Ansia (Serie Crave 3)

Tracy Wolff · Capítulo 106 de 171

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Ansia (Serie Crave 3)

102. El rosa eléctrico es hereditario después de todo

102

El rosa eléctrico es hereditario

después de todo

No pego ojo en toda la noche.

Estoy agotada física y emocionalmente por todo lo que ha pasado en los últimos días y, pese a ello, no puedo dormir. Me quedo despierta, mirando al techo y dándoles vueltas a todas las cosas que podrían salir mal en un momento dado durante las próximas veinticuatro horas.

Por si esto no fuera suficiente, cada vez que cierro los ojos veo los orbes sin alma de Jaxon mirándome mientras le arranca la garganta a alguna persona inocente. O a Macy. O a mí.

En su día me parecía horrible tener que revivir la muerte de Xavier una y otra vez, pero la ambigüedad de esto, el no saber qué va a pasar, ni cómo ni cuándo, es peor todavía.

De modo que no duermo nada pese a que nunca lo había necesitado tanto. Y en algún momento a lo largo del día de hoy, Cyrus y Delilah van a aparecer, junto con Aiden y Nuri. Lo que suceda en ese momento será un auténtico espectáculo, de eso no me cabe duda.

Y flotando sobre todo esto está el espectro de la graduación, y lo que suceda una vez que tengamos los diplomas en la mano. ¿Cuánto tiempo podrá permanecer Hudson en el Katmere antes de que lo obliguen a marcharse a su guarida? ¿Y cuánto tiempo puede Cyrus permitirse permanecer en el Katmere con la esperanza de atraparlo?

Me temo que la respuesta a la última pregunta es «toda la vida», ya que Cyrus no necesita estar personalmente. Solo tiene que dejar a un par de guardias para arrestarlo.

Y ¿qué pasará entonces? ¿Qué nos pasará a los dos? Y si acabamos estando en la cárcel más tiempo del que pensamos antes de poder salir, ¿qué será de Jaxon?

No me extraña que no pueda dormir. Tengo el cerebro a punto de estallar.

Macy se levanta alrededor de las nueve (no ha parado de dar vueltas, pero al menos ha dormido) y dice:

—Voy a darme una ducha a ver si me despejo un poco.

Le deseo suerte y me quedo justo donde estoy, aunque sé que debería levantarme también y como mínimo hacer el intento de decidir qué voy a ponerme debajo del birrete y la toga. En vez de eso, me paso quince minutos intentando controlar la ansiedad y buscando la voluntad para moverme al mismo tiempo.

La lucha es muy real.

Estoy a punto de levantarme cuando oigo unos golpes en la puerta.

Se me encoge el estómago y me pregunto inmediatamente si será Hudson. Pero cuando por fin abro, después de tomarme mi tiempo para arreglarme el pelo en el espejo más cercano, resulta que es el tío Finn... con un ramo gigante de flores silvestres.

—¡Madre mía! ¡Son preciosas! —le digo acunándolas en los brazos.

—¿Verdad que sí? —afirma con una sonrisa, y me guiña el ojo.

—Muchísimas gracias —le digo—. Me...

—¡Ah, no, Grace! No son mías. Estaban en la puerta cuando he llegado.

Supongo que cierto vampiro quería sorprenderte.

Se me inundan los ojos de lágrimas porque... Hudson. Después de todo lo que ha pasado, de todo lo que va a pasar, me regala flores.

¿Qué demonios? Llevo esperando graduarme en el instituto cuatro años y, ahora que ha llegado el momento, todo está tan desastroso que no lo soporto. Es un asco. Un auténtico asco.

—Ay, Grace. No llores —me pide mi tío, y me abraza—. Todo saldrá bien.

Yo no estoy tan segura de eso, pero me parece grosero contradecirlo.

—La verdad es que esperaba poder hablar contigo un poco hoy —le explico a mi tío, y me dirijo de nuevo hacia mi cama y me siento.

—¿Ah, sí? —Coge la silla de mi escritorio y la acerca para sentarse frente a mí—. ¿Sobre qué?

—Quería darte las gracias.

—¿A mí? —Parece genuinamente desconcertado, y esa es la razón por la que mi tío Finn siempre será el mejor guardián del mundo.

—Por acogerme cuando no tenías por qué hacerlo. Por remover cielo y tierra para ayudarme cuando me transformé en gárgola. Y, sobre todo, porque Macy y tú me habéis dado de nuevo una familia. Por eso siempre te estaré agradecida.

