Ansia (Serie Crave 3)

Tracy Wolff · Capítulo 39 de 171

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Ansia (Serie Crave 3)

35. Fi-Fa-Fo-Fobia

35

Fi-Fa-Fo-Fobia

—¿La corona? —Mekhi parece confundido—. No te la darán hasta la coronación, después de la graduación...

—No, no la que recibiré por ser la reina gárgola. Me refiero a la Corona de la que nos ha hablado hoy la Sangradora. Ha estado perdida, pero es posible... —Dejo la frase a medias cuando Rafael empieza a partirse de risa.

—¿Admites que puedes encontrar la Corona? —pregunta cuando por fin deja de reírse—. Algunas de las criaturas más poderosas que existen llevan siglos buscándola, ¿y piensas que podemos hacerla aparecer como por arte de magia? —Empieza a reírse de nuevo al tiempo que niega con la cabeza

—. Puede que fuera real en su día, pero a estas alturas no es más que un viejo cuento de vampiros.

—No lo es —le interrumpe Hudson tajante—. La Corona es real.

—¿Porque la Sangradora os lo ha dicho? —le desafía Rafael.

—Porque me he pasado los últimos dos siglos oyendo lo obsesionado que estaba Cyrus con ella. Mi padre es muchas cosas, pero tonto no. Si no

existiera, si no la hubiera visto con sus propios ojos, no se habría molestado tanto en buscarla.

—¿Y crees que vosotros podéis encontrarla? —interviene Liam—.

Como bien dices, el propio rey vampiro lleva siglos siguiéndole la pista, ¿y piensas que simplemente os vais a topar con ella?

—Yo no he dicho eso —reniego, un poco harta de que se rían de mí—.

Sé que no será fácil. Pero nada de esto lo es, y la Sangradora nos ha señalado la dirección correcta...

—¿Os ha dicho dónde está? —quiere saber Jaxon, y su voz ya no es fría.

Ahora es del todo glacial, y su rostro es más inexpresivo que nunca—. ¿Por qué iba a hacer una cosa así?

Miro a Hudson sin poder evitarlo, y niega sutilmente con la cabeza.

Entiendo su postura, a mí tampoco me apetece airear nuestros asuntos delante de toda la Orden, pero, cuando me vuelvo de nuevo hacia Jaxon, está claro que ha presenciado toda la interacción. Y no está contento.

Sin embargo, tampoco debe de emocionarle demasiado la idea de que expongamos nuestras diferencias delante de todo el mundo, porque no nos dice nada. En lugar de eso, deja atrás su segunda pregunta y vuelve a:

—Bueno, ¿qué os ha dicho? ¿Dónde está la Corona?

—No lo sabe —respondo al cabo de un segundo—. Pero nos ha dicho quién cree que lo sabe. La Bestia Imbatible.

—¿La Bestia Imbatible? —repite Mekhi con incredulidad. Parece planteárselo por un instante, pero acaba rechazando la idea—. ¿No crees que eso suena un poco cuestionable? Os mandó allí hace unas semanas para matarla. ¿Por qué no mencionó este tema antes de que fuerais?

—No había necesidad de mencionarlo entonces... —empiezo a explicar.

—¿Y ahora sí? —Suena muy escéptico y, la verdad, dicho así, entiendo su postura.

En plan «sí, la última vez que hablamos con ella ninguno de nosotros teníamos ni idea de que acabaría siendo la compañera de Hudson y que

querríamos romper ese vínculo. Pero aun así tiene parte de razón. Sobre todo si tenemos en cuenta lo poco que confía Hudson en ella». Cuesta confiar en alguien que comparte la información solo cuando quiere.

—¿Por qué hace la Sangradora cualquier cosa? —le espeta Hudson, y esta vez muestra algo de colmillo—. No creo que nadie vaya a discutir que la mujer se guía por sus propios intereses, los conozcamos o no. Además, la Corona no es un artefacto de una facción. No podría habernos ayudado la vez anterior, ya que no habría funcionado en el hechizo de Grace. Y creo que podemos estar todos de acuerdo en que matar a la bestia era misión imposible, así que probablemente sabía que no arriesgaba nada. —Se encoge de hombros.

