Ansia (Serie Crave 3)

Tracy Wolff · Capítulo 45 de 171

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Ansia (Serie Crave 3)

41. «C’est La Vamp»

41

C’est La Vamp

Mi teléfono por fin vibra a las tres de la madrugada después de una noche larga y angustiosa. En condiciones normales no lo habría oído, pero tampoco es que esté durmiendo mucho de todas formas.

Es Hudson.

Lo siento.

Foster nos ha quitado los móviles.

Me incorporo en la cama con el corazón a mil por hora y el teléfono en las manos. Por un segundo siento tanto alivio que no puedo respirar y tengo que preguntarme qué me está pasando. He conseguido eludir el ataque de pánico toda la noche, así que... ¿por qué lo tengo ahora que sé que todo va bien?

¿Liberación de tensión? ¿Alivio? ¿Miedo a que en realidad esté ocurriendo algo peor en lo que nadie quiere pensar y mucho menos hablar de ello?

Bajo los pies para poder sentir los fríos tablones de madera en las plantas. No es césped, desde luego, pero aquí en Alaska me vale. Inspiro

hondo unas cuantas veces, cuento hacia atrás desde veinte, me centro en el frío que invade los arcos y las bolas de mis pies.

Y estoy a punto de gritar de alivio cuando el pánico desaparece casi tan rápido como ha venido. O no era para tanto esta vez o por fin estoy cogiéndoles el tranquillo a estas cosas. Sea lo que sea, me vale.

Agarro el móvil de nuevo y le respondo a Hudson.

¿Qué ha pasado?

¿Estáis bien?

¿Acabáis de salir?

No me puedo creer que Foster haya tenido a los estudiantes en su despacho hasta las tres de la madrugada. Seguro que eso no es aceptable, ni siquiera entre paranormales.

Jaxon y yo nos hemos comido

una buena bronca.

Estoy bien. Me toca el campanario esta semana, pero bueno. Sí, tu

tío estaba inspirado esta noche.

¿El campanario?

Sí, con mis primos los murciélagos.

No es la respuesta que esperaba, y me quedo mirando la pantalla mientras me pregunto si los brujos son capaces de realizar lobotomías con las varitas, y si es por eso por lo que ha estado tanto rato en el despacho de mi tío.

¿Acabas de hacer un chiste malo?

Aparecen unos puntos suspensivos.

Puede.

A ver si te está dando algo.

Tienes una vena de maldad.

Lo sabes, ¿no?

¿Que si lo sé? Lo sé

y hago gala de ello.

No es verdad.

Solo estás rabiosa porque

te he robado el chiste.

No estoy rabiosa.

Ah, no, perdona. Solo

estás desviando el tema.

¿Cómo lo sabes?

Porque te conozco.

Me quedo parada durante varios segundos mirando el teléfono mientras asimilo la sencillez y la seguridad de esas tres palabras. Así como el hecho de que, después de haber vivido en mi cabeza durante cuatro meses, es verdad que me conoce, mejor que casi nadie. Puede que incluso mejor que yo misma.

Quizá por eso me quedo con los dedos paralizados sobre la pantalla, con la mente completamente en blanco, mientras decido qué contestarle.

Al final dejo el sentimiento en el aire y vuelvo a nuestra conversación anterior. Me digo que es porque no tengo nada que decir ante su aseveración, pero la verdad es que tengo demasiadas cosas que decir.

Y temo decir cualquiera de ellas.

Bueno, ¿qué es lo del campanario?

Estoy a cargo de la campana de la torre durante las próximas semanas.

Y de los timbres.

¿Los timbres?

Ah, ¿te refieres a las canciones? ¿Puedes elegir?

Puede, ¿por...?

Porque me muero por ver cómo reaccionaría la gente si empezase

a sonar Monster Mash.

¿Podrías ponerla?

Hudson no responde.

¿¿¿Podrías???

Sigo sin respuesta.

¿Holaaa?

Creo que la pregunta es: ¿lo haré?

¿Quieres que ponga la de Five

Little Pumpkins también?

Solo si es la versión de Disney.

Me envía el emoji de los ojos en blanco.

Pasan varios segundos y vuelvo a recostarme, preguntándome si habrá dado por zanjada la conversación. Pero justo cuando empiezo a pensar en escribirle a Jaxon de nuevo para asegurarme de que él también está bien, el móvil vibra otra vez.

¿Y tú? ¿Estás bien?

No soy yo la que se ha peleado

con tres lobos hoy.

Eso no ha sido una pelea. Ha

sido un mal día en la perrera.

Y eso no ha sido una respuesta.

Cómo no, se ha dado cuenta de que no he respondido. A Hudson no se le pasa ni una en lo que respecta a mí. Como siempre.

La mayoría de las veces es un grave inconveniente, pero otras... otras es agradable.

Estoy bien.¿Te has

enterado de lo de los vampiros

hoy en el comedor?

Acabo de pasarme las

últimas horas con ellos.

Menuda movida.

Y tanto.

¿Qué narices les ha pasado?

¿Por qué han hecho algo así?

Es una especie de rasgo

distintivo de la especie.

Ahora es mi turno de enviar el emoji de los ojos en blanco.

Ya sabes lo que quiero decir.

Ya.

Jaxon y yo no sabemos qué

puede haberlo provocado.

Siento una punzada en el estómago al ver que menciona a Jaxon.

Todavía no me ha devuelto los mensajes.

¿Qué va a pasar?

A uno de los vampiros más

jóvenes lo han echado.

Y el resto están castigados.

Menos tú.

Yo ya estaba castigado, por eso me ha puesto la tarea del campanario.

C’est la vie.

¿Y Jaxon? ¿También está castigado?

Contengo el aliento esperando a que conteste, pero no lo hace.

Al principio pienso que se habrá distraído con algo, pero cuando veo que los segundos se convierten en minutos, decido que debe de haberse quedado

dormido. Cosa que tiene sentido. Son casi las cuatro de la madrugada, y tenemos clase dentro de unas horas.

Me digo que yo también debería dormir, pero sigo con el móvil en la mano cuando me vuelvo hacia un lado por si decide volver a escribirme.

Estoy a punto de quedarme dormida cuando el teléfono vibra por fin.

Doy un brinco y casi se me cae al suelo. Pero esta vez no es Hudson.

Todo bien.

Ay, menos mal. Cojo el móvil y espero, con el corazón a mil por hora, a que diga algo más, pero no lo hace.

Al final, claudico y le escribo:

Me alegro.

¿Estás castigado?

No responde.

Pasan varios minutos y empiezo a cabrearme. Sé que las cosas han estado raras entre nosotros, pero no tiene por qué actuar así. No tiene que tratarme como si fuera una mierda cuando me he pasado casi todo el día preocupada por él.

Llega otro mensaje y se me acelera el corazón de nuevo. Desbloqueo el teléfono y veo que es Hudson otra vez.

Buenas noches, Grace.

Que no te muerdan los lobos...

Ja, ja, ja.

Eso jamás.

Buenas noches, Hudson.

Solo cuando dejo el móvil y me acurruco debajo de mi edredón rosa eléctrico, caigo en la cuenta de que no ha respondido a mi pregunta sobre Jaxon. Es como si supiera que ya he obtenido una respuesta.

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