Ansia (Serie Crave 3)

Tracy Wolff · Capítulo 138 de 171

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Ansia (Serie Crave 3)

134. Algo más que las emociones a flor de piel

134

Algo más que las emociones

a flor de piel

Diez minutos después estoy mirando a través de la ventana de la tienda en la que Remy quiere que entre. No lo creo.

—Prefiero los clubs de la lucha —le digo con los ojos muy abiertos.

—Ya, bueno, esa es tarea de Hudson. Esta es la tuya.

Niego con la cabeza.

—Pues nos las cambiamos.

Se ríe, el muy capullo. Se parte de risa, incluso mientras intenta guiarme hacia la puerta.

—Me temo que las cosas no funcionan así.

—Tío, no pienso hacerme un tatuaje.

—Tienes que hacerlo.

—¿Perdona? —Lo fulmino con la mirada—. Esa decisión me corresponde a mí, no a ti.

Suspira.

—No estoy intentando obligarte a hacer nada. Pero, si quieres que salgamos todos de este lugar, este es el único modo que conozco de hacerlo.

—¿Con un tatuaje? —pregunto con escepticismo.

—Con uno de los tatuajes de Vikram —responde mientras me abre la puerta—. Tengo una teoría.

—Y ¿voy a tatuarme por una teoría?

—Te va a tatuar uno de los brujos más poderosos de la fosa por una teoría. —Me guiña el ojo—. No es lo mismo.

—¿Entonces...? —pregunto.

—Llevo pensando en esto desde que me metiste en la pesadilla de Hudson. Tú puedes canalizar la magia, ¿verdad?

—Ya sabes que sí. —Echo un vistazo al lugar, que parece más una peluquería exclusiva que un estudio de tatuajes corriente. Tampoco es que haya estado en muchos, pero, a menos que todas las películas mientan, por no hablar de todos los sitios de tatuajes por delante de los que he pasado con el coche, este en concreto es realmente cursi. Lo cual tampoco es que sea malo, decido cuando la recepcionista de pelo verde y dorado nos ofrece agua con pepino mientras esperamos—. Pero no puedo usar tu magia de la misma forma en que lo haces tú. Solo puedo canalizarla.

Asiente.

—Ya. Creo que es porque no estás hecha para albergar magia, de modo que te abandona en cuanto la recibes. Eres un conducto.

En fin, ¿a quién no le encanta que la comparen con un cable eléctrico?

Aunque he de admitir que tengo curiosidad por saber adónde quiere ir a parar.

—Digamos que estoy de acuerdo con eso. ¿Qué pinta un tatuaje en todo esto?

—Los tatuajes de Vikram hacen toda clase de cosas. De modo que creo que con el tatuaje correcto puedes absorber mi magia, incluida aquella a la que nunca he podido acceder, y contenerla en el tatuaje. Entonces puedes

volver a enviármela, libre de las restricciones mágicas de la prisión. —Hace una pausa mientras asimilo su idea. Después se inclina hacia delante y no sé si es a mí o a sí mismo a quien está intentando convencer cuando dice—: No sé quién era mi padre, pero mi madre solía contarme un cuento sobre que él me dio el suficiente poder como para abrir un agujero en esta cárcel.

Para echarla abajo cuando estuviera preparado.

Me remonto a ese minuto en que lo agarré de la muñeca por primera vez.

Tenía poder, pero no mucho. ¿Acaso simplemente estaba oculto para mí?

—¿Es así como salimos?

Niega con la cabeza.

—No lo sé. Pero sé que, cuando me das la flor, tienes un tatuaje en el brazo. Y puesto que no tienes ninguno ahora, debes de hacértelo en la fosa.

Y ¿para qué ibas a hacerte uno sino para liberar mi magia y que podamos salir?

—Entonces este tatuaje podría servirnos para salir de aquí o no. Lo único que sabes es que me lo hago. —Pienso en esto y suspiro. Quiero decirle que no voy a hacérmelo, pero ¿y si tiene razón y es nuestra única salida?

Detestaría joderlo todo por no querer mantener la mente abierta—. ¿Puede ser pequeño al menos? ¿Y en algún sitio donde mi tío Finn no lo vea?

Se echa a reír.

—Puede ser donde quieras, Grace. No creo que importe dónde lo vi.

Pero resulta que eso no es cierto, porque cuando Remy le dice su nombre a la recepcionista, esta abre los ojos sorprendida. Se disculpa un momento y corre a la trastienda. Segundos después la tatuadora sale a recibirnos, y mola mogollón. Probablemente tenga unos cincuenta o sesenta años, y luce el pelo corto y cano con dos trencitas con las puntas teñidas de azul de manera que parecen dos carámbanos. Lleva una camiseta de tirantes negra que muestra sus dos mangas de tatuajes, una con motivos de agua y otra de tierra, y son absolutamente hermosas.

—¿Remy? —pregunta—. ¿Eres tú?

—¿Sí? —Parece confundido—. Disculpe, ¿nos conocemos?

—Tu madre te trajo aquí cuando eras muy pequeño, demasiado como para que puedas recordarlo, supongo. —Le tiende la mano—. Soy Eliza.

Él la acepta.

—Soy... —Se pone colorado cuando se da cuenta de que está a punto de presentarse de nuevo, y caigo en que es la primera vez que lo veo tan perturbado. Me pregunto si es porque la mujer conocía a su madre o si es porque, por primera vez desde que estoy aquí, alguien sabe más sobre una situación que él.

Me señala.

—Esta es Grace.

—¿Grace? —dice y abre mucho los ojos—. Entonces esta es la chica que se enfrentó al aquelarre Nightbloom... y vivió para contarlo. He oído cosas buenas sobre ti, Grace.

Ahora es mi turno de sentirme incómoda.

—Ah... eh... gracias. Fue más suerte que otra cosa.

Se echa a reír.

—Tantas cosas en la vida lo son... —Nos indica que la acompañemos al fondo del establecimiento—. Venga, empecemos.

—Pero todavía no hemos elegido el diseño —protesto.

La mujer es muy guay y me encantan sus tatuajes, pero yo no quiero hacerme una manga entera que cubra toda la piel de mi brazo.

Al menos no en este momento.

Eliza parece confundida.

—Pero si ya he creado el diseño. La madre de Remy me pagó para que lo hiciera hace doce años, y dijo que tú aparecerías cuando fuera necesario.

He dado por hecho al verte que...

—¿Mi madre hizo eso? —pregunta Remy, y suena pasmado..., pero también conmovido de un modo que no parece ser capaz de procesar.

—Creo que siempre supo que algún día necesitarías que hubiera hecho eso —dice Eliza, y le da un apretón en el hombro—. Conocía a tu madre...

Le hice algunos tatuajes a lo largo de los años. Y si algo sé a ciencia cierta es que te quería, chico.

Remy traga saliva. Entonces susurra:

—Gracias.

—De nada. —Asiente bruscamente, como si hubiese agotado su cuota de sensiblería por hoy—. Bueno, ¿quién está lista para tatuarse?

—Yo —le digo, aunque estoy un poco nerviosa—. ¿Puedo al menos ver antes el diseño? —«Ya que soy la que va a llevarlo en la piel durante el resto de mi vida», implica mi tono.

—Pues... no. —Eliza sonríe—. Creo que debería ser una sorpresa.

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