellos, destacaba una figura más alta que no tuvo ningún problema a la hora de maniobrar con su propia vela. Se había levantado viento hacía un buen rato y este había creado un suave movimiento en el mar, facilitando la práctica de aquel deporte.

Juls se mantuvo expectante para no perderse la escena y vio que dos de los niños tenían problemas para levantar las velas. El instructor, que se deslizaba veloz y con gracia por las olas, como si hubiera nacido entre ellas, hizo un giro sobre sí mismo y regresó para ayudar a sus alumnos.

Finalmente, todos parecieron conseguir su propósito y, minutos después, las velas de colores se adentraban en el mar y se deslizaban en paralelo a la costa, impulsadas por el viento.

Ahora que ya sabía que aquel era Jorge, le resultó fácilmente reconocible, incluso desde la distancia. Su pelo, su cuerpo musculoso debajo del chaleco negro y sus piernas morenas y fuertes. Manejaba su vela en tonalidades azules con pericia y ligereza como si fuera la cosa más fácil del mundo. A Juls, esos movimientos sinuosos le parecieron casi hipnóticos.

— ¿Nos subimos ya? Llevamos aquí mucho rato y tengo un calor que te mueres.

La voz de Mariu la sobresaltó. Había estado tan ensimismada que se había olvidado de que no estaba sola.

— Mira — dijo y señaló al grupo de windsurfistas— . Ese es Jorge.

— ¿Cúal?

— El de la vela azul.

— ¿Cómo lo sabes? — lo preguntó mientras se guarecía del sol con la mano sobre la frente.

— Nos hemos mensajeado y me lo ha dicho.

— Mola — dijo Mariu al cabo de un rato de silencio— . ¿Y los otros?

— Son sus alumnos.

— Quédate si quieres, pero yo me subo a casa. Me estoy derritiendo —

dijo Mariu, poniéndose de pie.

— No. Me voy contigo. Son demasiadas horas de sol.

Se sacudieron la arena, recogieron sus cosas y echaron a andar hacia el camino de tablas que conducía fuera del arenal. Alcanzaron el lavapiés y, mientras aguardaban su turno, Juls no pudo evitar que sus ojos fueran una y otra vez hacia las velas y que siguiesen la azul con interés desmedido. La distancia era muy grande para distinguir gran cosa, no obstante, se embebió en la imagen de Jorge que se deslizaba veloz y elegante por el agua que reflejaba la luz del sol con intensidad.

— ¿Te apetece tomar algo o nos lo tomamos en casa? — preguntó Mariu.

— Mejor en casa — repuso Juls. Estaba cansada de playa y tenía ganas de darse una ducha.

Esperó a que dos niños pequeños terminaran de lavarse los pies y luego ocupó su lugar. Presionó el botón metálico y dejó que el agua fría cayera sobre sus piernas y se llevase los granos de arena. Antes de alejarse, se permitió el lujo de voltear la cara una última vez para echarle un vistazo a Jorge y a su grupo de alumnos. Habían virado y se dirigían en dirección contraria, pero siempre en paralelo a la playa.

Era absurdo, pero una parte de ella se hubiese quedado allí, siguiendo los vaivenes de su vela y de su ocupante.

«Estás tonta», se reprochó en silencio con una suave sacudida de cabeza.

Terminó por alejarse y fue tras Mariu, que se había adelantado.

Para llegar hasta el apartamento había que subir una empinada cuesta a pleno sol, sin sombras bajo las que cobijarse, y no tardaron en detenerse a medio camino. Ambas jadeaban trabajosamente.

— Estoy asfixiada. — Mariu se levantó la larga trenza y se abanicó con la mano.

— Es que llevas una manta incorporada a la nuca. Si tuvieras el pelo como yo.

— Yo tengo la cara ahuevada — dijo con un encogimiento de hombros

— . El pelo corto me sienta fatal.

— Venga, vamos, cara huevo — se burló Juls, dándole un empujón.

Siguieron andando mientras se lanzaban tontos epítetos la una a la otra y soltaban risas tontorronas. La conversación terminó por recaer sobre Jorge y Dani.

— Creo que mañana por la noche no voy a dormir en casa — dijo Mariu con una risita.

— ¿Y eso? ¡Menudo pendón!

