Sin elección

Clare Mackintosh · Apéndice

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Sin elección

Agradecimientos

 

Como siempre, estoy enormemente en deuda con muchísimas personas, sin las cuales este libro no habría sido posible. Dos de mis lectores hicieron una donación a causas humanitarias a cambio de ver aparecer un nombre de su elección entre estas páginas: gracias a Tanya Barrow, cuya suegra, Patricia, es una auténtica aristócrata escocesa; y a Mike Carrivick, un antiguo empleado de Qantas que estuvo de servicio durante el primer vuelo de Londres a Sídney, en 1989. Tu muerte ficticia ha sido una muerte noble, Mike. Sus generosas donaciones fueron en favor de Aerobility, una magnífica asociación benéfica que da a las personas con discapacidad la oportunidad de aprender a pilotar. El trabajo que realizan es realmente revolucionario, y para mí fue un privilegio ayudarlos con su campaña de recaudación de fondos.

Le agradezco a Rhonda Hierons que compartiera conmigo sus experiencias con el trastorno de vinculación, y a varios amigos míos que me hayan hablado en detalle sobre el hecho de adoptar a una criatura. El impacto de empezar la vida en un entorno caótico, negligente o abusivo es profundo y duradero, y me admira que haya padres dispuestos a darles a esos niños un hogar seguro y feliz.

Habrá muchos pilotos, ingenieros aeronáuticos y auxiliares de vuelo con muchas ganas de hacerme ver mis errores en lo que respecta a configuraciones de cabina, diagramas de desvío, procedimientos de aterrizaje y muchas cosas más. Os derivo respetuosamente al departamento (ficticio) de atención al cliente de World Airlines, donde estarán encantados de atender vuestras reclamaciones. Yo, por mi parte, estoy tremendamente agradecida a la controladora aérea Charlotte Anderson y a varios especialistas en formación de personal de vuelo de Emirates: a Gillian Fulke, por sus consejos y su amplio conocimiento, y a Tony y a Athena, por darme la bienvenida a la Emirates Aviation Experience, donde mi hijo Josh y yo tuvimos la oportunidad de hacer aterrizar un B777 en el aeropuerto de Sídney en unas condiciones de vuelo exactas a las que Mina se encuentra en el libro. Varios pilotos de todo el mundo me han ayudado con mis investigaciones, y uno en concreto —quien me ha pedido permanecer en el anonimato— fue increíblemente generoso con su tiempo: me envió fotografías anotadas con la trayectoria de descenso exacta del avión de Mina, me describió un aterrizaje paso por paso y me respondió a numerosas preguntas acerca de una gran variedad de temas, desde cazas hasta los grados de nubosidad. Espero que sepa lo agradecida que estoy. Todas las equivocaciones que haya son mías, y su función, más que nada, es la de favorecer el desarrollo de la historia.

Gracias también a mi agente con vista de lince, Sheila Crowley, por avisarme de que el futbolista Jamie Crawford no podía estar de ninguna manera en un vuelo rumbo a Australia en un momento tan decisivo de la temporada, y a Graham Brown por confirmar que, aunque Jamie estuviera lesionado, se le exigiría que se quedase a apoyar al resto del equipo en los entrenamientos. En vista de todo eso, Jamie se retiró con elegancia del oficio entre el primer y el segundo borrador.

Sheila Crowley, de la agencia literaria y de talentos Curtis Brown, no solamente es una forofa del fútbol (y del rugby): también es una agente, mentora y estratega increíble, y una querida amiga mía. No hay nadie a quien preferiría tener de mi lado antes que a Sheila. También doy las gracias a Sabhbh Curran y a Emily Harris por su duro esfuerzo como parte de CB.

He tenido la fortuna de haber trabajado con la misma editora —Lucy Magaloni— desde que los derechos de mi debut novelístico fueron adquiridos en 2013. Es una mujer astuta y ambiciosa, que me empuja a superarme un poco más con cada libro, y eso es justo lo que a mí me gusta. Y ella solo es una parte del impresionante equipo de personas entusiastas y trabajadoras de Little, Brown Book Group, por quien tengo el gran honor de ser publicada. No hay espacio suficiente para mostrar mi agradecimiento a los miembros de los departamentos de diseño, ventas, marketing, contabilidad, publicidad, audiolibros… pero os aprecio a todos y cada uno. Debo otorgar un reconocimiento especial a Gemma Shelley, Brionee Fenlon, Kirsteen Astor, Millie Seaward, Rosanna Forte y Abby Parsons, y a Linda McQueen, correctora de estilo como hay pocas.

Gracias a Andy Hine, Kate Hibbert y Helena Doree del equipo del departamento de derechos, quienes con su esfuerzo colectivo han hecho llegar mis libros a los lectores de cuarenta países, y subiendo. Cuento con editores realmente excelentes en todo el mundo y me encanta ver cómo adaptáis mis libros a vuestros mercados.

Esto me lleva directamente al grupo de personas más importante de todos: los lectores. Tanto si habéis estado conmigo desde el principio o habéis empezado a leerme con este libro, si leéis libros electrónicos, libros prestados, audiolibros, libros de tapa dura, libros de tapa blanda, leéis un libro al año o leéis cien… gracias. Vosotros sois la razón de que pueda vivir de hacer algo que me encanta. Por favor, seguid dejando reseñas, seguid apoyando a las librerías independientes allá donde podáis, seguid utilizando las bibliotecas. Seguid leyendo. Si todavía no sois miembros de mi club de lectura, me encantaría veros por allí:

claremackintosh.com/jointheclub

Y por último, pero no por ello menos digno de mención —ni mucho menos—: gracias, Rob, Josh, Evie y George por soportarme.