Dones
IV. Annonces
Vivir aquí es esperar mensajeros,
aunque siempre sea un misterio por qué los ángeles toman formas tan diversas: mechones de nieve en el umbral de la puerta, la huella de una hoja, el naufragado mañana que sopla por calles
donde la vida sigue: compras, recuerdos,
avenidas que cruzamos incoloros como cadáveres;
y ¿por qué no sucede nunca como
en los libros ilustrados: el categórico,
o tímido desconocido que se posa a los pies de la cama, la salpicadura del mar contra el vidrio, gatos y pájaros, cada quien a lo suyo, sobre la hierba enjoyada?
Bien pronto se olvidan nuestros nombres: mortinatos y ahogados y primos segundos a los que la marea arrastró,
y todo lo vivo ha de llenar ese espacio:
las fotografías, las piedras, los libros de sal,
las milenramas conservadas entre las páginas de una biblia.