La espada y el bisturí
Capítulo 6
Treinta minutos después, el tribunal le había absuelto de todos los cargos… pero la sensación de cosa remota persistía.
Oía el murmullo de las voces… y comprendió que los periodistas se habían abalanzado sobre él en masa. Soportó sus preguntas pacientemente, lo mismo que se sometió a los fogonazos de las cámaras. Sabía que su mano había sido estrechada una docena de veces, que el puño de Hi Saunders estaba aporreando sus costillas en el júbilo de la victoria con un entusiasmo que parecía no ir a terminar nunca. Una voz se destacó de entre la baraúnda. Pudo ver que el que hacía la pregunta era Larry Kirk.
—¿Y qué hay de Hardin? ¿Presentará usted acusaciones contra él?
—No habrá acusaciones. No soy juez. Una autoridad más alta se encargará de eso.
Su mente se detuvo brevemente en Hardin mientras el policía militar le conducía a través de la multitud. Lo que le había dicho a Kirk era verdad; Jasper Hardin tendría que comparecer para ser juzgado, y el juicio sería pavoroso. Por el momento podía ocultarse detrás de la pantalla que siempre le había aislado de los demás. No habría persecución por parte de sus iguales. Pero nunca más se le confiaría a Hardin ningún mando; como castigo terrenal, este parecía apropiado.
—¿Y bien, muchacho? —dijo Hi—. ¡Qué inspiración la de Kay cuando solicitó la presencia del arzobispo!
De manera que era Kay la que había recordado en la hora decisiva el libro de confesiones. Abriendo sus ojos mucho por vez primera, Paul advirtió que estaba parado al aire libre, a un lado de la entrada del Palacio de Justicia que, gracias a Dios, se encontraba libre de periodistas y de cámaras fotográficas. Su cabello y su corbata, observó ausentemente, estaban revueltos después de cuanto lo habían zarandeado dentro. Mientras se arreglaba el uniforme, podía sentir su corazón inflamado, en una explosión de agradecimiento que amenazaba con saltarle los botones de la guerrera.
—¿Dónde está Kay, Hi?
—En la plaza de estacionamiento —contestó el abogado. Un convertible marrón, callejuela A, al final de la línea.
El final de una línea… pero el comienzo de otra.
FIN