— Dani libra y me ha invitado a su casa.

Juls sonrió con fingida severidad.

— Usad protección, niños.

— Sí, mamá — dijo con retintín— . ¿Y tú y Jorge? — Cambió de tema con rapidez, preguntándolo en voz baja.

Se habían detenido frente al semáforo que atravesaba la ancha avenida que había antes de llegar a su calle y estaban rodeadas por otras personas.

— Jorge y yo, pues por ahora nada, aunque no creo que tardemos mucho si las cosas siguen así.

— Hay tensión sexual no resuelta en el ambiente — constató Mariu lo evidente.

— Ufff, mucha — dijo y un suave aleteo se instaló en la boca de su estómago al recordar los besos del fin de semana— . Mucha… — volvió a repetir con voz entrecortada.

El semáforo se puso en verde y Mariu le dio un ligero codazo para animarla a ponerse en marcha.

Gracias a que había dos baños en el piso y la caldera funcionaba muy bien, pudieron ducharse las dos al mismo tiempo. Juls terminó la primera y fue a la cocina a buscar una botella de agua de la nevera. Con ella en la mano, se encaminó a la terraza y tomó asiento en una de las butacas mientras la brisa le agitaba el corto cabello. Encendió el portátil y comenzó a revisar sus emails.

No habían transcurrido más de diez minutos cuando su móvil comenzó a sonar. El corazón le dio un saltito en el pecho pensando que era Jorge, pero al coger el teléfono vio el nombre de su ex y su excitación se enfrió.

Cortó la comunicación con brusquedad, esperando que eso le dejara claro a Sergio que no quería saber nada de él.

Solo veinte segundos después, recibía un wasap.

Sergio: Tengo que hablar contigo. No puedes ignorarme siempre.

«Ya verás como sí».

No se dignó a contestarle. Sergio estaba muerto y enterrado para ella.

No eres lo que estoy buscando, Juls. A tu lado no encuentro emociones.

Quiero marcharme y buscar otra cosa. Esta relación ha sido un error desde el principio. Nunca me has dado lo que yo quería. Eres una tía genial para otro tipo de hombre, pero para mí no eres la adecuada. Necesito mi espacio y tú estás siempre ahí, en todas partes. Y ya no lo aguanto. Estoy agobiado.

Todas aquellas frases hirientes que él le dijo cuando rompieron volvieron a acudir a su cabeza, lacerándola por dentro. Ella tampoco fue demasiado amable con él y terminó por echarle mil cosas en cara, solo que a él no pareció afectarle demasiado. A ella, por el contrario, esa última discusión que tuvieron le hizo muchísimo daño.

Cerró los ojos y trato de borrarle de su mente y centrarse en otra cosa.

Un pitido le anunció la llegada de un nuevo texto. Frustrada, volvió a coger el móvil dispuesta a apagarlo si era necesario, pero no era Sergio.

Jorge: Me has visto? Qué te ha parecido? Soy espectacular sobre la tabla, no lo niegues.

Sonrió con ganas.

Bendito Jorge que venía a sacarla de sus cavilaciones.

Juls: Pero cuál eras tú? El de la vela roja? Ese al que se le caía todo el tiempo?

Jorge: Graciosilla la niña… Pórtate bien si quieres que mañana te lleve a un sitio especial.

Juls: Soy un angelito.

Jorge: Angelito? No me hagas reír. Cómo llevas lo de montar en moto?

Hacía un siglo que no lo hacía, desde que su hermano Félix vendió la que tenía.

Juls: Conducirlas no es lo mío, pero de paquete soy la mejor.

Jorge: Perfecto, te conseguiré un casco. Mañana te llamo y concretamos la hora. No te pongas falda o corremos el riesgo de que no me

pueda concentrar en la carretera.

Se quedó mirando la pantalla con los ojos brillantes.

Juls: No te preocupes, llevaré pantalones… pero muy cortos.

Jorge: Me matas.

Juls dejó el aparato sobre la mesa y se echó hacia atrás en la silla. Se le había formado un pequeño nudo de expectación en la garganta. ¿Qué tenía aquel chico que hacía que se sintiera tan bien? No lo sabía, pero lo estaba disfrutando.

Sergio quedó olvidado por completo.