Ansia (Serie Crave 3)

Tracy Wolff · Capítulo 49 de 171

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Ansia (Serie Crave 3)

45. Cuando el brazalete suena…

45

Cuando el brazalete suena...

Macy termina de limpiar la nariz de Eden bastante rápido, ya que la dragona se niega en redondo a que se la cubra. Al parecer, mis tiritas de unicornios no encajan con su reputación de tía dura.

Para cuando he terminado de guardar el botiquín en la mochila, todos los demás están ya con los tacos y las bebidas. Al parecer, Hudson se había ido un momento a por una de las neveras de sangre para los vampiros después de nuestro «momento», y ahora están todos reunidos alrededor de la mesita de café en la zona del salón.

Principalmente hablamos sobre los exámenes finales y sobre quién le ha dado una paliza a quién, además de a quién le han dado una paliza, esta semana. Pero mientras Macy relata un encuentro no muy agradable que ha tenido con un lobo esta mañana, Flint empieza a fruncir el ceño, aunque la experiencia de mi prima no ha acabado en derramamiento de sangre.

—¿Y tú qué, Grace? —pregunta.

—¿Qué de qué? —pregunto a mi vez sorprendida.

—¿No has tenido ningún problema estos últimos días?

Me encojo de hombros.

—No más que de costumbre.

—¿Qué significa eso? —interviene Hudson con la voz afilada como un cuchillo—. ¿Te está molestando alguien?

Todo el mundo me mira con preocupación ahora, sobre todo Hudson y Jaxon, y ambos parecen estar dispuestos a aniquilar una ciudad pequeña o, al menos, un internado de tamaño moderado.

—Es por lo del Ludares —le digo con firmeza—. Algunos del equipo rival siguen cabreados e intentan tocarme las narices. No es nada importante.

Mis amigos no parecen convencidos, Hudson el que menos.

—No te preocupes. —Me inclino hacia delante y apoyo la mano en su rodilla—. En serio. Está controlado.

—¿Está controlado de verdad? —Enarca una ceja—. ¿O solo estás ignorando el problema con la esperanza de que desaparezca?

No sé qué responder a eso, sobre todo porque es verdad, pero, afortunadamente, Flint me evita tener que inventarme una respuesta cuando dice:

—Algo que has dicho antes me ha hecho pensar. Has dicho que creías que ya había bastante gente intentando darnos una paliza últimamente.

—Pues sí. —Los señalo a Eden y a él—. A la vista está.

—Así que mi pregunta es esta. —Mira a todo el grupo—. ¿Cuántos de vosotros os habéis visto envueltos en un lío en los últimos días? No hace falta que sea algo tan gordo como lo de Hudson y los lobos, o lo que pasó en la cafetería con los vampiros. Basta con que sea algo fuera de lo común.

¿Quién más ha sufrido el que alguien haya ido a por él cuando de normal no lo hace?

Me quedo mirando estupefacta cómo todos y cada uno de mis amigos levantan la mano, y todos, excepto Macy, llevan un brazalete encantado que inhibe su magia.

—¿Todos? —logro graznar cuando bajan las manos de nuevo—. ¿Todo el mundo ha tenido problemas?

—Eso parece —responde Luca en voz baja. Coloca la mano en el hombro de Flint, no sé si para brindarle apoyo o porque está intentando calmarlo—. He oído a Finn decir que la cosa estaba tan mal que se estaba quedando sin brazaletes, y que no hay ningún sitio adonde ir a por más.

Hudson y yo intercambiamos una mirada, pero después me vuelvo hacia Jaxon.

—¿A ti qué te ha pasado?

Se encoge de hombros.

—A Joaquin y Delphina se les ocurrió lanzarme unos cuantos disparos ayer.

—¡Putos dragones de pacotilla! —ruge Flint—. ¿Y qué pasó?

—¿Tú qué crees? —responde Jaxon—. Perdieron.

Hudson suelta un bufido, pero no dice nada para cabrear a Jaxon, cosa que agradezco porque bastante enfadado está ya.

Jaxon se vuelve hacia Mekhi, que admite que unas cuantas brujas se están arrepintiendo de sus decisiones en la vida esta semana. Y añade:

—Yo estoy bien, pero deberíais ver aquí al amigo Luca.

—¿Qué ha pasado? —pregunta Jaxon con voz cortante fulminando al miembro de la Orden con la mirada.

