Ansia (Serie Crave 3)

Tracy Wolff · Capítulo 5 de 171

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Ansia (Serie Crave 3)

1. Jaque a tu compañero

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Jaque a tu compañero

Tres semanas después...

—Te lo imploro. —Macy me mira con ojos suplicantes desde su cama cubierta con una manta con los colores del arcoíris. Da gusto volver a verla casi sonreír desde el funeral de Xavier, y no puedo evitar devolverle el gesto. Aún no es una sonrisa completa, pero me vale—. Te lo ruego, por favor, por favooor: saca a esos chicos de la miseria en la que viven.

—Eso va a ser difícil —respondo mientras tiro la mochila junto a mi escritorio antes de dejarme caer sobre mi cama—. Sobre todo teniendo en cuenta que no he sido yo quien los ha metido en ella.

—Esa es la mentira más gorda que has dicho hasta la fecha. —Mi prima resopla y levanta la cabeza lo suficiente para asegurarse de que veo como pone los ojos en blanco—. Eres un ciento cincuenta por ciento responsable de que tanto Jaxon como Hudson hayan estado tan mustios las últimas tres semanas.

—Me temo que hay muchas razones por las que Jaxon y Hudson han estado mustios, y yo solo soy como mucho responsable de la mitad —le

espeto... e inmediatamente me arrepiento de mis palabras.

No porque no sean ciertas, sino porque, tras pronunciarlas, veo que el poco color que Macy lucía en las mejillas desaparece poco a poco. Tiene un aspecto tan diferente del de la chica que me recibió en noviembre, que cuesta creer que sea la misma persona. Su pelo, siempre de colores locos, sigue sin reaparecer y, aunque el tono negro azabache con el que se lo tiñó para el funeral de Xavier le queda bien, no pega para nada con su personalidad. Solo con su tristeza.

Me dispongo a disculparme, pero Macy me mira y me dice:

—Sé perfectamente qué aspecto tiene un vampiro hecho polvo, y tienes a dos de ellos en tus manos. Y, para que lo sepas, letal y patético forman una combinación muy peligrosa, por si no te habías dado cuenta.

—Sí me había dado cuenta.

Es una combinación con la que llevo lidiando semanas; una combinación que hace que sienta que una bomba va a estallar cada vez que respiro; cada movimiento que hago es como si estuviese jugando a la ruleta rusa con la felicidad de los demás.

Y, puesto que el universo no parece haberse cansado de joderme todavía..., por lo visto Macy se equivocaba cuando me dijo que Hudson ya se había graduado cuando Jaxon lo mató. Resulta que no. Casi, pero no.

Tiene algo que ver con que le faltaban algunos créditos porque había tenido tutores privados en lugar de haber asistido al Katmere los cuatro años que le tocaban. Mi prima estaba varios cursos por debajo, así que se encogió de hombros: ¿qué sabía ella? Nadie lo volvió a mencionar tras su muerte. Sea como fuere, eso significa que mire a donde mire, allí está. Como Jaxon. Los dos en nuestro círculo de amigos, sin estarlo. Los dos observándome a través de unos ojos que parecen inexpresivos por fuera, pero que albergan una multitud de emociones. Esperando a que haga o diga... algo.

—Aún no sé cómo acabé convirtiéndome en la compañera de Hudson —

digo sin mucho entusiasmo—. Pensaba que debías tener cierto interés en

establecer ese vínculo o, al menos, estar «abierta» a ello para que pasase.

Macy me sonríe.

—Está claro que sientes algo por él.

Pongo los ojos en blanco.

—Gratitud. Siento gratitud hacia él. Y diría que esa es una razón horrible para liarse con alguien.

—O sea que... —Ahora los ojos de Macy centellean cargados de humor

—, has pensado en «liarte» con Hudson, ¿eh?

Le tiro uno de los pequeños cojines de decoración a mi prima, que lo esquiva sin dificultad y se ríe.

