Ansia (Serie Crave 3)

Tracy Wolff · Capítulo 29 de 171

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Ansia (Serie Crave 3)

25. Sigue el camino empapado de sangre

25

Sigue el camino

empapado de sangre

El resto del trayecto hasta la cueva de la Sangradora transcurre sin incidentes. Se avecina una tormenta, lo noto en la humedad del ambiente que nos rodea, de modo que avanzamos rápido, sin más paradas para descansar.

Compruebo las indicaciones de Jaxon mientras vuelo y, tal y como era de esperar, son muy exactas. Lo que significa que llegamos a nuestro destino más rápido de lo que pensaba, y cuando estamos en el terreno helado que está directamente encima de la cueva, yo comiéndome una barrita de muesli mientras Hudson se bebe su termo de sangre, no puedo evitar preguntarme si deberíamos esperar un poco antes de intentar entrar.

Es apenas mediodía, no sé si estará echándose una siesta... o tal vez disfrutando de un almuerzo especialmente fresco.

La sola idea hace que se me revuelva un poco el estómago al buscar la entrada a la cueva, pero las cosas son como son. Y puesto que este es ahora mi mundo, y sobre todo teniendo en cuenta que ya he tenido dos

compañeros vampiros a estas alturas, debo empezar a acostumbrarme a todo esto de que beban sangre. O, si no llego a acostumbrarme, al menos sentirme lo bastante cómoda para no traumatizarme cada vez que me los imagino alimentándose de seres humanos.

—La entrada está por aquí —anuncia Hudson señalando una pequeña abertura en la base de la montaña. Puesto que ya ha comenzado el deshielo, afortunadamente ya no queda oculta tras un gigantesco banco de nieve como lo estaba cuando vine con Jaxon y es mucho más fácil encontrarla y, lo que es más importante, acceder a ella.

Me acerco hasta él, me agacho y me preparo para entrar en la cueva.

—¿Listo? —pregunto por encima del hombro.

Pero Hudson extiende la mano para detenerme.

—Te olvidas de las salvaguardas. Si no las bloqueamos primero nos freirán vivos.

El terror me invade al darme cuenta de que tiene razón. Le paso mi teléfono y le digo:

—Jaxon me ha enviado instrucciones de cómo eliminarlas aquí.

Hace unos cuantos movimientos complicados con las manos y después me coge las mías y dice:

—Venga, acabemos con esto.

Tira de mí hacia él y atraviesa conmigo la entrada de la cueva. No me suelta ni por un momento la mano mientras empezamos a descender el empinado y resbaladizo sendero que nos llevará a la antecámara de la anciana. Me esperaba ver el mismo camino largo, complicado y ligeramente macabro de la última vez, pero en esta ocasión es distinto.

Porque en cuanto giramos la primera curva la tenemos delante, esperándonos, con sus ojos verdes furiosos y el ceño fruncido.

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