¿Para qué sirve este botón?

Bruce Dickinson · Capítulo 45 de 48

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Enfrentarse a la tormenta

Enfrentarse a la

tormenta

 

Después del verano quise despejar el camino para lo que iba a ser un álbum de Iron Maiden muy importante. Steve no estaba contento con prepararlo en un estudio de ensayo; tenía su motivo. Cualquiera podría colocarse fuera con una grabadora digital y piratear el álbum incluso antes de que lo grabáramos. En lugar de eso, fuimos directamente al estudio de grabación, donde ensayamos, escribimos y grabamos, todo en el mismo lugar. Fue una de las mejores decisiones que pudimos tomar.

Había planteado la posibilidad de alquilar un gran avión para una gira mundial. Rod daba saltos de emoción, entusiasmado con la idea. La gira daría comienzo en febrero de 2015. Teníamos tanto material entre manos que el disco se convirtió rápidamente en un álbum doble. En cuanto a mí, lo de la grabación digital supuso tener que intentar poner a mis dedos a tocar el piano. Tenía dos canciones de aviación en el álbum, una era Death or Glory —sobre el Barón Rojo y la vida y la muerte en primera línea en la guerra aérea— y la otra era Empire of the Clouds, mi obra épica a dos dedos al piano.

Me senté en casa con un piano eléctrico muy modesto que había ganado en una rifa benéfica y comencé a juguetear con él, comencé con algunas escalas pequeñas y una introducción evocadora. El plan era escribir un combate aéreo épico de la Gran Guerra, y una introducción al piano iniciaba la canción. Death or Glory, sin embargo, lo resumía todo de forma mucho más breve.

Tengo en casa algunos artefactos que compré en una subasta de antigüedades de aeronaves. En la subasta, todo lo alemán iba a precios absurdos: vajillas, pedazos de aluminio de zepelines estrellados, todo por un montón de dinero. Lo que me interesaba a mí era el patrimonio aeronáutico británico. Había dos artículos en particular que me parecieron fascinantes. Uno de ellos era un reloj de bolsillo de uno de los pocos supervivientes del R101, el dirigible británico que se estrelló trágicamente en su primer viaje, matando a la mayoría de los que iban a bordo; el otro era una jarra de cerveza del R101, posiblemente un artículo promocional. Era una caja repujada en cuero con una jarra de peltre en su interior. Decolorada en el cuero marrón se podía ver la aeronave misma, junto con su matrícula, G-FAAW.

Alrededor del borde de peltre estaba inscrito: «La tripulación le da la bienvenida a bordo». Una noche, después de llegar del pub, me senté a tocar la introducción una y otra vez. En mi estantería tenía varios tomos raros de dirigibles; uno de ellos, To Ride the Storm, es un análisis clásico del accidente del R101.

Cerré los ojos y, en lugar de ver una hilera de aviones de la Primera Guerra Mundial al alba, con niebla entre los árboles y la escarcha convirtiéndose en rocío en sus alas, vi un gran cigarro plateado suspendido en el cielo.

Podía tocar la jarra de peltre y el reloj. Eran un vínculo tangible con el fatídico día del accidente, y me condujeron hacia el piano del estudio —uno de cola esta vez—, donde estuve sentado hasta mucho después de que el resto de la banda se hubiera ido a casa. Empire of the Clouds se convirtió en la historia del R101, la máquina voladora más grande que el mundo haya visto jamás, tan grande que todo el Titanic habría cabido en su interior.

Era una historia de error humano, arrogancia, compasión, heroísmo y pura mala suerte. El resto del álbum no era menos ambicioso, y a menos que una canción fuera breve por razones obvias, no vimos ningún motivo para transigir en base a la idea de la escasa capacidad de atención de la gente. Los seguidores de Iron Maiden están bastante acostumbrados a activar sus cerebros.

Cuando llegó Kevin Shirley, nuestro productor, ya teníamos dos o tres canciones listas para arrancar, y el resto estaban en curso. Una vez que nos metimos de lleno en la grabación, trabajamos rápido. Maiden es una curiosa mezcla entre tocar a la antigua usanza (todo muy auténtico) y al mismo tiempo usar las nuevas tecnologías simplemente para representar lo que hacemos de una forma natural.

Los discos duros digitales básicamente nos permitieron capturar todo sonido (bueno, malo o indiferente) que tocásemos. Debido a la disposición interna del estudio, era fácil agruparse en un círculo alrededor de la batería. La anterior naturaleza del edificio, como cine de los años treinta, configuraba una sala para percusión inmejorable. Los recovecos de las paredes albergaban por separado altavoces de guitarra. Cada músico tenía su propia mezcla de auriculares, controlada por una pequeña mesa de mezclas individual situada justo a su lado.

Toda la configuración del monitor le correspondía a Kevin, y era la clave para que alcanzásemos los resultados.

El 6 de octubre comenzamos, paradójicamente con The Great Unknown, y el 25 de noviembre, finalmente, acabamos con Empire of the Clouds en la fase de mezcla.

El 12 de diciembre me diagnosticaron cáncer de cabeza y cuello, y el mundo se detuvo en seco.