Dones
V. Coyotes (Sonora)
Requiere imaginación no desear
alguna cosa, cuando la penumbra se puebla de voces;
pero ¿por qué, cuando llaman, yo quiero salir a toda prisa, dejando la puerta abierta, la lámpara encendida, la radio susurrando hasta dormirse
en el cuarto vacío?
El frío se cuela por las mangas de mi camisa: el frío desierto, sin dedos, del inmenso anochecer de la piel,
y aun así me apresuro hacia algún
epicentro, donde el ángel me espera,
tácito o real, para repetir su anunciación.
Nada puede decepcionarme, la luz comienza
y termina, yo me apresuro,
el desierto se esfuma y después reaparece
en cualquier sitio
–un soplo de viento; una hebra de verde–
y yo sigo caminando, mientras hierve la tetera, o hunden algo a control remoto;
las voces llaman desde el tiempo presente,
devolviéndome allí donde la mente deserta,
la nada del yo,
el aquí y ahora.