Sin elección
47. No corras, que te vas a caer
47
No corras, que te vas a caer
Pasado el parque, cuesta arriba. Espera al muñequito verde, aún no, aún no…
¡Ya!
Gato en la ventana. Como una estatua. Solo se le mueve la puntita de la cola: izquierda, derecha, izquierda.
Hay que cruzar otra calle. No hay muñequito verde ni señora de la señal de stop; tendría que estar ahí…
Mira a los lados. Aún no, aún no…
¡Ya!
—No corras, que te vas a caer.
Buzón, farola, parada de autobús, banco.
Escuela grande (no es la mía, aún no).
Librería, tienda vacía y luego la mobiliaria, que es donde venden casas.
Ahora la carnicería, pájaros colgados del cuello en el escaparate; ojos cerrados con fuerza para no tener que ver los suyos mirándome.
Están muertos. Todos muertos.
Un muerto en el avión, lo ha dicho el señor de la radio. Papá hablaba para que yo no lo oyese, pero lo he oído. Lo he oído. Y ahora los pájaros me están mirando; los he pillado mirándome y me siguen mirando, me miran ahora que me acerco, y me da igual lo que diga mamá tengo que cerrar los ojos y tengo que correr todo lo deprisa que pueda porque si no los pájaros y los malos y papá bajo tierra y…
Pam.
Golpe.
Duele y está caliente y me escuece. Lágrimas en la cara. Sangre en la nieve.
La mobiliaria, luego la carnicería y… y…
¿Luego qué?
Está todo diferente. Oscuro, y lleno de nieve, y hay sombras en las puertas de las tiendas y no quiero pasar por delante. Me siguen mirando los pájaros con sus ojos negros como canicas como si les hubieran echado tinta por la cabeza. También hay conejos muertos, los he visto. Y los pies de los tres cerditos. Todos me están mirando desde la tienda. Me están esperando.
Tengo nieve en las pantuflas. Nieve por todas partes, en la bata, en el pijama.
Qué frío, qué frío, qué frío.
¿Ahora adónde?