Ansia (Serie Crave 3)
128. Ahora me matas, ahora no
128
Ahora me matas,
ahora no
Al principio creo que no me oye. No se mueve, no titubea, ni siquiera mira en mi dirección. Pero no pienso rendirme ahora. No cuando estoy tan cerca de llamar su atención... y él está tan cerca de autodestruirse.
—¡Hudson! ¡Para! —grito de nuevo.
Esta vez hace más que detenerse. Se vuelve hacia mí lentamente y poco a poco cae en la cuenta de que estoy dentro del sueño con él.
—¿Grace? —susurra—. ¿Qué estás haciendo aquí?
—Tranquilo —le digo, dirigiéndome hacia él—. Lo tengo todo...
—¡No! —me grita, y extiende la mano para detenerme—. No te acerques.
Suena tan angustiado, tan asustado, que me quedo petrificada a medio camino.
—Hudson, por favor. Deja que te toque.
—No puedo. —Levanta las manos y sin embargo las tiene empapadas de sangre aunque ni siquiera ha tocado a la otra Grace—. Te haré daño.
—No. —Niego con la cabeza mientras avanzo otro paso hacia él—. No lo harás. Eso es solo una pesadilla. No es real.
—Sí es real —dice, y la voz le tiembla de un modo como muy pocas veces lo hace—. Le hago daño a todo el mundo. Es a lo que me dedico. Es lo único que sé hacer.
—¿De verdad piensas eso? ¿O es lo que este lugar te está diciendo?
—Es la verdad. Maté a esas personas. Peor aún, hice que se mataran.
—Sí —admito—. Y fue algo horrible. Pero no todo fue culpa tuya, Hudson. También fue culpa de ellos.
—Fue todo culpa mía. Yo les arrebaté la libertad de decisión. Yo los obligué a hacer lo que hicieron...
—Porque creías que no tenías elección —le recuerdo—. Estaban haciendo algo espantoso. Iban a hacer daño y tal vez matar a todos esos críos. A destruir a todas esas familias. No sabías en quién podías confiar, así que hiciste lo que creías que debías hacer para detenerlos.
—Los obligué a matar a sus amigos mientras ellos se gritaban a sí mismos en su cabeza que pararan —susurra, y entonces continúa entre sollozos—: Pero no podían parar. No podían parar. No podían.
Antes de que se me ocurra qué más decir, la Grace acurrucada en el suelo empieza a gritar.
—¡Para! Por favor, Hudson, para. Por favor, no me hagas daño. No...
Entonces, él se vuelve y avanza hacia ella y sé que va a matarla otra vez.
Pero también sé que esta vez va a acabar con él, lo veo en sus ojos, lo oigo en esa angustia que ni siquiera se molesta en ocultar.
Lo siento en la tristeza que se extiende entre nosotros, como un vínculo a punto de deshilacharse.
Y sé que no puedo permitir que lo haga. Esta vez no. Nunca más.
De modo que hago lo único que se me ocurre, lo único que creo que podría llegar hasta él. Suelto la muñeca de Remy y dejo que salga de la
pesadilla. No lo necesito ahora que Hudson sabe que estoy aquí. Después atravieso la habitación y me interpongo entre la otra Grace y él.
—¡Lárgate de aquí! —me grita de nuevo con sed de sangre en los ojos y la compulsión ardiendo en su interior como un bosque en llamas—. No puedo controlarlo más tiempo.
—Pues no lo controles —le digo, y pego mi cuerpo al suyo—. Haz lo que tengas que hacer, Hudson. Porque no pienso alejarme. Ni de esto, ni de ti.
—Grace —gruñe con fuego en los ojos—. Grace, no.
—Tranquilo, Hudson. —Entierro los dedos en su pelo y me pego más todavía a él.
—No puedo... —dice de nuevo, y veo cómo la luz se refleja en sus colmillos—. No voy a ser capaz de... —Se interrumpe y entierra el rostro en el espacio sensible donde mi cuello y mi hombro se encuentran. Siento cómo lucha contra sí mismo; siento cómo intenta apartarse, alejarse. Pero también siento el calor en él, la necesidad... y la sed de sangre. Y sé que si me aparto ahora, irá a por la otra Grace, la Grace que esta pesadilla está usando como arma contra él, y sé que no sobrevivirá.
Ninguno de ellos sobrevivirá.
Y no pienso permitir que eso suceda. Este agujero me ha estado utilizando para hacerle daño desde el día en que llegamos...
Pero eso se termina aquí y ahora.
—Todo el mundo se arrepiente de algo, Hudson —digo mirándolo a los ojos—. Todo el mundo toma malas decisiones en un momento dado, decisiones difíciles, decisiones de las que se arrepentirá toda la vida. —
Durante un segundo pienso en mis padres—. La clave no está en intentar vivir sin arrepentirse, sino en intentar tomar siempre la mejor decisión posible en ese momento, porque el arrepentimiento va a venir después, te guste o no.
»Pero, si intentaste hacer lo mejor, en fin, es todo lo que se te puede pedir. —Hago una pausa e inspiro hondo—. Tranquilo —le susurro de nuevo, e inclino la cabeza hacia atrás y hacia un lado—. Quiero que lo hagas.
Lo intenta una vez más.
—Grace...
—Tranquilo, Hudson. Tranquilo.
Emite un gruñido grave y, acto seguido, se abalanza sobre mí.
Me muerde justo donde se marca el pulso, en la base de la garganta. Sus colmillos atraviesan mi piel limpiamente y se clavan en mis venas.
Lanzo un grito por lo súbito del movimiento y el instante de dolor, pero desaparece tan rápido como ha empezado. Entonces empieza a beber, y todo desaparece menos Hudson y yo y este momento...
Se mueve contra mí, buscando más, e inclino la cabeza hacia atrás para proporcionarle mejor acceso. Me pego más contra él para poder sentir cada parte de su cuerpo contra cada parte del mío. Me deleito con el modo en que sus manos me aprietan las caderas, con el modo en que su boca se vuelve cada vez más lenta conforme bebe y bebe de mí.
Durante lo que me parece una eternidad, me olvido de dónde estamos.
Me olvido de por qué estamos haciendo esto. Me olvido de todo y de todos, menos de Hudson y de cómo si no consigo sacarlo de esta es posible que nunca lo recupere.
Se mueve de nuevo, se aparta y gimo. Con voz entrecortada, susurro:
—Hudson, confío en ti.
Ataca de nuevo. Esta vez me clava los dientes más profundamente, y sofoco un grito. Me estremezco. Intento abrazarlo mientras continúa tomándome. Mientras toma lo que sea que tengo para darle, y entonces exige más. Lo exige todo hasta que me tiemblan las piernas, mi respiración se vuelve superficial y mis manos y mis pies se vuelven fríos como el hielo pese al calor que arde en mi interior.
Y aunque el placer me invade, me envuelve, una minúscula parte de mí es consciente: Hudson ha tomado demasiada sangre.
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