Inolvidable
Capítulo 20
Jorge
Pese a que sentía los párpados pesados, abrió los ojos, pero la luz proveniente de la ventana que tenía a su izquierda le resultó muy molesta y volvió a cerrarlos.
Le dolía mucho la cabeza. Era como si un tamborilero se hubiera establecido dentro de su cerebro y estuviera practicando su solo de tambor con potencia y entusiasmo. También tenía la boca pastosa y la lengua pegada al paladar. Necesitaba beber algo. Y su vejiga estaba a reventar.
Quería ir al baño.
Un olor a desinfectante, antiséptico, alcohol y algo más indefinido le entró por la nariz. Era un olor que no le resultaba del todo desconocido, aunque tardó en asociarlo con nada.
Olía a hospital.
¿Estaba en un hospital?
Trató de abrir los ojos de nuevo, pero el esfuerzo fue demasiado grande y desistió.
A través de la niebla que cubría sus sentidos, escuchó una voz grave.
— ¿Cómo estás?
Pestañeó unas cuantas veces y trató de enfocar. Era curioso, pero ahora la habitación estaba sumida en penumbra y solo una suave luz proveniente de la cabecera de su ortopédica cama iluminaba el cuarto. Miró por la ventana. Era de noche. Extraño. Solo hacía unos minutos la luz del día había entrado por ese cristal. ¿O habían pasado horas?
— ¿Cómo te encuentras?
La pregunta llegó de nuevo. Provenía de un hombre de mediana edad con el pelo gris y gafas con montura metálica. Llevaba un pijama azul y una bata blanca. Se erguía a los pies de la cama.
Un médico.
— Me… duele mucho… la cabeza — articuló— . Como si me fuera a estallar.
— Es normal. Ahora viene la enfermera y te administra algo para eso.
Soy el doctor Quesada.
Tragó saliva con dificultad. De alguna manera le molestaba el tono paternalista que estaba empleando el médico para hablar con él, pero se sentía demasiado débil para protestar.
— Jorge.
Una figura alta emergió de la oscuridad y se plantó a su lado.
Clavó los ojos en el rostro de su padre. La ansiedad le borraba la expresión afable que siempre llevaba en el semblante. Nunca le había visto tan preocupado.
— Hola, papá… — murmuró.
Tony Alba suspiró y una trémula sonrisa acudió a sus labios.
— ¿Estoy… en un hospital? ¿Por qué?
— ¿Recuerdas el accidente? — Era la voz del doctor.
¿Accidente? ¿Qué accidente?
Frunció el ceño e intentó traer a su memoria aquel recuerdo, pero ante él solo se mostraba un vacío negro y desolador. Cerró los ojos y se forzó a pensar, pero una sensación de angustia se le concentró en el estómago.
— ¿Accidente…? No… lo recuerdo. ¿Qué… ha pasado?
— No pasa nada. No te preocupes — le aseguró el médico— .
¿Recuerdas la conversación que hemos tenido esta mañana?
— Eh… ¿esta mañana? — La confusión le invadió.
— Esta mañana te hemos despertado y hemos intercambiado unas frases, pero no pasa nada si no lo recuerdas. Estabas muy desorientado.
— ¿Despertado?
Cuanto más hablaba el doctor Quesada más desconcertado se hallaba.
¿Despertado? ¿Cómo que despertado? ¿Cuántos días llevaba allí?
En ese instante, una enfermera accedió a la habitación y el médico se giró y le dijo algo que Jorge no logró entender. Ella abandonó el cuarto.
— Tuviste un accidente de tráfico — continuó el galeno, dirigiéndose a él— . Sufriste una lesión en el cráneo. Te hemos mantenido en coma
inducido unos días para darle tiempo a tu cerebro a que se cure mientras la inflamación disminuye.
Jorge se había perdido en la explicación. Solo las primeras palabras resonaban en su cabeza: Accidente de tráfico . ¿Qué había sucedido?
La enfermera regresó y se acercó al gotero. Inyectó algo en él mientras hablaba en voz baja con el médico.
— Estamos muy contentos de que te hayas recuperado, Jorge —
intervino su padre— . Estamos todos aquí. Los demás están fuera, esperando. Tienen muchas ganas de verte.
— Eh… vale. ¿Todos?
— Mamá y tus hermanos.
— ¿Y Claudia?
Su padre le miró de un modo extraño.
— ¿Claudia?
— ¿Está bien ella?
— Eh… supongo que sí.
— ¿No iba ella conmigo en el coche cuando el accidente?
— No. Tú no conducías. Te atropelló un coche… — El tono de voz de su padre era crudo. Le lanzó una peculiar mirada al doctor que Jorge no se detuvo a analizar.
¿Un atropello? No recordaba nada en absoluto.
— ¿Claudia no ha… venido a… visitarme?
No sabía qué era lo que le había puesto la enfermera en el suero, pero su dolor de cabeza iba disminuyendo y comenzaba a encontrarse muy somnoliento.
— Jorge, ¿qué es lo último que recuerdas? — La cara del doctor apareció en su campo de visión. Tenía la frente arrugada como si estuviera preocupado.
— Eh… Que volvía de Londres con mis amigos. Claudia, mi novia —
aclaró— , me estaba esperando en el aeropuerto y fuimos al parking a buscar el coche… Después de eso nada más.
Una exclamación ahogada brotó de la boca de Tony Alba.
— Doctor, usted dijo que todo iba muy bien. Ese viaje a Londres del que habla ocurrió hace tiempo. — El apremio fue claramente apreciable en su
voz.
— Una lesión cerebral no es como un hueso roto, señor Alba. El cerebro es menos previsible. A veces, según como el tejido inflamado presione contra el cráneo puede provocar cierta discapacidad.
— ¿Discapacidad?
Jorge podía escuchar las palabras con claridad, pero sentía como si todo aquello no fuera con él, como si la escena estuviera transcurriendo en paralelo y él fuese un mero espectador. No se veía capacitado para seguir aquella conversación. Estaba exhausto.
— Aunque está despierto, la inflamación puede originar confusión, pérdida de memoria y cambios de humor erráticos, pero es normal —
prosiguió el médico.
— ¿Normal?
Jorge cerró los ojos.
Lo más importante era que Claudia estaba bien.