Ansia (Serie Crave 3)
100. Humpty Dumpty no tiene nada que ver con nosotros
100
Humpty Dumpty no tiene nada
que ver con nosotros
Jaxon ruge cuando golpea la pared junto a la puerta con tanta fuerza como para dejar la marca de todo su cuerpo en piedra de siglos de antigüedad. Se recupera más rápido de lo que creía posible y carga contra Hudson de nuevo, que está en medio de la sala intentando recuperar el aliento, pero por su rostro está claro que ya ha tenido suficiente.
Jaxon le lanza un puñetazo, pero Hudson se agacha y consigue esquivarlo. Cuando Jaxon se vuelve e intenta usar su telequinesis de nuevo, Hudson gruñe.
—¡No te atrevas! —Segundos después el mármol por debajo de Jaxon estalla, y cae a un agujero de medio metro.
Pero, con un hábil movimiento, sale de él de un salto, con Hudson en su punto de mira. Su hermano, que hace ya rato que ha perdido la paciencia, le devuelve la mirada, y temo que puedan matarse el uno al otro si nadie hace nada.
No debo de ser la única, porque Mekhi, Luca, Eden y Flint literalmente saltan sobre Jaxon, mientras que yo corro hacia Hudson.
—¡Basta! —grito y se queda helado, con los ojos muy abiertos.
Y lo entiendo. Estoy segura de que no he sonado así en mi vida, pero, joder, no pienso dejar que estas dos personas a las que tanto quiero se destruyan la una a la otra en mi presencia. De eso nada.
—Tienes que dejarlo estar —le digo. Y sí, soy consciente de lo injusto que es que le pida eso a él cuando es Jaxon el que lo ha atacado primero, pero él es el que tiene la cabeza más despejada. No sé qué le está sucediendo a Jaxon, pero, sea lo que sea, algo no va bien—. Le está pasando algo muy malo.
Hudson exhala lentamente, pero asiente y da un paso atrás. Y yo... me vuelvo hacia Jaxon y hacia los destrozos que hemos ocasionado.
Ya está más calmado, de modo que Flint y Eden lo han soltado y han dado un paso atrás. Luca también lo suelta, pero se interpone entre ambos hermanos, y Mekhi sigue agarrándolo con fuerza.
—Yo me ocupo —le digo a Mekhi.
Pero me mira como diciendo «De eso nada», así que espero con paciencia mientras todo lo que ha sucedido en los últimos días se reproduce en mi mente como un vídeo en bucle. Al final Mekhi se aparta y me da algo de espacio. Me acerco a Jaxon y lo abrazo.
Al principio se resiste, con el cuerpo tieso e inmóvil. Pero no pienso soltarlo y, cuando por fin se da cuenta, apoya la cabeza en mi hombro y entierra el rostro entre mi hombro y mi cuello.
No digo nada, y él tampoco. Simplemente nos abrazamos dejando que los segundos pasen. En un momento dado noto humedad en mi cuello y me doy cuenta de que está llorando. Y se me cae el alma a los pies al sentir su dolor.
Conforme los segundos se transforman en minutos, quiero apartarme para poder averiguar qué es lo que le pasa y cómo puedo ayudar. Pero mi
madre me enseñó hace mucho tiempo a no ser jamás la primera que rompe un abrazo como este, porque nunca sabes por lo que está pasando la otra persona... ni lo que necesita.
Está claro que Jaxon está pasando por algo, y si esto es lo único que me permite hacer por él, esto es lo que haré durante el tiempo que me necesite.
Sin embargo, al final sus lágrimas mudas se secan y se aparta. Por segunda vez esta noche nuestras miradas se encuentran, y entonces musita:
—Estoy jodido, Grace.
Resulta tan evidente ahora, cuando lo miro... Ha perdido peso de nuevo y parece aún más delgado que cuando volví tras haber estado petrificada todos esos meses. Su cara está más afilada, sus ojeras son tan pronunciadas que parece que tiene los ojos morados. Y sigue habiendo algo muy muy extraño en su mirada.
