Ansia (Serie Crave 3)

Tracy Wolff · Capítulo 20 de 171

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Ansia (Serie Crave 3)

16. Puedes correr, pero no esconderte

16

Puedes correr,

pero no esconderte

—Tengo que irme —murmuro, y salgo disparada por el pasillo con la esperanza de que Hudson simplemente me deje marchar. Lo que menos me apetece en estos momentos es ponerme a investigar mi alma.

Hasta este momento creo que aún pensaba que la situación se podía arreglar. Que Jaxon y yo volveríamos a estar juntos. Llevo toda la semana llorando la pérdida del vínculo, pero, con ruptura o sin ella, seguía pensando que encontraríamos la manera de arreglar las cosas. Qué tonta he sido.

Debería haber imaginado que el universo mágico se guardaba una putada más en la manga.

Ahora solo espero que Hudson deje que me vaya a mi cuarto a lamentar en la intimidad la pérdida de todo lo que Jaxon y yo tuvimos.

Pero parece que no lo pilla, porque empieza a caminar conmigo. Cómo no; ¿por qué iba a hacer lo que quiero que haga, aunque sea por esta vez?

Me tiemblan las manos y me esfuerzo por contener las lágrimas que amenazan con delatarme, de modo que espero a que me pregunte qué me pasa o, peor, si estoy bien. Pero no lo hace. Solo camina en silencio a mi lado hasta que por fin dice:

—Entiendo que la noticia haya sido un mazazo, Grace. Pero ¿en serio te sorprende que el blandengue de mi hermano no fuera capaz ni de establecer un vínculo como Dios manda?

Dejo de caminar y me vuelvo lentamente hacia él. La furia sustituye la desesperación que se me estaba tragando entera.

—¿Me estás hablando en serio? ¿Es que no tienes ni la más mínima compasión?

Parece aburrido de nuevo.

—Soy un vampiro. La compasión no va con nosotros.

Lo miro con los ojos entrecerrados.

—Como sigas así voy a convertirte en un puñado de rocas.

—Uy, qué miedo. —Agita las manos fingiendo tener pánico—. Ay, espera, ya he estado ahí, pero no me compré ninguna camiseta.

No sé si es por los ridículos gestos que hace con la mano o por la idea de ver a Hudson vestido con una camiseta de Vampires Rock, pero mi ira desaparece tan rápido como se había formado. Esta discusión es absurda.

Sin embargo, él no debe de pensar lo mismo, ya que parece estar totalmente ofendido, al menos hasta que miro en el fondo de sus ojos y lo que veo es satisfacción. Y entonces me doy cuenta de otra realidad más.

Hudson ha empezado esta pelea adrede. Sabía que estaba hecha polvo, que me estaba esforzando por no echarme a llorar en medio del pasillo. Y

todas sus insolencias y sus sarcasmos no se deben a que sea un capullo, sino a que estaba siendo amable, aunque seguro que preferiría morir antes que admitirlo.

No es la primera vez que lo hace, y probablemente tampoco sea la última. Pero tal vez uno de estos días dejaré de caer en su trampa. Solo tal

vez.

Aunque, bueno, puede que no.

Porque hay algo en ello, algo en los sarcásticos comentarios (por ambas partes) y en las riñas que a veces se parece mucho a... unos preliminares.

La sola idea hace que se me revuelva el estómago de nuevo y que se me formen nudos al mismo tiempo. Porque los preliminares son un montón de cosas: divertidos, excitantes, sexis, pero suelen llevar a otra cosa, a algo importante, y no sé muy bien cómo me siento respecto a eso. No cuando hace apenas una semana que Jaxon me rompió el corazón de nuevo... y tan solo unos minutos que me he enterado de que nuestra relación jamás podrá repararse.

Por fin llegamos a mi habitación, pero antes de correr dentro y lanzarle un «gracias por una noche tan rara» por encima del hombro, Hudson extiende la mano para detenerme.

—¿Estás bien? —pregunta con las cejas enarcadas y el antebrazo apoyado contra el marco de la puerta.

—Sí —le digo, aunque no sé si es verdad, con todas esas cosas extrañas sucediendo en mi interior, cosas que jamás habría pensado que sentiría como reacción a Hudson precisamente. Puede que sea mi compañero, pero también es mi amigo y, en este momento, esta postura no se parece en nada a la de un amigo—. Debería entrar —añado, y detesto que se me note que me falta el aliento. Y lo detesto más todavía cuando veo que sus pupilas se dilatan en respuesta..., solo que, al mismo tiempo, no lo detesto tanto.

—Vale. —Da un paso atrás—. Pero avísame cuando de verdad quieras obtener algunas respuestas.

—¿Respuestas a qué?

—A esas preguntas que no paramos de esquivar. No puedes esconderte siempre, Grace.

Se parece tanto a lo que he estado pensando antes, a lo que le había dicho a Macy, que me cabreo.

—No soy débil —le aseguro—. Soy capaz de soportar muchas cosas,

¿sabes?

—Eres capaz de soportar lo que sea. Nadie duda de ello y, si lo hacen, son idiotas, porque lo has demostrado muchísimas veces. Eres la persona más increíble que he conocido en mi vida. —Hudson no dice cosas que no piensa, y probablemente por eso me emocionan tanto sus palabras. Pero antes de que pueda ocurrírseme cómo responder, continúa—: Pero tienes tendencia a evitar los conflictos siempre que puedes.

—No tiene nada de malo no querer discutir —le digo.

—No. Pero sí lo tiene el esconderse de las cosas hasta que se hacen tan grandes que ya no puedes seguir ignorándolas. Es como esa gente que mete las facturas sin abrir en un cajón hasta que ya no caben más y, para entonces, su vida se ha convertido en un auténtico infierno. Sí, las cosas pueden estar mal, y de primeras no parece que haya ninguna solución fácil, pero al cabo de un tiempo, si esperas demasiado solo te quedarán elecciones difíciles que tomar.

Sus palabras me llegan a lo más hondo, y no puedo evitar pensar que se refiere a nuestro vínculo. No me ha dicho exactamente qué estaba investigando en la biblioteca, pero de repente tengo una pista. No me había parado a analizar demasiado cómo podría sentirse Hudson al ser mi compañero. No estaba preparada para enfrentarme a la respuesta que pudiera darme: tanto si era positiva o negativa. Pero, mientras yo estaba escondiendo la cabeza en la arena, él no lo hacía.

—Has dicho que estabas investigando sobre los vínculos —digo, y mi voz es apenas un susurro por encima de los fuertes latidos de mi corazón—.

¿Qué estabas intentando averiguar exactamente?

Me mantiene la mirada durante varios latidos antes de responder:

—Cómo romperlos.

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