¿Para qué sirve este botón?

Bruce Dickinson · Capítulo 40 de 48

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¿Para qué sirve este botón?

El versátil Bruce

 

Mi condición de piloto hizo que una compañía de televisión se pusiera en contacto conmigo para hacer un programa documental para el Discovery Channel. El título era Flying Heavy Metal.

Había rodado vídeos musicales y todavía estaba ocupado haciendo malabarismos con el guion de Chemical Wedding, pero los documentales de televisión eran un territorio inexplorado. Como todo lo demás, fue un proceso de aprendizaje, arduo pero agradable.

La idea inicial estaba bastante desestructurada, y se basaba principalmente en el hecho de tenerme deambulando de aquí para allá pilotando aviones. No me gustan los programas que se basan en los famosos. Yo quería una estructura adecuada y una historia. El estilo de presentación podría incidir en la perspectiva de la celebridad, pero el contenido debía tener un fondo sólido. Ricochet, la compañía de producción, pedía tres meses para filmar cinco episodios de media hora; les dije que podía hacerlo en un tercio de ese tiempo, incluidas dos semanas en Estados Unidos.

Como resultado, el calendario quedó bastante apretado, con largos días de rodaje, pero los resultados fueron fantásticos. Siempre hubo un cierto grado de tensión sobre el guion, pues era demasiado simple; así que frecuentemente lo ignoré, reescribiéndolo sobre la marcha.

La mayoría de los mejores fragmentos de las entrevistas que hice nunca se incluyeron en la serie, de lo contrario habríamos grabado diez programas de una hora, y entonces sí que habríamos estado filmando durante tres meses.

Una sesión típica fue cuando piloté el prototipo del Airbus A320. Como estaba lleno de equipos experimentales, pude volar legalmente con un piloto de prueba a bordo. En consecuencia, podría hacer cosas que la mayoría de los pilotos de Airbus solo habían hecho en un simulador; la caída de cola sobre los Pirineos o los motores en ralentí son solo un ejemplo. El Airbus tiene todo tipo de protecciones incorporadas en sus controles de vuelo normales para evitar un mal manejo, y una de ellas es que el sistema de control de la aeronave no permite un ángulo de inclinación superior a sesenta grados.

El director, que se mantenía oculto, tumbado sobre el suelo de la cabina detrás de mi asiento, enfocaba la cámara hacia mí desde atrás, y las cámaras GoPro capturaban mi rostro.

—¿Puedes decir: «Sesenta grados y el Airbus dice que no gires más»? — gritó, mientras yo hacía girar el avión sobre su costado.

—Está bien —respondí, y dije la frase.

—Vaya, una vez más; el sol quedaba un poco raro en tu cara.

El piloto de pruebas se inclinó y me susurró suavemente al oído.

—No lo sostengas a sesenta demasiado tiempo, tío. Las leyes de la física siguen vigentes.

Más tarde, en Estados Unidos, debía pilotar un Boeing 727. El avión era un carguero vacío. El director del documental fue muy claro.

—Ahora, escucha. No estás asegurado para despegar ni aterrizar.

—De acuerdo.

El capitán se sentó en su asiento, y también había un ingeniero de vuelo a bordo que era un cerebrito. Arrancamos los motores y rodamos hasta la posición en pista, desierta en medio de los Everglades.

—Pilotas 757, ¿no? —preguntó el capitán.

—Sí.

—Un avión fantástico. Yo también lo pilotaba. —Se quedó un momento pensativo y, luego, añadió—: Llamadas y procedimientos estándar de Boeing; tienes el control.

Para mi sorpresa, una mano peluda agarró las tres palancas de aceleración y las empujó hacia delante para establecer el impulso de despegue. Era el ingeniero de vuelo, y ese era su trabajo. El avión comenzó a moverse; mis manos estaban en la columna de control, los pies, en los pedales del timón.

—¿Qué haces? —chilló el director.

—Despegar.

—Pero no estás asegurado —jadeó.

—No, pero yo sí. —Sonrió el capitán mientras tiraba de los controles, y la sublime creación de Boeing se lanzó con elegancia hacia el cálido aire de Florida.

El documental empezó a emitirse a principios de 2005; fue un gran éxito y, sorprendentemente, logró un buen índice de audiencia entre el público femenino, para regocijo de la cadena.

Hice un documental más para televisión, aunque me ofrecieron la mayor parte de la serie si quería. Sky estaba produciendo una serie de programas titulados Inside… (Dentro de…) seguido del tema. Uno fue Inside Wayne Rooney, por ejemplo. El productor había encargado Flying Heavy Metal y había pasado de Discovery Channel. Almorzamos y hablamos sobre mi participación, lo cual me hizo sentir terriblemente mayor.

—Realmente no tengo tiempo. Sé cuánto tiempo llevan estas cosas. Dime, ¿cuál es el más chiflado que tienes? —pregunté.

—Dentro de la combustión humana espontánea.

—Genial. Una chaladura total. ¿Puedo hacer solo eso?

Los documentales son divertidos porque convierten el conocimiento en entretenimiento, sin embargo, he rechazado más de veinte series desde entonces. Simplemente, no tengo tiempo.