—¿Y crees que la Corona puede hacer algo por nosotros ahora? ¿En serio? —Luca suena tan escéptico como Mekhi.

—No lo sé. —Levanto las manos derrotada—. Ha sido una mala idea.

Me he asustado al pensar que puedan arrestar a Hudson y...

—¡No hagas eso! —ruge Hudson, y por primera vez desde que Jaxon y la Orden han llegado da un paso hacia delante y se coloca ligeramente delante de mí—. No tienes que darle ninguna excusa —continúa, fulminando con la mirada al resto de los vampiros presentes.

Empiezo a crecerme, por si acaso tengo que interponerme entre dos vampiros agresivos, pero Jaxon da un paso adelante al mismo tiempo. Y

Liam retrocede de inmediato.

—¿Por qué la Bestia Imbatible? —quiere saber, y nos mira de nuevo a Hudson y a mí—. ¿Por qué cree que sabe dónde está la Corona? Y, aunque lo supiera en su día, ¿es consciente del estado en que se encuentra la bestia ahora? Sé que puedes oírla en tu cabeza, Grace, pero ¿de verdad crees que es capaz de mantener una conversación contigo, por no hablar de decirte dónde se oculta la Corona?

Tiene razón, y he pensado mucho en ello desde que la Sangradora nos advirtió que tendríamos que encontrar al Herrero primero.

—Cuando rompamos sus grilletes, mejorará —le digo a Jaxon—. Dice que son las cadenas encantadas las que la han hecho así. No debería haber estado atrapada tanto tiempo.

—Ya intentamos romperlas —me recuerda—. No funcionó.

—Por eso se supone que tenemos que encontrar a alguien llamado «el Herrero». Fue él quien forjó las cadenas.

—¿Y dónde está? —pregunta Jaxon con ambas cejas enarcadas.

—Empezaremos con los gigantes —responde Hudson.

—¿Los gigantes? —repito totalmente sorprendida ante su sugerencia. Si algo he aprendido durante las últimas semanas es que Hudson siempre tiene un motivo para todo lo que dice y hace, pero no tengo ni idea de cuál puede ser en esta ocasión.

La Sangradora no mencionó a los gigantes para nada, y él tampoco, lo que hace que me pregunte de dónde ha sacado esto. Aunque tengo que admitir que la idea de ir a ver dónde viven me entusiasma y me asusta al mismo tiempo. ¿Vamos a trepar por unos tallos de judías enormes? Y, en tal caso, ¿cómo se ocultan de los aviones que pasan y de los satélites de la NASA?

—Se los conoce por trabajar el metal —explica Luca tranquilamente—.

Y la verdad es que es bastante buena idea empezar por ellos. —Suena hasta sorprendido.

Espero que Hudson se ofenda un poco, pero solo pone los ojos en blanco y suelta:

—«Maldito por débiles elogios».

Al parecer, Jaxon no es el único al que le gusta citar mal Hamlet...

—¿Hay algún sitio en particular donde encontrar a buenos gigantes que trabajen el metal? —señalo, y mi mirada pasa de vampiro a vampiro, pero ninguno parece querer contestarme, de modo que resoplo—. ¿O tengo que ir a buscar tallos de judías gigantes en alguna parte?

Luca ríe disimuladamente, pero Hudson parece no pillarlo.

—No estoy seguro de que los gigantes cultiven judías ahí, pero...

—No me refería a judías de verdad. —Le pongo una cara rara—. Me refería a tallos... ¿como los del cuento de Jack? Ya sabes, el de las habichuelas mágicas. —Sigue sin entender—. Las judías crecen en un tallo enorme que llega hasta el cielo. Y el tal Jack, que es un niño, lo escala y en lo alto se encuentra un gigante. —Sigue negando con la cabeza como que no tiene ni idea de qué estoy hablando, y mentiría si dijera que no me quedo un poco estupefacta. Ha leído literalmente sobre cualquier cosa, pero ¿se le han escapado los cuentos más básicos? ¿Cómo es posible?—. Da igual —le digo, y niego con la cabeza—. No es importante.

Parece querer decir algo más, pero Jaxon interviene:

—A ver si lo he entendido. —Nos mira a Hudson y a mí—. ¿Queréis que vayamos a buscar a un gigante, tal vez mítico, tal vez no, a Ciudad Gigante con la esperanza de averiguar cómo romper las cadenas de la Bestia Imbatible y de que ella pueda saber dónde está la todopoderosa Corona?

