Ansia (Serie Crave 3)
159. A duras penas
159
A duras penas
El silencio impera tras la desaparición de los dragones por el horizonte.
Hasta que Macy susurra:
—¿Qué coño acaba de pasar?
Las palabras abren una compuerta de emociones: asombro, alegría, desesperación, ira, miedo, determinación. Creo que todos cubrimos todo el espectro mientras nos miramos los unos a los otros con los ojos desorbitados.
Hudson cae al suelo junto a su hermano, abrazado al hombro de Jaxon, y continúa mirándolo como si no pudiera creérselo.
Jaxon lo mira perplejo.
—Mi alma. Puedo sentir mi alma de nuevo.
Observo cómo Hudson estrecha a su hermano en un fuerte abrazo, y minúsculos fragmentos de mi corazón roto empiezan a remendarse. Porque así es como debería haber sido siempre la relación entre ellos, así es como habría sido si sus padres y una promesa grotesca no los hubieran separado hace tantos años.
Con la ayuda de Mekhi, Flint consigue ponerse de pie y se acerca cojeando hasta el cuerpo sin vida de Luca.
Macy y Eden se miran la una a la otra, pálidas por el calvario que todos hemos sufrido, mientras que Liam, Rafael y Byron no parecen saber cómo sentirse ni qué hacer. Acaban yendo y viniendo entre Jaxon, que está vivo de nuevo, y Luca, a quien ni siquiera he podido intentar salvar.
En cuanto a mí, me quedo justo donde estoy: en el suelo, entre todos ellos, al tiempo que la conversación y las emociones fluyen a mi alrededor.
—¿Qué significa que un vampiro tenga el corazón de un dragón? —le susurra Macy a Eden.
Eden la mira como diciendo «No tengo ni idea», y murmura:
—¿Qué significa tener una reina dragón que ha renunciado a su dragón?
Macy niega con la cabeza.
Flint se arrodilla junto a Luca, apretando la mandíbula y con la mirada rota, y retira la sudadera de Mekhi lo suficiente para ver el rostro de su novio.
—Lo siento —musita—. Lo siento muchísimo.
Me duele todavía más cuando recuerdo cómo Hudson y él bromeaban el otro día y las promesas que él hacía sobre lo que pasaría cuando volviera a ver a Luca.
—Tenemos que llevarlo a casa —dice Jaxon con voz ronca mientras se levanta. Sigue un poco débil, pero Hudson lo sujeta para estabilizarlo.
Jaxon se acerca, se agacha al lado de Flint. Coloca una mano firme sobre la espalda del dragón y estrecha la de Luca por última vez. Murmura algo sobre el vampiro muerto y entonces se vuelve hacia Flint, que sigue agarrando el cuerpo de Luca con fuerza.
—Ha llegado la hora de dejarlo ir —le indica Jaxon a Flint en voz baja
—. Tienes que dejarlo ir.
Flint asiente, pero sus hombros empiezan a agitarse. Cuando suelta a Luca, parece desmoronarse, pero Jaxon está justo ahí, sosteniéndolo. Flint
lo abraza, entierra la cabeza en su hombro y solloza.
Jaxon también lo abraza con fuerza, y está claro que también está sufriendo, por Flint y por Luca.
Las lágrimas descienden por mis mejillas (no sabía que podía llorar tanto) y Hudson me encuentra. Claro que lo hace. Me levanta del suelo, me rodea con los brazos y me sostiene mientras intento encontrar la energía para seguir adelante.
Está agotado. Todas sus fuerzas se han quedado en el campo de batalla.
Pero, de alguna manera, el hecho de abrazarnos (mis brazos alrededor de su cintura y sus labios acariciándome el pelo) hace que ambos nos sintamos un poco mejor.
—Tenemos que trasladarlo a casa —repite Jaxon con la voz cargada de dolor cuando Flint deja de llorar.
El dragón asiente. No puede hablar, pero sus ojos se secan por fin. La Orden asiente y recogen su cuerpo. Segundos después se han desvanecido.
Solo entonces Flint nos abraza a Jaxon y a mí y susurra:
—Gracias. Desde lo más profundo de mi corazón. Gracias.
No respondo nada; no hay nada que decir en un momento como este que no se haya dicho ya, de modo que los abrazo a ambos con todas mis fuerzas.
Entonces Jaxon y yo nos apartamos mientras Flint se transforma. Su forma de dragón se sostiene mucho mejor sin una pierna de lo que su forma humana lo hace todavía. Y entonces sale disparado hacia el cielo para ayudar a la Orden a llevar a Luca a casa.
Cuando se marchan, los cinco que quedamos (Jaxon, Hudson, Macy, Eden y yo) nos derrumbamos y dejamos que las emociones de las últimas horas nos invadan.
No sé cuánto tiempo permanecemos ahí.
El tiempo suficiente para que me dejen de temblar las manos.
El tiempo suficiente para que mis hombros y mi alma por fin se relajen un poco.
El tiempo más que suficiente para que Hudson me coloque sobre su regazo y me abrace como si fuera la cosa más valiosa del mundo.
Pero al final estoy preparada para hacer lo que hemos venido a hacer, y me obligo a levantarme.
—Creo que ya ha llegado el momento —digo, y alzo la llave a la que he conseguido aferrarme pese a todo lo sucedido.
—¡Y tanto! —exclama Eden, que también se pone de pie inmediatamente—. Vamos a conseguir esa Corona y a metérsela a Cyrus por el culo.
—Apoyo la moción —dice Macy tendiéndome la mano para que la ayude a levantarse.
Jaxon y Hudson asienten también, y los cinco recorremos el saliente rocoso hasta que llegamos a la entrada que nos llevará hasta la Bestia Imbatible.
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