Segundo objetivo

Mark Frost · Capítulo 34 de 47

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Segundo objetivo

Capítulo 29

–Sólo él.

Grannit sacó las llaves del jeep. Bernie vio que Grannit pensaba entregárselas para que él condujera.

También vio que Grannit sabía que el sabía que Grannit pensaba en eso.

Grannit se guardó las llaves en el bolsillo y arrojó el cigarrillo.

–París -dijo.

29

Versalles 19 de diciembre En cuanto el general Eisenhower regresó al cuartel general aliado tras la reunión en Verdún, las fauces del equipo de seguridad que le protegía de los asesinos de Skorzeny volvieron a cerrarse.

No se le permitiría salir de nuevo del recinto protegido.

Aquella mañana aparecieron por primera vez en los periódicos estadounidenses titulares que hablaban de la «Batalla de las Ardenas», término que rápidamente pasaría a definir toda la ofensiva alemana. Puesto que el frente norteamericano continuaba deteriorándose, Eisenhower tomó la controvertida decisión de poner al mariscal de campo Montgomery al frente de la mitad septentrional de la batalla. Al hacerlo, transfirió la autoridad de dos grupos americanos que llevaban largo tiempo a las órdenes del general Bradley a un oficial británico que disgustaba, de forma casi unánime, a la cúpula del Estado Mayor estadounidense. Incapaz de comunicarse con sus generales en aquella parte del campo de batalla, Bradley ya estaba más que ocupado defendiendo el sector sur de las Ardenas mientras esperaba a Patton. Pese a ello, reaccionó con furia ante lo que percibía como una bofetada a su actuación e intentó presentar su dimisión. Eisenhower la rechazó, argumentando que los alemanes tenían

rodeadas las divisiones americanas en Bastogne. La lucha entraba en sus horas más decisivas y Bradley era imprescindible.

Hasta hacía muy poco, y durante muchos años, Bradley había sido el oficial superior de Eisenhower, por lo que su pérdida de autoridad fue un golpe difícil de digerir, sobre todo porque sabía que Ike compartía su antipatía hacia Montgomery.

Cuando Bradley accedió a quedarse, Eisenhower hizo gestiones para que le concedieran la cuarta estrella, como muestra de gratitud. Aunque Montgomery dirigió su nuevo cometido con eficacia, los conflictos que surgieron entre las cúpulas de los estados mayores casi lograron el objetivo de Hitler de romper la delicada alianza aliada. A lo largo de todo el proceso, Eisenhower guardó su compostura sobrenatural, contuvo a Montgomery y mantuvo ambos ejércitos unidos mediante su fuerza de voluntad y su discreción.

Tres horas antes del amanecer del 21 de diciembre, la 150 Brigada Panzer entró finalmente en combate en a las Ardenas bajo el mando de Otto Skorzeny. Tras comprobar que el plan de la Operación Greif -tomar los puentes del Mosa- nunca se materializaría, Skorzeny se presentó voluntario con su brigada para capturar mediante un ataque frontal la ciudad de Malmédy, donde los Aliados llevaban a cabo una defensa tenaz, aunque improvisada. Sus diez tanques, Panther alemanes camuflados como Sherman americanos, lideraron el ataque desde el sudoeste. No gozaron del beneficio de la sorpresa; desde hacía días, se esperaba un ataque en las Ardenas perpetrado por fuerzas alemanas camufladas como americanas.

Durante la aproximación, los tanques activaron un tendido de cables que iluminó el cielo nocturno con bengalas. Bajo la luz artificial, cañones americanos atrincherados en el extremo más alejado de un arroyo abrieron fuego y destruyeron cuatro de los tanques. Dos más fueron eliminados cuando vadeaban el arroyo.

Desde el amanecer hasta primera hora de la tarde, reagrupada bajo el mando de Skorzeny, la brigada se abrió camino hasta las afueras de la ciudad,