¡Pantaletas!

Armando Ramírez · Capítulo 17 de 49

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¡Pantaletas!

Capítulo 17

—Mi muchacho —me abrazó. Me besó. Bebimos, me dijo—: Yo quiero que tú estés bien y lo que quiere tu mamá, que estudies, porque cree que con un título te va a ir bien. Estudia. A lo mejor con los libros te pones abusado. Sólo una cosa, ¡por vida tuya!, no la vayas a embarazar. Ámala. Sufre, pero no la cagues con un hijo porque entonces no vas a terminar tu carrera. Y ahí sí me encabronaría contigo porque harías sufrir mucho a tu madre. ¡Conste que te lo advierto, güey!

 

17

Las aves de mal agüero revoloteaban sobre el universo del Maciosare. Un buen día, muy tempranito, a la puerta de nuestra casa llegó el Taquero, el papá de la Chancla, acompañado de dos policías.

 

Al principio, mi mamacita santa se espantó a tal grado, que le habló por teléfono a mi papá, en su trabajo, para decirle que los policías y el papá de la Chancla me llevaban a la comisaría.

El agente del Ministerio Público, un señor muy propio, de lentes de fondo de botella, ante las miradas agresivas de la familia de la Chancla, me preguntó:

—¿Dónde tienes escondida a la señorita Chancla Pedroza?

Yo que me zurraba de miedo, me paralicé, no me salía ni un sonido, luego los doctores dirían que fue pánico escénico; pero el señor Juez en ese momento no lo entendió así, pensó que era lenón.

El Taquero, que echaba espuma por la boca, me decía con amor paternal:

—Hijo de la chingada, en dónde tienes a mi hijita. Dilo, porque si no te voy a romper cuanta madre tienes. Devuélvenos a la niña.

El Ministerio Público con voz monótona sólo murmuraba:

—Señor, por favor, guarde el orden. Joven, hable, que nada le cuesta.

Mi mamacita, con la enjundia que le caracteriza se metió al argüende e hizo entrar en razón al Eme Pe de que el Maciosare no estaba solo, tenía a su madrecita abnegada.

—Pero no, señor licenciado, con su permiso, qué no está viendo que mi hijo está mudo de miedo. Mire nada más a ese orangután amenazándolo. ¿Dónde está el país de leyes que dijo Don Benito Juárez?

El Eme Pe de manera curiosa se limpió sus lentes, quería mirarme la barba o algo así, se acercó a mi cara y preguntó:

—A ver, déjame verte. ¿Cuántos años tienes? Mmm, ya te está saliendo la barba, hijo, bueno, unos cuantos pelos, en honor a Moctezuma.

—Pues qué no ve que está haciendo su servicio militar —dijo de manera heroica mi mamá y más se engalló cuando vio llegar a mi papá—: Es un chiquillo, señor licenciado. Un menor de edad.

Yo ni pelaba la acción, pensaba: «¿En dónde andaría la Chancla?».

—Okey, señora, vamos a ver. Escúchame, mi hijo, nada más quiero que me digas dónde está la señorita… ¿cómo le dicen…?

Alguien gritó:

—¡La Chancla…! —el Juez con sabiduría reflexionó:

—Ay, eso ya lo sé, ¡metiche!, yo quiero…, bueno, dime hijito, ¿es tu amiga o qué?

El Taquero airado gritó:

—Brincos diera el güey, de seguro se la llevó a la fuerza, la ha de tener raptada, quiero decir secuestrada, señor juez. Déle una calentada para que diga dónde la tiene.

El Juez con ternura me dijo:

—Ándale, hijo, dime… Yo sé lo que es eso del amor, de repente se nos mete la calentura y no pensamos lo que hacemos. ¿En qué hotel la dejaste?

Mi papá como siempre solucionó el conflicto:

—Señor Juez, señor Juez, déme chance —y zas, que me mete tremendo guamazo en la nuca. Sentí sus cinco dedos alborotando mis neuronas. Qué no ven que se paralizó; y que me mete otro mazapanazo.

—Ya señor, tampoco, va a dejar a su hijo menso —dijo el Juez.

—Yyyyo no sé… —comencé a decir aletargado, dejando al auditorio, como Cristo los dejó cuando convirtió las piedras en panes. Ddddesde hace días no la veo, de-de-des-de que fue a estudiar a la casa del maestro Vacunin, para los exámenes finales.

El Juez vio al Taquero. El Taquero buscó a su esposa. El Juez me preguntó:

—¿Y el maestro… Culín… dónde vive, hijo?

—Vacunin, señor Juez, se llama Vacunin…

—Está bien, hijito, Vaculín, dónde vive.

—En la calle de Jalapa, en la Roma. Pero la Chancla me dijo que de ahí se iba a ir al casamiento de su tía…

—En la madre… —exclamó el señor Taquero.

Con la mirada el Juez pidió una explicación al rey del taco.

—Sí se casó mi hermana, pero la Chanclita no quiso ir porque iba a tener exammm… —el papá como iluminado por un rayo, dijo—: Señor Juez, ¿y no, el maestro Vacunin, la estará exammm…? —el Taquero hizo como un mudo y salió corriendo de la Delegación de policía…

Bara, bara, baratita, señito, pantaletitas para las chiquillas crecidas.