Dones

John Burnside · Capítulo 28 de 46

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Dones

III. Nocturno

 

El último crepúsculo trepa por las paredes

del Ayuntamiento;

en Fleurs du Large,

hay guirnaldas navideñas

y luces de Navidad que encienden las hojas

de hiedra y abeto,

la ventanita

es un recuerdo

de la niñez

en el país de nunca jamás;

pero ahora están cerrando:

es tiempo de bares

o de la absoluta tranquilidad del hogar,

donde, con solo dar vuelta a la llave,

todo

cuanto ama los cuartos vacíos

—mota de polvo, ángel,

reloj de arena o juego de sombras–

se disipa, o desaparece,

cuando aprietas el interruptor

y algo,

no necesariamente la luz, sino

una narración de la luz,

un simulacro, dorado, complejo,

recomienza, igual que una

historia:

mesa, espejo,

ramo de rosas, fotografía.

En la rue de Saillé

un pequeño gingko se alza

sobre su propia

luminiscencia;

los faros

giran en la oscuridad

y se encuentran con las olas,

blancas sobre el agua,

luz de luna, azul cobalto,

la resplandeciente satsuma

o cereza

de las luces de emergencia,

el postrero malva de la tarde

ardiendo

en el horizonte: anochecer,

eternidad.