—En fin, lo que yo sé es que la mayoría de los alumnos de este instituto matarían por encontrar algún día un compañero. Que tú hayas tenido dos desde que llegaste no debería estar permitido.

Macy está bromeando, intenta quitarle peso al asunto, pero no ayuda.

Hudson suele sentarse con nosotras a comer o en las clases que compartimos. Pese a que la mayoría de los miembros de la Orden y Flint lo observan con cierto recelo, de alguna manera ha conseguido encandilar a mi prima con apenas una media sonrisa seductora y un latte de vainilla francesa.

De hecho, ella es una de las pocas personas que culpan a Jaxon de que nuestro vínculo se rompiera, y ha dejado bien patente que está en el bando de Hudson. No puedo evitar preguntarme si está de su parte porque de verdad cree que él es mejor para mí, o si simplemente no apoya a Jaxon porque fue él quien insistió en desafiar a la Bestia Imbatible, un movimiento que acabó con la muerte de Xavier.

Lo que está claro es que lleva razón en una cosa: tarde o temprano voy a tener que enfrentarme a este lío.

He estado esforzándome al máximo por ignorar la situación... al menos hasta que tenga un plan. Desde el funeral de Xavier me he pasado prácticamente todo el tiempo intentando decidir qué hacer o cómo arreglar

las cosas (entre Jaxon y yo, entre Jaxon y Hudson, entre Hudson y yo...), pero no puedo. El suelo se ha convertido en arenas movedizas bajo mis pies, y mis alas no ayudan tanto como cabría esperar... Necesito aterrizar de vez en cuando, y cada vez que lo hago empiezo a hundirme.

Macy parece intuir mi angustia interior; se sienta al borde de su cama y su gesto divertido desaparece tan rápido como el mío.

—Sé que las cosas son difíciles en estos momentos —continúa—. Solo bromeaba. Haces lo que puedes.

—¿Y si no sé qué hacer? —Las palabras salen disparadas de mi boca como si fuese una botella sellada a presión—. Aún no había asimilado del todo que soy una gárgola, y ahora tengo que enfrentarme a ocupar un asiento en ese Círculo de la Fatalidad y la Desesperación y coronarme justo después de la graduación.

—¿«El Círculo de la Fatalidad y la Desesperación»? —Macy repite mis palabras divertida.

—Tras lo cual estoy segura de que me encerrarán en una torre o me decapitarán o alguna otra cosa espantosa por el estilo. —Lo digo como si estuviera bromeando, pero no es así. No hay ni una pizca de optimismo en mí respecto al hecho de convertirme en un miembro del Consejo de paranormales que dirige el padre de Jaxon y Hudson... ni sobre todo lo que ello implica. Incluida la política, la supervivencia y el estar emparejada con Hudson en lugar de con mi novio de verdad en este mundo feliz en el que he acabado sin comerlo ni beberlo—. Sigo enamorada de Jaxon. No puedo cambiar lo que siento —gruño—. Pero tampoco soporto hacerle daño a Hudson, ni mirarlo a los ojos cuando nos sentamos a la mesa y me ve con su hermano.

Todo esto es una pesadilla incomprensible, y el hecho de que no haya podido dormir prácticamente nada desde que casi pierdo la vida no hace sino empeorarlo todo. Pero ¿cómo voy a relajarme si cada vez que cierro los ojos siento los dientes de Cyrus hundiéndose en mi cuello y el dolor de

su mordedura eterna se extiende por todo mi cuerpo? También me asalta el recuerdo de que Hudson me colocó en esa tumba poco profunda para enterrarme viva (todavía no he sido capaz de preguntarle cómo sabía lo que tenía que hacer). O, peor aún (y, sí, esto es definitivamente peor), veo el gesto de Jaxon cuando Hudson le dijo que ahora soy su compañera.

Son recuerdos tan devastadores que lo único que quiero hacer es salir corriendo y esconderme.