—¿Por qué no me lo habías dicho? —añade Flint con aire abatido.

—Porque no ha sido ni la mitad de malo de lo que te ha pasado a ti —le dice Luca—. Y porque no te he visto desde que los vampiros me han atacado al salir de mi habitación.

—¿Vampiros? —dice Hudson con una voz mucho más fría que la de Jaxon. Pero sus ojos no lo son cuando se inclina hacia delante—. ¿Los vampiros han ido a por ti?

—¿Convertidos? —quiere saber Eden, e incluso ella suena un poco turbada ante esta revelación.

Luca niega con la cabeza.

—De nacimiento.

—¿Quién ha sido? —pregunta Hudson con una voz repleta de calma.

—¿Es que quieren morir? —pregunta Jaxon al mismo tiempo.

Los observo a los dos mientras interrogan a Luca sobre los pormenores de su ataque antes de volver al relato de Mekhi y, después, al de Flint y Macy pidiéndoles hasta el más mínimo detalle sobre qué vampiros han sido, cómo los atacaron y qué lo provocó.

Ambos con aire regio. Ambos decididos. Ambos centrados y ambos profundamente amables si miras más allá de la frialdad de uno y del sarcasmo del otro. Y aun así, mientras veo cómo extraen a nuestros amigos toda la información sobre los ataques, no puedo evitar compararlos.

Es algo que yo jamás haría en cualquier otra circunstancia, pero al verlos así es imposible no hacerlo.

A ambos les enfurece claramente lo que ha pasado, y más teniendo en cuenta que los agresores han sido vampiros, pero su manera de gestionar la situación es del todo distinta. Jaxon se muestra frío, pero al mismo tiempo dispuesto a reducir el mundo a cenizas. Es como el golpe de un rayo: inesperado y emocionante, pero también tremendamente peligroso.

Hudson, por el contrario, va a fuego lento. Se queda ahí sentado y absorbe la información, analizándola desde todos los ángulos. Formula preguntas muy específicas, y ninguna de ellas parece tener un sentido especial por sí sola. Pero para cuando ha terminado, te das cuenta de que es como el sol: cálido y agradable, pero muy capaz de incinerarte sin el menor esfuerzo.

Y, de alguna manera, he tenido la suerte de ser la compañera de ambos.

De Jaxon, a través de las maquinaciones de la Sangradora, y de Hudson...

no sé por qué. ¿Por azares del destino?

Ojalá supiera qué hacer al respecto. Estaba tan segura de que amaba a Jaxon, tan segura de que el chico con los ojos torturados y el corazón roto

era todo lo que jamás podría desear. Y sin embargo no me correspondía a mí amarlo. No en realidad. No cuando la Sangradora lo había dispuesto todo para que fuéramos compañeros.

Que es justo lo contrario a como han sucedido las cosas con Hudson. Al principio lo odiaba. Pensaba que era malo y horrible, y estaba decidida a no tener nada que ver con él. Después me di cuenta de lo increíblemente bueno que era y de lo mucho que sufría bajo ese exterior tan cascarrabias, y acabé haciéndome amiga suya. ¿Y ahora? Ahora no sé qué siento. Estoy muy confundida. Ese momento que Flint ha interrumpido, la mirada en sus ojos, el modo en que todo mi cuerpo parecía arder por estar cerca de él...

¿Es química real o es cosa del vínculo? ¿Son emociones reales o son obra del universo para asegurarse de que las cosas fluyan entre compañeros?

En fin.

—Pero ¡¿por qué?! —grita Macy interrumpiendo mis pensamientos con una frustración que jamás había oído en ella—. ¿Qué pretenden conseguir con esto?

—Por eso he preguntado a cuántos de nosotros nos han molestado —

dice Flint tranquilamente—. Porque, como Grace ha dicho, parece que nos está pasando a nosotros más que a los demás.

—Ya, pero también le ha pasado a Simone —objeta Macy—. Y a Cam, y a...

—Para desviar la atención —dice Hudson—. Para que nos fijemos en todas las cosas que están ocurriendo y no prestemos demasiada atención a lo gordo que está sucediendo de verdad.

—¿Qué es...? —pregunta Eden.

—Nos están quitando de en medio —responden Jaxon y Flint a la vez.

—¿Cómo? —pregunta Luca confundido—. ¿Para qué?

—Supongo que esa es la pregunta clave, ¿no? —responde Eden con aire adusto.

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