Ciudad santa

Guillermo Orsi · Capítulo 1 de 56

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Ciudad santa

Orientación para el Turista

 

Jesucristo tiene su propio parque de atracciones en Buenos Aires

Buenos Aires (AFP).— Frente al Cristo crucificado en lo alto del Gólgota, el gentío no puede reprimir su admiración y algunos se persignan. No lejos de allí, soldados romanos vigilan, indiferentes a algunas campesinas de túnicas abigarradas que venden dulces orientales… es el parque temático Tierra Santa.

Aunque tan solo el calor podría recordar las costas del Jordán, al borde del Río de la Plata, en Buenos Aires, los creadores del parque temático religioso Tierra Santa recrean cada fin de semana un ambiente real para una Jerusalén de pasta de cartón.

Junto al aeropuerto de la capital argentina destinado a vuelos nacionales, este parque «único en el mundo», según sus creadores, está dedicado por completo a la religión, principalmente cristiana. Aunque en una superficie de siete hectáreas también se pueden encontrar una «mezquita» y una «sinagoga», el parque se centra en el cristianismo y la vida de Jesucristo.

El visitante es invitado desde su ingreso a asistir al nacimiento de Jesús en una puesta en escena que encontrará a lo largo de las «atracciones» de todo el parque.

Al fondo de una gruta, un pesebre de tamaño natural y resina de poliéster permite revivir la noche de Navidad junto a un buey, un burro y Reyes Magos articulados.

Por su parte, la Iglesia Católica dio su bendición al parque, el cual fue calificado por el arzobispo de Buenos Aires como un «lugar de enriquecimiento cultural y espiritual».

 

Cataratas, tango, bifes, glaciares y ballenas a precio de saldo Buenos Aires (Prensa Unida).— Las devaluaciones salvajes de su moneda son la herramienta con la que el poder económico realiza periódicamente su «toma de ganancias» en la Argentina. La de 2002 —que triplicó el valor del dólar norteamericano— enriqueció de la noche a la mañana a los exportadores de granos y atrajo a los turistas extranjeros como la miel a las moscas.

Un país con glaciares que se desmoronan oportunamente y que comparte con Brasil las cataratas más grandes del mundo, con ballenas saltarinas y con una ciudad capital de tono europeo, en la que se puede bailar el tango y comer la mejor carne de vaca alimentada a pasto y a cielo abierto es, qué duda cabe, un país a precio de saldo.