Ansia (Serie Crave 3)
70. Ventaja de puerto base
70
Ventaja de puerto base
—¿Por qué siempre tenemos que hacer estos viajes en mitad de la noche?
—protesta Macy cuando alguien llama a la puerta el viernes de madrugada.
—Ehhh, ¿a lo mejor porque siempre estamos haciendo cosas que no deberíamos hacer? —respondo mientras me dirijo a abrirles a Flint y a Luca, y dejo la puerta abierta para cuando llegue Hudson, que no debería tardar.
—Esta vez no —me contesta al tiempo que se mete una sudadera por la cabeza—. Esta vez es una excursión a un evento totalmente aprobado por el Círculo.
—Puede. Pero hemos de conseguir que Hudson llegue allí sin que lo arresten, así que de momento vamos a tener que seguir saliendo de noche.
—Lamento ser un inconveniente —dice Hudson al entrar—. Intentaré trabajar en lo de ser enemigo del Estado para futuras empresas.
—Tonterías —digo mientras regreso a mi cama para comprobar por tercera vez que lo llevo todo. Flint no ha querido decirme dónde se encuentra la Corte Dragontina porque quiere que sea una sorpresa, pero sí
me dijo que llevase cualquier tipo de ropa que me apeteciera siempre y cuando incluyese una sudadera y un vestido de noche para la fiesta.
Al menos, tras la fiesta de bienvenida de mi primer día en el Katmere, cuando no tenía nada que ponerme, me aseguré de pedir un par de vestidos de fiesta por internet. Pero un vestido así implica zapatos de fiesta y un sujetador sin tirantes y un montón de cosas más por las que los chicos no tienen que preocuparse, y de alguna manera he tenido que hacer que todo eso además de ropa normal para tres días cupiese en una mochila... sin usar la magia.
—Entonces ¿no soy un inconveniente? —me desafía apoyando un hombro en el marco de la puerta.
—Pues claro que no —le dice Macy—. Solo estaba...
—Ehhh, ¡sí que lo eres! —Interrumpo a Macy y pongo los ojos en blanco—. Has sido un inconveniente desde el primer día que apareciste en mi vida, y ambos sabemos que no tienes ninguna intención de cambiar, al menos no en un futuro cercano.
Hudson bosteza.
—Y yo que pensaba que me estaba portando mejor que nunca.
—Probablemente así sea —digo mientras cierro la cremallera de la mochila—. Pero eso tampoco es decir mucho.
—Solo dices eso porque no me has visto con mi peor comportamiento.
—Perdona. —Cojo la sudadera y me la pongo—. ¿Crees que eso es algo de lo que alardear cuando todos estamos intentando evitar que te encarcelen?
—¡Grace! —me reprende Macy.
Pero Hudson se echa a reír.
—Puede que tengas razón.
—Sí, puede. —Me cuelgo la mochila al hombro poniendo los ojos en blanco y hago una mueca de fastidio al notar el peso.
—¿Lo tienes todo? —pregunta mi prima mientras comprueba sus cosas por tercera vez también.
—Creo que sí. Y si no, seguro que podré conseguir lo que sea una vez que lleguemos allí.
Hudson se ríe.
—Sí, eso no será ningún problema.
—¡Un momento! ¿Tú sabes dónde está la Corte Dragontina? —Me vuelvo hacia él con los ojos abiertos como platos—. Macy y Flint no han querido contármelo. No paran de decir que quieren ver la cara que pongo cuando lleguemos.
—Claro que sé dónde está —responde—. Pero ahora que sé que tú no, creo que me voy a guardar esa información.
—¿Lo ves? —digo mientras salgo pasando por delante de él—. Un inconveniente total.
—Pues menos mal que te gusto tal como soy, ¿no? —señala con una sonrisa de oreja a oreja.
—Yo nunca he dicho eso. —Pongo los ojos en blanco de nuevo, pero su sonrisa no hace sino intensificarse.
—Tenéis una relación rarísima —bromea Macy, pero no se equivoca. Es la verdad.
Pero para nosotros funciona, así que me encojo de hombros y digo:
—Es mi obligación asegurarme de mantener a raya el ego de mi compañero para que su cabeza siempre quepa a través de la puerta.
—Y es mi obligación ponerla nerviosa —afirma Hudson, y su hoyuelo hace acto de presencia.
Macy nos mira a ambos y dice:
—¿Estáis usando alguna especie de código sexual?
Madre mía. Miro a Hudson y, efectivamente, él sí lo estaba haciendo.
Niego con la cabeza, pero me echo a reír.
—En fin. Lo que yo decía. Un inconveniente.
Macy cierra la puerta y una vez más atravesamos su pasadizo secreto.
Cuando llegamos al exterior, Eden y Flint ya nos están esperando, con Luca... y el tío Finn. Macy grita de alegría al ver que su padre va a crear un portal para nosotros para que no tengamos que congelarnos en un vuelo de tropecientas horas.
—Hola, tío Finn. —Le sonrío y él me devuelve el gesto, pero sus ojos reflejan preocupación.
—Solo hago esto porque Nuri me lo ha pedido. Me ha asegurado que os tratarán como si fuerais de la realeza durante esta visita. —Nos mira a todos y, acto seguido, les indica a mis amigos que se acerquen para quitarles los brazaletes. A todos excepto a Hudson, que simplemente se encoge de hombros—. Pero, por favor, intentad no provocar un incidente internacional al menos durante un fin de semana, ¿de acuerdo?
Flint se lleva la mano al pecho haciéndose el ofendido, y todos nos reímos. Incluso el tío Finn, que niega con la cabeza y empieza a agitar la varita como si estuviese dirigiendo una sinfonía.
Miro a Hudson, pero algo parece ir mal. Tiene las manos metidas hasta el fondo de los bolsillos y la mandíbula tensa. Levanto las cejas, como preguntándole qué le pasa, pero solo me guiña el ojo y saca una mano del bolsillo para coger la mía. Cuando nuestros dedos se entrelazan, ese familiar calor sustituye a la tensión que se había formado en mi estómago y descargo la sensación. Habrán sido cosas mías.
—Dejaré este lado abierto, Macy —dice el tío Finn cuando termina con la última parte del hechizo—. Si tenéis algún problema, o provocáis alguno, regresad al campus inmediatamente. ¿Entendido?
Todos le aseguramos que solo queremos pasar un fin de semana tranquilo y, después, atravesamos el portal. El universo tiene que concedernos al menos un fin de semana agradable antes de acabar de jodernos del todo.
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