—Oye, todo irá bien —dice Macy, con voz tímida y mirada preocupada.

—«Bien» quizá sea exagerar un poco. —Me doy la vuelta en la cama y me quedo mirando al techo, pero apenas lo veo. Solo veo sus ojos.

Un par oscuro, otro par claro.

Ambos atormentados.

Ambos esperando algo que no sé cómo darles y una respuesta que no sé ni cómo empezar a buscar.

Sé lo que siento. Quiero a Jaxon.

En cuanto a Hudson..., en fin, es algo más complicado. No es amor, y me preocupa que no sea eso lo que quiere oír. Sí, se me acelera el pulso cuando anda cerca, pero, siendo objetiva, el tío está buenísimo. Cualquier persona en su sano juicio se sentiría atraída por él. Además, ahora está ese vínculo entre nosotros que hace que sienta cosas que en realidad no están ahí. O al menos yo no quiero que estén.

Después de todo lo que ha hecho por mí, después de la relación que sé que construimos durante esas semanas en las que estuvimos atrapados juntos, no quiero decepcionarlo diciéndole que lo único que siento por él es amistad.

Gruño de nuevo. Y ahí estoy yo, dando por hecho que Hudson quiere ser mi compañero. A lo mejor está tan enfadado con el universo como yo por habernos puesto en esta tesitura tan incómoda.

Macy exhala un largo suspiro, se levanta de la cama y se sienta en el extremo de la mía.

—Lo siento. No pretendía presionarte.

—No estoy así por ti. Es solo... —Dejo la frase a medias, pues no sé cómo expresar el torbellino de confusión que me asola.

—¿Todo? —apunta, rellenando el hueco en blanco que yo he dejado. Y

asiento porque, sí, todo es demasiado.

Se hace el silencio entre nosotras; un silencio largo e incómodo. Espero a que Macy lo rompa, a que vuelva a su cama y se olvide de esta horrible conversación, pero no se mueve. En lugar de eso, se apoya contra la pared y me observa con tranquila paciencia, algo ajeno a su modus operandi normal.

No tengo muy claro si es por el silencio o por cómo me observa o por la imperiosa necesidad de desahogarme que lleva todo el día acumulándose dentro de mí, pero la tensión aumenta y aumenta hasta que al final desembucho la verdad que he estado intentando ocultarle a todo el mundo, incluida a mí misma:

—Creo de verdad que no tengo la fortaleza necesaria para hacer esto.

No sé muy bien qué reacción esperar de Macy ante mi confesión. En una milésima de segundo me imagino de todo: desde generosa compasión a un comentario frío diciéndome que «ajo y agua», que no tiene tanto que ver conmigo como con todas las cosas por las que ella misma está pasando.

Sin embargo, al final hace lo único que no me esperaba, lo único que ni siquiera se me había pasado por la cabeza. Empieza a partirse de risa.

—No me jodas. Me preocuparía más que pensaras que puedes con todo esto tú sola.

—¿En serio? —Estoy desconcertada. Y puede que incluso me sienta algo insultada. ¿De verdad me cree tan incompetente? Que yo sea consciente de que soy un desastre no significa que quiera que todo el mundo lo sepa—. ¿Por qué?

—Porque no estás sola, y porque no tienes por qué hacerlo sola. Para eso estoy yo aquí. Para eso estamos todos aquí, sobre todo tus novios.

La miro con recelo por usar el plural en esa palabra y el énfasis que ha puesto en ella.

—Novio —la corrijo separando el diptongo entre la «i» y la «o» final para remarcar esta última—. Uno, no dos. —Levanto el dedo índice para asegurarme de que lo capta—. Un novio.

—Ah, sí. Uno. Claro. —Me lanza una mirada maliciosa—. Entoncesss, para que me quede claro. ¿Cuál de los dos vampiros es, exactamente, ese

«novio»?

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