—Cuéntamelo —susurro agarrándolo de las manos.
Pero niega con la cabeza.
—Yo ya no soy tu problema.
—Escúchame, Jaxon Vega —le ordeno, y esta vez ni siquiera intento mantener la voz baja—. Independientemente de lo que haya pasado entre nosotros, tú siempre serás mi problema. Siempre me vas a importar. Y estoy asustada. Estoy muy asustada, y necesito que me digas qué es lo que te está pasando.
—Es... —Se interrumpe. Niega con la cabeza y se cierra en redondo.
Cosa que no hace sino asustarme más todavía. Jaxon suele ser bastante directo con lo que le pasa y, si está actuando de esta manera, la cosa debe de ser peor de lo que imaginaba.
Y entonces lo recuerdo.
—¿Por qué ha dicho eso hoy la Anciana? —susurro—. ¿Por qué ha dicho que no tienes alma?
Se pone a temblar como una hoja de nuevo.
—No quería que lo supieras. No quería que nadie lo supiera.
—¿Quieres decir que es verdad? —susurro mientras el horror me destroza por dentro—. ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué?
No me mira cuando responde, pero tampoco me suelta las manos, que me agarra con fuerza.
—Sabía que algo andaba mal. Llevaba mal varias semanas. De modo que cuando estuve en Londres esta última vez, fui a ver a un curandero.
—Y ¿qué dijo? —pregunto, y una parte de mí quiere gritarle por tomarse tanto tiempo, quiere gritarle que lo escupa ya para poder decidir hasta qué punto tengo que acojonarme. Porque ahora mismo tengo la sensación de que debería hacerlo, y mucho.
—Lo que dijo es que... —Su voz se quiebra, de modo que traga saliva un par de veces y empieza de nuevo—. Dijo que cuando el vínculo se rompe, nuestras almas también se rompen.
Por detrás de mí, Macy sofoca un grito, pero nadie emite sonido alguno.
No sé siquiera si respiran. Juraría que yo no lo estoy haciendo a estas alturas.
—¿Qué significa eso? —pregunto cuando por fin logro insuflar algo de oxígeno a mis pulmones, pero esta vez es mi voz la que se quiebra—.
¿Cómo se puede romper el alma? ¿Cómo...? —Me obligo a callar y a esperar, a escuchar lo que tenga que decir. Está claro que él está en peor estado que yo, porque mi alma, y el resto de mi ser, parecen estar bien.
—Es porque sucedió en contra de nuestra voluntad y de una forma tan violenta que casi acaba con nosotros cuando pasó. ¿Lo recuerdas?
¿Que si lo recuerdo? ¿Me lo pregunta en serio? Jamás olvidaré la agonía de esos momentos o lo cerca que estuve de rendirme para siempre. Jamás olvidaré la expresión en el rostro de Jaxon ni lo que sentí cuando Hudson me convenció para que me apartara de la nieve.
—Por supuesto que lo recuerdo —susurro.
—Tú te vinculaste con Hudson justo después, de modo que el curandero está convencido de que su alma envolvió la tuya y la mantiene estable, por
lo tanto tú estarás bien. Pero yo estoy...
—Solo. —Completo la frase por él y todo mi cuerpo se desmorona bajo el peso de mi propio temor, mi propia culpa y la pena.
—Sí. Y, sin nada a lo que aferrarse, los fragmentos de mi alma van muriendo uno a uno.
Flint emite un sonido terrible. Luca le chista, pero es demasiado tarde. El sonido hace que el dolor centellee en las profundidades de los ojos de Jaxon y me provoca escalofríos.
—¿Qué significa eso? —pregunto—. ¿Qué podemos hacer?
—Nada —dice, y se encoge de hombros—. No hay nada que hacer, Grace. Solo esperar a que mi alma muera por completo.
—Y ¿qué sucede entonces? —susurro.
Su sonrisa es amarga.
—Entonces me convertiré en el monstruo que todo el mundo siempre ha esperado que sea.
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