No voy a mentir, expuesto así suena un poco absurdo.

—No sé qué es lo que quiero —le digo al cabo de un segundo—. Lo que sé es que no quiero entrar en una guerra sin cuartel con tu padre...

—Ya es demasiado tarde para eso —interrumpe Hudson, y suelta una risotada.

—¿Y qué te parece que no quiera ver cómo vas a la cárcel porque tu padre sea un capullo? Y, desde luego, yo tampoco quiero ir. —Levanto los brazos exasperada y miro a mi alrededor—. Si alguien tiene una idea mejor, que me la diga. Porque tengo un montón de trabajo que hacer hasta la graduación, y lo último que quiero es perder el tiempo buscando gigantes si no es necesario.

Espero a que Jaxon diga algo, a que Hudson, Mekhi o Luca me digan que hay un millón de ideas mejores, pero no tardo mucho en darme cuenta de que, con quejas o no, con sarcasmo o no, ninguno de ellos tiene una idea

mejor. Al menos no una que pueda evitar que arresten a Hudson, y tal vez a mí... o algo peor.

—Bien —digo cuando el silencio ya se ha alargado demasiado—.

Entonces ¿por dónde empezamos? —Por lo que a mí respecta, cuanto antes encontremos al Herrero, antes podremos librar a Hudson (y a mí) de su padre para siempre. Pero, de nuevo, nadie responde—. ¿En serio? —

pregunto—. ¿Ni siquiera vais a intentar ayudarme a idear un plan? —Me olvido de los demás y miro a Hudson y a Jaxon. Ellos tienen que ayudarme.

—No es que no queramos ayudar —dice Mekhi con tono tranquilizador

—. Es solo que, para ir contra Cyrus, deberíamos tener algo más sólido que un plan de «tal vez un gigante nos ayude». ¿Y si llegamos a Ciudad Gigante y nadie nos ayuda, y en cambio sí que informan a Cyrus de lo que estamos haciendo?

—Pues no nos queda más remedio que arriesgarnos, ¿no? —Al ver que nadie asiente, ni siquiera Hudson, no me molesto en ocultar mi enfado—.

Vale. Yo voy a intentarlo. El resto podéis hacer lo que queráis..., pero tendréis que hacerlo fuera de mi habitación.

—¿Porque no estamos de acuerdo contigo? —me desafía Mekhi.

—Porque estoy agotada. He volado hasta la cueva de la Sangradora y he vuelto en el mismo día, y lo único que quiero es dormir un poco. —Me acerco a la puerta y la abro—. Gracias por la advertencia. Estoy más que dispuesta a dar con la manera de evitar que Cyrus arruine la vida de Hudson y la mía para siempre. Pero... —Exhalo un largo suspiro—. Mañana. Esta noche solo quiero comerme mi sándwich de queso fundido, beberme mi lata de Dr Pepper y dormir.

Por un momento nadie se mueve. Entonces Jaxon levanta la barbilla señalando la puerta y el resto de la Orden empieza a desfilar.

Él se dispone a seguirlos, pero en el último segundo se vuelve y me lanza una mirada de advertencia.

—Centrar todas tus esperanzas en encontrar la Corona no va a acabar bien para ninguno de nosotros. Necesitamos un plan mejor.

—No te lo discuto —le digo—. En cuanto se te ocurra algo, ya sabes dónde encontrarme. Hasta entonces, buenas noches. —Miro a Hudson y le señalo la puerta yo misma—. A los dos.

Hudson no dice nada, pero está claro que está tan molesto como Jaxon cuando cierro la puerta una vez que han salido. Y lo siento, porque ahora mismo... ahora mismo necesito tener un ataque de pánico en toda regla, y lo último que quiero es que Hudson lo vea.

Porque si algo sé es que Hudson es capaz de cometer alguna locura y hacer que lo maten, si es que no lo encierran en esa prisión que lo torturará durante el resto de su vida inmortal, con tal de protegerme.

Solo espero haber conseguido el tiempo suficiente como para mantenerlo a salvo hasta el alba.

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