—Ay, Grace. —Ahora es el turno de mi tío de sorberse los mocos—. No tienes por qué darme las gracias. No por nada de eso. Desde el momento en que llegaste al Katmere has sido como una segunda hija para mí, una hija de la que me siento muy orgulloso. Eres una jovencita fuerte, inteligente, competente y hermosa, y estoy deseando ver hasta dónde eres capaz de volar, incluso sin tus alas.

Me echo a reír, porque no hay duda de que mi tío es el hombre más dulce del mundo entero.

—Sé que hablamos de que me quedaría aquí después de la graduación hasta que decidiese qué hacer. Solo quiero asegurarme de que sigue pareciéndote bien.

—¿Por qué no me lo iba a parecer? —Parece confundido—. Tu casa siempre estará con Macy y conmigo, ya sea aquí en el Katmere o en cualquier otra parte. No te librarás de nosotros, niña. ¿Entendido?

Sonrío a punto de echarme a llorar.

—Entendido.

—Bien. —Se lleva la mano al bolsillo de su blazer y saca una cajita envuelta en papel rosa eléctrico—. Macy eligió lo que me garantiza que es un regalo fantástico de graduación de nuestra parte, pero este es mío.

—Ay, no tenías por qué...

—Claro que sí. De hecho, hace tiempo que quería dártelo. —Señala la caja con la barbilla—. Venga, ábrelo.

Ahora le sonrío de oreja a oreja mientras desenvuelvo una cajita roja y retiro la tapa. En el interior hay una piedra rectangular. Es rosa eléctrico (menuda sorpresa); la atraviesan unas cuantas vetas de color blanco y granate, y en la parte superior lleva grabada una inscripción: dos V unidas por los lados.

No he tenido mucha experiencia con esto desde que llegué al Katmere, pero reconozco lo que es.

—¿Qué runa es esta? —pregunto.

Sonríe.

—La inscripción significa paz, felicidad, esperanza. La piedra en la que está grabada, una rodocrosita, significa lo mismo. Sanación emocional y alegría. —Su voz se quiebra un poco, aparta la vista y parpadea unas cuantas veces.

—¡Ay, tío Finn! —Lo rodeo con los brazos—. Gracias. Me encanta.

Me devuelve el abrazo y me propina un beso paternal en la coronilla.

—Tengo el juego completo para ti en mi cuarto, pero es bastante grande, y quería darte algo que pudieras llevar contigo.

Se me derrite el corazón y lo abrazo de nuevo.

—No te haces una idea de lo mucho que necesitaba esto hoy —susurro.

—Hay más, y espero que te haga feliz, y no te entristezca. —Vacila un segundo, y justo cuando me dispongo a averiguar qué quiere decir, continúa

—: Eran de tu padre, Grace. Las dejó a mi cargo cuando él y tu madre decidieron alejarse de esta vida. Siempre esperé que regresara a por ellas, pero cuando llegaste tú supe que siempre fueron para ti.

Sus palabras me pillan desprevenida y un sollozo sale de ninguna parte y se aloja en mi garganta.

—Lo siento. No...

—Chis, tranquila. —Me abraza de nuevo y me mece mientras lloro un poco en su hombro.

Porque es el día de mi graduación y mis padres no están aquí.

Porque por fin me había abierto a Hudson, y ahora tengo que perderlo antes de haberlo tenido de verdad.

Porque no tengo ni idea de cómo va a terminar este día, y me aterra que lo haga de una manera horrible.

—Ay, Grace, eres tan valiente... —me susurra el tío Finn—. Siento todo lo que has tenido que soportar este año. Ojalá pudiera habértelo evitado.

Me aparto y niego con la cabeza, secándome las lágrimas con las manos.

—Solo los echo de menos, ¿sabes?

—Lo sé —dice—. Yo también los echo de menos. A diario.

—Gracias por la runa —le digo, y la cojo y empiezo a girarla en la mano. Está sorprendentemente caliente para ser una piedra que nadie estaba tocando.

—Runas. Te traeré toda la bolsa después de la graduación. Pero, Grace...

—Su voz se torna muy seria—. Pase lo que pase, estés donde estés en los

próximos días o semanas, quiero que lleves esa runa contigo en todo momento.

—De acuerdo —le contesto, pero no puedo evitar estar un poco confundida—. ¿Hay algún motivo por...?

—Pronto sabrás por qué —me indica—. Y sabrás cuándo. Tú recuerda confiar en ti misma y en la gente que te quiere. Puedes contar con nosotros.

—Parece querer decir más, pero Macy sale corriendo de la ducha envuelta en un largo albornoz y con una toalla en el pelo—. Confía en la gente que te quiere —repite el tío Finn antes de levantarse para acercarse a Macy—. Los necesitarás a todos antes de que acabe todo esto.

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