Dones
IX. El sabio no posee nada, pero todo está al alcance de sus manos
IX. EL SABIO NO POSEE NADA, PERO TODO ESTÁ
AL ALCANCE DE SUS MANOS[*]
Los ratones han vuelto
les dejo
cortezas y piñones
en la encimera
de la cocina,
les dejo
invitaciones que a veces
ignoran,
experimentos
de leche y arándanos,
espelta
y semillas de calabaza.
Me agrada
tener
vecinos como estos:
no precisamente
invisibles
pero que van y vienen
entre su mundo
y el mío;
discretos
me gustan
sus modales
cuando atisbo
una cosa de un gris rojizo
a la que he
interrumpido
corriendo como flecha hacia el muro
no por miedo sino por
precaución
–una virtud
eminentemente animal–
lo que queda detrás
es una conjetura:
lo que esta huida sugiere
es cuánto prosperaría
el hombre
que se atreviera
a hacer su vida
en silencio,
sabio
discreto
fiel a su yugo.